| Para
la mitología
griega, los gigantes protagonizaron el alba del mundo. Nacidos de
Urano y Gea, el cielo y la tierra, se enfrentaron a su padre, librando
una lucha con los dioses que aparece representada en los relieves
del Partenón de Atenas (la Gigantomaquia).
Seis fueron los titanes, entre los que se encontraba Cronos, que
venció a su padre y gobernó el universo, y seis la
titánidas, que representaban las fuerzas de la naturaleza.
Entre los hijos de Urano y Gea, se contaban también los cíclopes,
de terrible aspecto, y los hecatonquiros, dotados con cien brazos
y cincuenta cabezas.
Otros gigantes nacieron de la sangre de Urano, derramada por su
hijo Cronos, o de otras de aquellas fuerzas primigenias implicadas
en la creación del mundo.
Los inmensos cuerpos de Encelado y Polibotes se transformaron tras
su muerte en las islas de Sicilia y Nisiros.
Gerión fue un gigante andaluz que alimentaba a sus bueyes
con carne humana. Herakles luchó con él para arrebatarle
sus animales en uno de sus famosos trabajos. La leyenda cuenta que
sus restos yacen bajo la Torre de Hércules, faro romano que
aún se levanta en la ciudad de A Coruña.
De Efialte y Otos se cuenta que, a los nueve años, superaban
los nueve metros de altura.
Argos tenía cien ojos y Talos era de bronce
La Odisea narra el encuentro entre Ulises y Polifemo, el gigante
devorador de hombres que ostentaba un único ojo en la frente
y al que el héroe griego cegó para poder escapar de
su isla.
También tropezó Ulises con los lestrigones, gigantes
antropófagos que habitaban Sicilia, y nos cuenta como su
rey, Antifastés, devoró a uno de sus hombres.
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