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La Constitución Española fue
abrumadoramente apoyada por los españoles en el referéndum del 6 de
diciembre de 1978. Fue el resultado de un amplísimo consenso y está
plenamente integrada en la tradición democrática occidental. La
proclamación de los derechos fundamentales y las
libertades públicas, la división de poderes y la
soberanía popular son su núcleo esencial. Del pueblo español
emanan todos los poderes de un Estado social y democrático de
derecho, que adopta como forma de gobierno la Monarquía
Parlamentaria.
La gran novedad de la
Constitución de 1978 es el reconocimiento pleno de las
Comunidades Autónomas, que ha servido para avanzar en el proceso
de descentralización política y administrativa.
La Constitución de 1978 constituye un
hecho único en la historia del constitucionalismo español, ya que
por primera vez en nuestra historia puede hablarse de una norma
fundamental aceptada por todos y elaborada prácticamente por
todos, gracias a un espíritu de colaboración y consenso que
refleja a la sociedad española y rige su convivencia.
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