| El papel es un material con el que
convivimos desde hace más de dos mil años y,
desde que lo descubrieron los chinos, ha sido un vehículo de
progreso para la humanidad. El consumo de papel y cartón actúa
como índice de desarrollo de un país, ya que es un producto
ligado a la cultura, la educación, la comunicación, el comercio,
el transporte, la sanidad, la higiene, etcétera. En los últimos
treinta años, el consumo de papel creció una media cercana al 6
por ciento anual en los países en vías de desarrollo y de algo más
del 2 por ciento en los países desarrollados. Es precisamente en
estos últimos donde se ha comenzado a reciclar el papel y el cartón
consumidos de forma masiva.
En la Unión Europea hay unas doscientas
fábricas de celulosa y cerca de mil fábricas de
papel y cartón, con una capacidad de producción global
de alrededor de 40 millones de toneladas de pasta y 85 millones de
toneladas de papel y cartón. Durante los últimos años, la tala
indiscriminada de árboles con destino a la producción papelera
constituyó un grave problema ecológico que se intentó paliar
desde pequeñas actuaciones de reciclaje experimental hasta el
propio reciclaje industrial actual.
El papel, una vez consumido, es recogido por
las empresas de recuperación que lo acondicionan a través de
procesos de clasificado y enfardado. Tras la recuperación, las fábricas
lo consumen reciclándolo, de nuevo, en papel.
Con el reciclaje se alarga la vida útil
de la pasta de celulosa y se produce todo un ciclo de
aprovechamiento de las fibras; en este ciclo, es imprescindible la
aportación permanente de fibra virgen para mantener las características
del papel.
La mejoría experimentada en la actualidad no
puede ocultarnos que la recuperación de papel en España aún
tiene que aumentar significativamente: todavía no se han
alcanzado los objetivos previstos en el Plan Nacional de Residuos
Urbanos, pero la tendencia creciente de los porcentajes de
recogida se incrementará en los próximos años. Esto permitirá
albergar la razonable esperanza de que se alcanzará el objetivo
previsto del 75 por ciento a finales del 2006, siempre que las
administraciones, asociaciones y ciudadanos colaboren para este
fin.
España debe aumentar en los próximos años
sus tasas de recuperación y reciclaje de papel usado. Para este
propósito, existe un marco legal, técnico y financiero pero
todas las administraciones, los sectores profesionales e incluso
el público en general tienen un papel a jugar si se quiere lograr
este objetivo.
¿Sabías que...?
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Un 15 por ciento del papel se queda sin reciclar debido
a distintas causas. Unas veces porque lo guardamos, como
ocurre con los libros, documentos y fotografías. Otras
porque se destruye como en el caso del papel higiénico, el
papel de fumar o el papel pintado.
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No se pueden tirar al contenedor azul –específico
de papel y cartón– papeles pintados, servilletas, papeles
de uso alimentario, papel térmico de fax, sobres con
ventanas transparentes, papel encolado o encerado y, en
general, papeles que tengan algún tratamiento que contamine
la pasta de papel.
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La industria papelera española recicló en
el año 2000 más de 3,8 millones de toneladas, un 70 por
ciento más que hace diez años. Además, la tasa de
utilización de papel recuperado en 1998 fue de un 80,9 por
ciento.
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