|

Ella le respondía:
-Los Reyes se olvidan de los pobres como nosotros, y le entregan los regalos a las personas ricas.
-¿Pero, si son mágicos, que trabajo les cuesta?- preguntaba Toni extrañado.
-Tienes razón hijo.
Toni, sí que tenía la esperanza de que los Reyes cumpliesen su sueño, que era el de ir a la escuela. Imagínate, que todos los días le preguntaba al abuelo cuanto faltaba para Los Reyes Magos. Una de las veces, este le dijo que quedaba un mes y poco más, aunque él no sabía nada.
Pasaron treinta y un días, y Toni le preguntó a su abuelo:
-Abuelo, ya ha pasado más de un mes. ¿Qué me van a traer los Reyes?
-Pues no lo sé, los Reyes sabrán que traerte.
-Si abuelito-dijo Toni ilusionado.
|
|
En un pueblecito de África, vivía un niño de apenas seis años.
Era huérfano y vivía con su abuelo materno. Pasaban mucha hambre, no tenían alimento para comer. Tenían que desplazarse tres kilómetros para poder bañarse en un pequeño y estrecho río. No tenían con que vestirse, ni mantas para arroparse por las noches. Pasaban mucho frío. Cuando llovía, el agua se colaba por las pequeñas aberturas que tenían las chozas, ya que no estaban hechas de mezcla.
El sueño de Toni, era poder ir a la escuela, sentarse en un pupitre y escribir en una pizarra. Sin embargo, Toni, el niño de seis años, era el más feliz de todos los niños habidos y por haber. Se pasaba el día mirando un viejo y sucio libro, que le regaló su madre antes de morir.
El libro hablaba de los Reyes Magos, que iban llevando regalos a los niños de todo el mundo. Toni, desesperado por que le trajesen un regalo, le preguntaba a una anciana que vivía en el poblado si esos hombres le iban a traer un regalo a él.

|
El abuelo, sin saber que hacer corrió en busca de ramas de árboles, para hacer pelotitas saltarinas. Dentro de ellas colocaría diminutas piedrecillas que hicieran de sonajero. El quería que siguiera creyendo en los Reyes y en su magia.
A la mañana siguiente, era el día de Reyes, y como Toni esperaba, al despertarse recibió su regalo de Reyes envuelto en hojas de palmeras cruzadas formando un lazo.
Toni temblaba de la intriga y emoción que le recorría por todo el cuerpo. Por fin, había llegado el día en el que recibiría un regalo tal como había visto tantas veces en el libro que su madre le entregó. Las pelotitas cayeron cuando el lazo se abrió produciendo una agradable musiquita.
-¡Abuelo, abuelo, voy a estallar de alegría!
Ambos se abrazaron y el abuelo le contó:
-Quiero que sepas que los Reyes no se olvidan de los niños más pobres. El dinero no importa, importa el corazón de las personas y tú tienes un corazón enorme.
De repente, sonaron las campanas de la iglesia y todos corrieron hacia la plaza mayor para averiguar lo que sucedía.
Desde lo más alto de la torre se escuchaba una voz que decía:
Os he convocado para que sepáis que:
¡Se ha aprobado la construcción de una escuela con el dinero de las ONG!
-¡Viva!- gritaron todos los niños que se encontraban allí
-¡ABUELO, ABUELO, SE HA CUMPLIDO MI SUEÑO!
-¡Sí hijo sí!, gracias a otras personas buenas que existen en el mundo que nos mandan dinero.
Todos, y sobre todo Toni, pudieron disfrutar de una preciosa escuela
¡FELIZ DÍA DE REYES A TODOS!

|