La muerte imaginada
Autora: Estela Parodi (Escritora)

 
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La enfermedad es el resultado no sólo de nuestros actos sino también de nuestros pensamientos.
Mahatma Gandhi


Jean Baptiste Poquelín (1622- 1673), quien aparecía con el seudónimo de Molière, fue un famosos dramaturgo y actor francés, que creó personajes teatrales que, hasta el día de hoy, siguen siendo conocidos por cualquier aficionado a la actuación. Sus obras aparecen burlescas aunque sin embargo poseen ciertos tintes patéticos, y sobre todo han trascendido por la gran calidad arquitectónica en la psicología de sus protagonistas. "El avaro", "El misántropo" o "Tartufo" muestran con un impresionante realismo, la no aceptación de defectos y miserias humanas y principalmente, los rasgos de la hipocresía. Pero tal vez la más famosa de sus "comedias" haya sido la última: "El Enfermo Imaginario" (1673), cuyo argumento gira alrededor de una persona que teme a la intervención de los médicos.
Molière caracterizó e inclusive interpretó este papel de un ser sano que sin embargo siente síntomas de enfermedad: un hipocondríaco. Pero ¿Qué es la hipocondría? ¿Existe en la vida real o sólo fue un producto de ficción de un gran comediante?
El miedo o la certeza a padecer cualquier tipo de enfermedad, derivada de ciertas impresiones que el cuerpo experimenta, se llama hipocondría. Puede despertarse por la aparición de un simple lunar hasta la sensación de una fuerte taquicardia, pero conduce al aquejado,- a pesar de que el médico no detecte nada importante-, a creer que sufre una grave enfermedad.
Este tipo de personas tiene un fervoroso terror a la muerte o al dolor, y esto es exclusivamente lo que los inclina a una desazón difícil de torcer en muchas ocasiones. Es precisamente ese terror el que los hace buscar por todo su cuerpo, algo que le demuestre que está adoleciendo de verdad. Ante el más mínimo indicio, que cualquier otra persona dejaría pasar por alto, los hipocondríacos exageran el malestar, y suman angustia y ansiedad, que empeoran los síntomas. Más se complica cuando acude al médico y no encuentran quién pueda detectar la verdad de su mal. Entonces se deprimen pues no solamente se sienten en total soledad con su problema sino que ni siquiera saben cómo harán para remediarlo.
La típica frase, "Es sicológico" que pronuncian muchas veces los médicos, resulta contraproducente y aumenta la crisis, pues él (o ella) entiende que nadie le cree. Y la verdad es que sí están enfermos, porque las enfermedades psicosomàticas son reales y pueden traer derivaciones graves. En cambio, es conveniente que el profesional utilice su sutileza para sugerirle que se someta a un tratamiento psicológico para ahuyentar los miedos y perder la costumbre de hacer tours por las clínicas. Tratamiento que no resulta fácil y que debe contar con la ayuda incodicional del paciente para llegar a buen término.
En el año 1673, cuando Molière escribió "El enfermo imaginario", no supo que había avanzado en un terreno tan complejo en tiempos en que aún no se hablaba de terapias, pero lo que menos pudo prever fue que, irónicamente, pocos días después del estreno y en plena función, se descompuso y murió horas más tarde, un 17 de febrero de 1673.