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La incineración consiste en la acción de quemar los residuos en hornos especiales, mediante un proceso de combustión controlada. La combustión transforma los residuos en cenizas, escorias y gases. La incineración no es por tanto un sistema de eliminación completo ya que exige un sistema complementario de tratamiento para los restos de la combustión, lo que se traduce en la existencia de un vertedero y de sistemas costosos de control de emisiones de gases. Además, debido a la heterogeneidad de los residuos la temperatura de los hornos no es constante, con lo que ha de ser mantenida de forma artificial (mediante fuel), disminuyendo la eficacia de la incineración. Hay dos tipos de incineradoras: con recuperación de energía y sin recuperación. Las del primer tipo aprovechan el poder calorífico generado en la combustión de los residuos para transformarlo en energía. De lo dicho hasta ahora, puedes deducir que la incineración no es el tratamiento idoneo para los residuos sólidos, ya que si bien tiene una serie de ventajas, tambien ofrecen una serie de inconvientes. A continuación se detallan: Ventajas - Se obtienen reducciones significativas en el volumen
y peso del material a verter en los vertederos. Inconvenientes - Altos costes de inversión y de explotación.
Por último, te detallamos de forma básica como funciona una planta de incineración
Los residuos llegan a la zona de recepción (1). De allí pasan al horno (2), donde son quemado a una temperatura que va de los 850 °C a los 1000 °C, esto garantiza que la combustión de los residuos y de los gases sea completa. Los gases son filtrados (3.4.5), para evitar emitir gases tóxico a la naturaleza. El rechazo de la combustión, se vierte en vertederos (6). |
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