| En
el País Vasco sobrevive aún la leyenda de los jentillak
o gentiles, criaturas de una talla y fuerza descomunales
que habitan en simas y cavernas de las montañas.
Estas criaturas vivieron en Euskadi desde tiempos remotos y se les
considera autores de los dólmenes
que salpican no sólo la geografía vasca, sino buena
parte de la española y de la francesa. Se cuenta que podían
vivir cuatrocientos años y que los habitantes de Urdiaín
y Aya son sus descendientes directos.
Euskadi está lleno de topónimos
que recuerdan su existencia: el pico de Jentilbarata, los dólmenes
de Jentilletxek o los lugares de Jentillzulo, Jentilbatza, Jentillarriak,
Jentileioa...
Los jentilla descendían de los
basajaum o baxajaunak, gigantes magos y maestros
de otras razas que vivieron en el Paleolítico.
La supervivencia de los jentillak en tiempos históricos
no carece de refrencias. José M. de Barandiaran
cita en su Mitología Vasca la aparición de
los restos de un gigante de treinta pies
(¡más de ocho metros!) en las montañas de la
Narbonense francesa, en tiempos de Carlos VII (siglo XV), según
el cronista Fulgoso.
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Los
jentillak se refugian en los más remotos
rincones de las montañas, pero a veces
intervienen en la historia de los hombres.
Hay quien les atribuye la emboscada de
Roncesvalles, en el Pirineo navarro, donde
un ataque de los montañeses aniquiló
la retaguardia del ejército de Carlomagno.
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