Las moléculas, átomos o iones que constituyen
la materia por un lado se unen entre sí por las llamadas fuerzas
intermoleculares y, por otro lado, tienden a separarse por la temperatura.
La intensidad de las fuerzas intermoleculares es la que determina el estado
de agregación de las sustancias.
Cuando las fuerzas intermoleculares
son muy intensas, las moléculas están muy unidas entre sí, apenas pueden moverse,
sólo vibrar, y, entonces, la forma y el volumen de la sustancia no pueden cambiar:
nos encontramos ante un sólido.
Si las fuerzas intermoleculares son algo más débiles, las moléculas aunque juntas, pueden moverse deslizándose una sobre otra, igual que canicas que estuvieran en una caja. El volumen de la sustancia no puede cambiar, ya que las moléculas se tocan unas a otras, pero sí cambia su forma: se trata de un líquido.
Cuando las fuerzas
intermoleculares son muy débiles, las moléculas ya no se encuentran
unidas sino separadas unas de otras, moviéndose libremente. La forma de la sustancia
cambiará fácilmente, pero además, como las moléculas pueden separarse o juntarse
libremente, también cambiará su volumen: se trata de un gas.