Una antigua leyenda de amores imposibles sirve de pretexto para justificar el extraño nombre de la peña que se eleva en el extremo sureste de la vega antequerana.
¿Qué efecto que causaría en nuestros antepasados la asombrosa forma de este cerro rocoso?
Aislado en la llanura, el inmenso rostro de piedra semeja la cabeza de un gigante convertido en montaña. Resulta fácil dejarse llevar por la imaginación, ponerse en el lugar de aquellos hombres que intentaban dominar el mundo a través de una magia que dotaba de alma a los bosques, los ríos o las montañas.
Nos encontramos, sin duda, en un lugar especial, el centro de una cultura desaparecida en el alba de los tiempos. |