Zenobia Camprubí en la Escultura

Extraído de un artículo de María Pepa Parejo Delgado

Catedrática de Geografía e Historia I.E.S. Vicente Aleixandre. Sevilla.

 


 

 

Una de las fuentes de conocimiento que podemos utilizar para acercarnos a la personalidad de esta excelente escritora e independiente mujer es la creación plástica. En particular, nos decidimos por la obra artística en tres dimensiones por la sugerente expresividad que tiene en el rostro, el tacto, y el movimiento.

 

Las cuatro obras escogidas evocan tres momentos esenciales de la vida de Zenobia, el de su infancia, el de su juventud, y el de su madurez-regreso. Todas ellas están relacionadas con lugares, espacios simbólicos, de gran significado en su vida: Malgrat y Moguer.

 

Cronológicamente la primera es la escultura realizada por el artista catalán, Jordi Coll.

 

Los homenajes que la villa de Malgrat ha rendido a la esposa de Juan Ramón Jiménez han sido constantes desde su fallecimiento. En 1960 se le dedicó una calle. En 1987 en el transcurso de una tertulia literaria convocada por el anterior alcalde Josep Mora, el historiador local Joaquín Colomé hizo la propuesta de hacer un monumento que perpetuara su memoria. A partir de este momento y hasta su inauguración, la actividad no cesó en el taller de Jordi Coll. Se documentó leyendo las obras de Juan Ramón Jiménez, las traducciones que Zenobia hizo de Rabrindranath Tagore y observando las fotografías de la época.

 

Es una obra que adquiere su simbolismo en los descalzos pies que guardan celosamente el origen, la semilla, la infancia.

 

La obra representa a la escritora de cuerpo entero, sentada sobre una rueda de molino de piedra con los pies descalzos y con un libro de Juan Ramón en las manos. Zenobia escribe en su obra Malgrat “No muy lejos estaba el molino de viento cuyas escaleras subí sólo una vez creo, porque estaban sueltos o desvencijados muchos de sus escalones”. Contemplándola con más detalle los dedos asoman entre las páginas del libro. La lectura se convierte así en el nexo de unión del poeta y Zenobia que entre los trece y quince años escribió “Malgrat”, y un cuento titulado “A Narrow escape”. Una escapada milagrosa inspirado en las Guerras Carlistas.

 

La escultura está ubicada en el lugar donde Zenobia descansaba de sus juegos infantiles, el Campassol de Malgrat, hoy en día Parque Municipal, antaño, la villa rústica donde veraneó de niña. Este espacio fue el que inspiró a Zenobia su obra Malgrat y que describe con las siguientes palabras:

 

Me acuerdo que las vereditas estaban alfombradas de cascajo y que el jardín parecía un bosque de rosales. Internándose uno por él, se llegaba a dos laguitos separados por un puentecito arqueado sobre el cual me solía yo parar para ver los pescaditos rojos y verdes que nadaban en el agua. En uno de los laguitos había una islita y una cascada y detrás de la cascada en tierra firme ya, se levantaba una glorieta rústica”.

 

En la inauguración del monumento el 23 de abril de 1994 –día de San Jorge-, el profesor de Literatura Guillermo Vallejo recitó poemas de Zenobia y otros que ella tradujo del escritor hindú Tagore. María Luisa Capara de Nadal, hija de una íntima amiga de Zenobia recordó algunos pasajes de su infancia y la amistad de su madre con la escritora.

 

La segunda obra es un boceto en escayola dura policromada  titulada “Armonía de la tarde” de la que es autor Alberto Germán Franco.

 

Fue una de las obras presentadas al Concurso convocado por el Ayuntamiento de Moguer y la Fundación Juan Ramón Jiménez para la concesión del monumento a Zenobia Camprubí.

 

El artista concibe su obra como un análisis introspectivo de la personalidad de la escritora. Alberto piensa al inmortalizar a Zenobia, en la mujer independiente y triunfadora de los años de relación con Juan Ramón Jiménez. En la traductora de “La Luna Nueva” de Tagore donde incluye un Poema-Prólogo de Juan Ramón Jiménez como haría en las sucesivas traducciones de “El Jardinero”, “El Cartero del Rey y “La Cosecha” . En la escritora que adapta al teatro “El Cartero del Rey” estrenándolo en el Teatro Princesa de Madrid.  Un trabajo muy elogiado por la crítica. Por ello, el escultor viste a la modelo con un pañuelo a la cabeza como se adornaban las mujeres de los años veinte, independientes y dinámicas.

 

Una elegante disposición de sus brazos, que cruzan por debajo del pecho, y el interesante contraposto de la cabeza destacan la esbeltez de su sensual cuello y las formas redondas de su anatomía. Una postura natural, libre, sin prejuicios, propio de una mujer emprendedora que fue una de las primeras en conducir en España, en fundar el Lyceum Club Femenino con María de Maeztu, Victoria Kent e Isabel Oyarzábal, y en dirigir un establecimiento dedicado a la venta de artesanía española “Arte Popular Español”.

