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Cuando camina, da dos
pasos adelante y uno atrás, de manera que no se sabe si va o viene.
Y lo hace tan lentamente, que a menudo resulta imposible
distinguirlo de las hojas que lo rodean. Pero, de repente, dispara
una lengua tan larga como su propio cuerpo a tal velocidad que
resulta imposible apreciarla, capturando con su extremo -parecido a
una porra pegajosa- a un insecto que nunca sabrá quién se lo comió.
Se trata de un reptil,
antiguo como el mundo, pero tiene manos y cola prensil de mono para
trepar a los árboles en los que vive.
Para vivir entre las
ramas y cazar a distancia, nuestro animal necesita una vista
excelente. Y la tiene. Sus ojos se mueven independientemente y
sobresalen en su cara como periscopios que todo lo alcanzan.
Si, además, te contamos
que puede cambiar de color para confundirse con el terreno, nuestro
animal resulta realmente prodigioso.
Y, en toda Europa, sólo
se encuentra en una estrecha franja costera andaluza, en la que el
turismo amenaza con hacerlo desaparecer. Nosotros nos encontramos en
en medio de ella.
Comprenderás que no
podíamos quedarnos cruzados de brazos, así
que
decidimos que teníamos que hacer algo por este animal único, que
vive entre nosotros desde que podemos recordar.
En primer lugar,
conocerlo mejor. Buscamos libros y enciclopedias para aprender
cuanto fuera posible acerca de su comportamiento, ya que -aunque lo
vemos con frecuencia cuando aparece en medio de una calle o jardín-
su vida transcurre en el más absoluto secreto.
Después, estudiamos su
situación, pidiendo a la gente que nos comunicara sus encuentros con
camaleones y registrándolos en un plano de la zona.
Por último, realizamos
una campaña informativa, para que chicos y mayores tomaran
conciencia de la importancia de respetarlo y protegerlo. Realizamos
un folleto con lo que habíamos aprendido y lo repartimos en el
Colegio y en el pueblo. También hicimos carteles y pegatinas con
nuestros propios dibujos, que puedes bajarte pinchando sobre ellos
en esta misma página.
Con frecuencia, nos
entregan camaleones aparecidos en zonas urbanas, como el adulto de
la fotografía, que nosotros registramos y liberamos en lugares más
adecuados para su supervivencia.
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