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Necesidades Específicas de Apoyo Educativo
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Diversidad Funcional por Trastornos Generales del Desarrollo

Algunas pinceladas

El trastorno generalizado del desarrollo o TGD está definido por el DSM-IV desde 1994 y se divide en cinco categorías:

  1. Síndrome autista (autismo de Kanner)
  2. Síndrome de Rett
  3. Trastorno desintegrativo de la infancia
  4. Síndrome de Asperger
  5. Trastorno generalizado del desarrollo no especificado

El DSM clasifica estos trastornos en la categoría de los trastornos del desarrollo desde la publicación del DSM-III, en 1981 (antes, los asimilaba a psicosis).

 

Podemos definir el TGD como un grupo de trastornos caracterizados por alteraciones cualitativas de las interacciones sociales recíprocas y modalidades de comunicación, así como por un repertorio de intereses y de actividades restringido, estereotipado y repetitivo. Estas anomalías cualitativas constituyen una característica pervasiva del funcionamiento del sujeto, en todas las situaciones.

 

Los trastornos generalizados del desarrollo (TGD) tienen en común una asociación de síntomas conocida con el nombre de "tríada de Wing", del nombre de la investigadora inglesa que probó mediante un estudio clínico y estadístico que esta asociación de tres categorías de síntomas aparecía más a menudo de la simple casualidad porque se trataba, en efecto, de un síndrome (conjunto de síntomas que actúan en conjunto). Son:

  1. trastornos de la comunicación verbal y no verbal
  2. trastornos de las relaciones sociales
  3. centros de interés restringidos y/o conductas repetitivas

La severidad de los síntomas varía de una persona a otra (de ahí la subdivisión actual en 5 categorías). Es variable en el transcurso de la vida, con una relativa tendencia espontánea a la mejora incluso en ausencia de una responsabilidad educativa específica, pero esta evolución espontánea favorable sigue en general siendo muy modesta salvo en las formas menos severas, y excluyendo el síndrome de Rett, cuya evolución neurológica es particular. Por tanto, es posible que varias personas que presenten dificultades de intensidad muy variables reciban el diagnóstico de TGD. De ahí la noción de "espectro autista" para designar la extensión de los trastornos característicos de los TGD.

 

La clasificación DSM-IV permite utilizar el diagnóstico de "trastorno generalizado del desarrollo no especificado" (TGD-NE) para dar cuenta de situaciones en que los trastornos no están presentes más que en dos de las tres categorías de síntomas, o hasta en una sola de los tres.

 

Necesidades Educativas Especiales

Son muy extensas y permanentes y se derivan de los tres grandes ámbitos anteriormente destacados y dependen, en gran parte, de las alteraciones o trastornos que acompañen.

 

  • En el ámbito de comunicación pueden ir del mutismo total con incompresión del lenguaje hablado y escrito y ausencia de mímicas congruentes al humor, a dificultades de comunicación que se engloban esencialmente en la comunicación verbal (en particular en el aspecto de la comprensión de los mensajes implícitos) y no verbal (comunicación gestual, expresiones del rostro) y en la adaptación al interlocutor. En estos casos, el vocabulario puede ser incluso preciso, hasta pedante, y el tono de voz o la entonación pueden parecer extraños, pero no son criterios obligatorios.
En este sentido, las necesidades se relacionan directamente con la mejora de su desempeño lingüístico y comunicativo y con la mejora en el ámbito cognitivo.

 

 

  • En el ámbito de la socialización , las alteraciones pueden ir desde la ausencia de búsqueda de contactos sociales (incluso para satisfacer necesidades fisiológicas como el hambre), hasta situaciones en las que la persona intenta tener amigos pero no sabe cómo hacerlo, o bien es una presa fácil de la picardía de los otros, debido a una gran ingenuidad (muy superior a la que se podrían esperar en una persona de la misma edad y CI similar).

En este ámbitos, las necesidades se centran en la fomento del desarrollo de habilidades sociales y comunicativas e interactivas con los iguales y los adultos. Por su parte, también existe la necesidad de fomentar la mejora de la percepción, de forma que esta sea una fuente de conocimiento del contexto que le rodea y no se conciba como defensa del mundo exterior o huída de estímulos.

 

  • Finalmente, en los centros de interés restringidos y las conductas repetitivas pueden variar también, desde situaciones en las que la persona no se va a ocupar más que de conductas repetitivas y no funcionales (actividad de recuento, estereotipias gestuales, tics, muecas, deambulación, etc.) hasta perseverancias, dificultades en abordar otros asuntos de conversación aparte de los centros de interés de la persona, o compulsiones, obsesiones que pueden evocar a primera vista un trastorno obsesivo-compulsivo. En las formas menos severas de TGD sucede que la persona afectada se dé cuenta del carácter fuera de lo común de sus centros de interés, y desarrolla estrategias para disimularlos, o disminuir el impacto sobre su vida social.

Aquí las necesidades están más relacionadas con el control y reducción de las autolesiones, el aleteo reiterativo de brazos y manos, hiperactividad, estereotipias, etc. así como en la regulación de la conducta.

 

No es excepcional encontrar a varias personas afectadas de trastornos generalizados del desarrollo a diferentes grados en una misma familia.

 

Respuesta Educativa

La actividad escolar ha de estar rigurosamente planificada, ya que los alumnos y alumnas con TGD requieren ambientes muy estructurados. La respuesta educativa ha de tener en cuenta los siguientes pasos:

 

 

  • Detección . En este proceso intervienen distintos profesionales para determinar cuál es el síndrome, sus habilidades, competencias y necesidades.

 

 

 

 

  • Escolarización

 

 

Los profesionales de la educación, previa evaluación psicopedagógica, dictaminan cuál es la modalidad de escolarización más adecuada en cada caso.

 

 

Dentro de las distintas posibilidades de escolarización, las aulas estables en centros ordinarios son, probablemente, una de las opciones más normalizadoras que permiten la atención individualizada y específica que este alumnado requiere.

 

 

 

  • Adaptación del currículo

 

 

El profesorado evalúa las competencias curriculares del niño o niña con TGD y determina, basándose en el currículo, cuáles son las adaptaciones en los objetivos y contenidos y las opciones metodológicas más adecuadas.

 

 

 

  • Intervención especializada:

 

Se necesita la atención coordinada de diferentes profesionales, tanto en el ámbito educativo como en el de salud: logopeda, psicólogo o pedagogo, fisioterapeuta, neurólogo y psiquiatra.

 

 

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