 

La textura rugosa de la escultura nos recuerda cómo la luz del cielo de Moguer hace resplandecer su cuerpo. Los palillos de modelar del escultor hechos con jara de la Sierra de Huelva dibujan una boca delicada, serena, jugosa y sonriente, en una expresión comedida nunca burlona o desaforada. Esta obra, que hoy forma parte de una Colección Particular, es un elogio a la Zenobia de la madurez, a la que conoció y amó Juan Ramón, la que compartió entre otros momentos la creación de esa obra siempre actual y sugerente “Platero y Yo”. Alberto utiliza el color para potenciar la expresividad y como un valor simbólico y estético al comparar el cuerpo de Zenobia con la sensación más agradable que la naturaleza inspiraba a Juan Ramón, el atardecer.

 

La tercera de estas obras es la visión de Salvador García, inspirada en una de las fotografías más difundidas de la traductora de Tagore.

 

Es un boceto en barro. Es un retrato fidedigno realizado casi con lupa. Zenobia está concebida para ser vista de frente y de perfil pues iba adosada a un relieve sobre Moguer idealizado e ilustrado con unos versos de Juan Ramón Jiménez. Salvador García representa a Zenobia en una figura de medio busto donde intenta, y creemos consigue ampliamente, trasladar al rostro y manos de la escritora, su capacidad de entrega al hombre que amó; una dependencia moral y espiritual que contribuyó a engrandecer al inestable Juan Ramón. El escultor nos comenta como después de leer la vida de Zenobia, se enamoró de ella, y fruto de ese impulso pasional, estimulo inagotable de su actividad creativa, la llevó al barro.

 

El rostro de Zenobia es de facciones menudas destacando su amplia sonrisa: una risa abierta digno reflejo de la simpatía arrolladora que atrajo a Juan Ramón que la definió como una mujer viva, alegre e intelectual. Una obra a la que tiene mucho cariño y que le recuerda su primera escultura, una mujer embarazada, inspirada en la ternura que le produjo contemplar la ingravidez de su esposa. La figura de Zenobia transmite el movimiento a través del vuelo de los paños y del contraposto del cuello que le ayuda a alzar su mirada creando una bellísima línea oblicua desde la frente al libro que sostiene entre sus manos.

 

La última de las obras que comentamos es el Monumento a Zenobia Camprubí de Moguer, inaugurado el 5 de junio de1999. Representa a Zenobia cuando vuelve de un largo viaje para descansar para siempre en el pueblo de su marido. Los autores son José Luis Rosado, Javier Diez, y Pablo Vallejo.

 

La figura central, Zenobia, tiene una altura de 1,85 metros. Es una mujer cosmopolita y viajera, como lo indica la maleta exquisitamente decorada que se agolpa junto a sus piernas, en donde se encuentran las firmas de los artistas. Es el reconocimiento de Moguer a la mujer que desde su boda con el poeta en 1916 se convirtió en el apoyo constante y decisivo de su labor creadora. Uno de los escultores José Luis Rosado explica que han intentado crear a la verdadera Zenobia, la mujer que compartió la vida con Juan Ramón en todos los sentidos. ¿Sólo tú, mujer mía, puedes ser tranquila estrella de mi tarde, estrella inquieta de mi amanecer?. Zenobia está tan presente en la obra de Juan Ramón que la identifica con la Poesía desnuda cuando dice “Yo soy más grande por ti que mi vida y que mi muerte: y quepo donde tú estás tan sola en ti misma”.

 

La escultura está flanqueada por diversos motivos escultóricos con los que los autores del proyecto han pretendido adaptar el conjunto a las características del espacio público donde se encuentra. Un lugar que Juan Ramón identifica en Platero y yo con la castañera “En sus ojos nuevos rojeaba a veces un fuego vivo, como en el puchero de Ramona, la castañera de la Plaza del Marques”.

 

Los escultores han apostado por un canon esbelto subrayando el bello contraposto de los brazos. El izquierdo  cruza en ángulo por debajo del pecho sujetando las obras completas de Rabindranath Tagore. El derecho cae suavemente sobre el muslo. Mirada penetrante con cejas algo fruncidas y pómulos salientes nos hacen entender la disposición aventurera e intelectual de una mujer inquieta y constante. Un espíritu dulce y emprendedor. El peinado en ondas ligeras de escaso volumen se recoge un moño al modo de las esposas de los emperadores romanos.

 

Cuatro lecturas plásticas de la personalidad de Zenobia Camprubí, una mujer que luchó por la igualdad, ejerciendo diversas actividades; la literatura, la promoción de obras de arte, y la empresarial. Una mujer de su tiempo inquieta y emprendedora, arriesgada y sensible, donde se mezclan la imaginación de sus primeras obras infantiles, con la seguridad y aplomo de la juventud, y la serena melancolía de la madurez. Los diversos materiales empleados en perpetuar su memoria delatan la luminosidad y brillantez de su espíritu, su inteligencia y gracia natural, y esa inquietante y sugerente búsqueda del ideal, que tanto atrajó y estimuló al poeta moguereño.


 

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