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Una de las fuentes de conocimiento que
podemos utilizar para acercarnos a la personalidad de esta excelente
escritora e independiente mujer es la creación plástica. En particular,
nos decidimos por la obra artística en tres dimensiones por la sugerente
expresividad que tiene en el rostro, el tacto, y el movimiento.
Las cuatro obras
escogidas evocan tres momentos esenciales de la vida de Zenobia, el de su
infancia, el de su juventud, y el de su madurez-regreso. Todas ellas están
relacionadas con lugares, espacios simbólicos, de gran significado en su
vida: Malgrat y Moguer.
Cronológicamente la
primera es la escultura realizada por el artista catalán, Jordi Coll.
Los homenajes que la
villa de Malgrat ha rendido a la esposa de Juan Ramón Jiménez han sido
constantes desde su fallecimiento. En 1960 se le dedicó una calle. En 1987
en el transcurso de una tertulia literaria convocada por el anterior
alcalde Josep Mora, el historiador local Joaquín Colomé hizo la propuesta
de hacer un monumento que perpetuara su memoria. A partir de este momento
y hasta su inauguración, la actividad no cesó en el taller de Jordi Coll.
Se documentó leyendo las obras de Juan Ramón Jiménez, las traducciones que Zenobia hizo de Rabrindranath Tagore y observando las fotografías de la
época.
Es una obra que
adquiere su simbolismo en
los descalzos pies que guardan celosamente el origen, la semilla, la
infancia.
La obra representa a la escritora de cuerpo
entero, sentada sobre una rueda de molino de piedra con los pies descalzos
y con un libro de Juan Ramón en las manos. Zenobia escribe en su obra
Malgrat “No muy lejos estaba el molino de viento cuyas escaleras subí
sólo una vez creo, porque estaban sueltos o desvencijados muchos de sus
escalones”. Contemplándola con más detalle los dedos asoman entre las
páginas del libro. La lectura se convierte así en el nexo de unión del
poeta y Zenobia que entre los trece y quince años escribió “Malgrat”, y un
cuento titulado “A Narrow escape”. Una escapada milagrosa inspirado en las
Guerras Carlistas.
La escultura está ubicada en el lugar donde
Zenobia descansaba de sus juegos infantiles, el Campassol de Malgrat,
hoy en día Parque Municipal, antaño, la villa rústica donde veraneó de
niña. Este espacio fue el que inspiró a Zenobia su obra Malgrat y
que describe con las siguientes palabras:
“Me acuerdo que las vereditas
estaban alfombradas de cascajo y que el jardín parecía un bosque de
rosales. Internándose uno por él, se llegaba a dos laguitos separados por
un puentecito arqueado sobre el cual me solía yo parar para ver los
pescaditos rojos y verdes que nadaban en el agua. En uno de los laguitos
había una islita y una cascada y detrás de la cascada en tierra firme ya,
se levantaba una glorieta rústica”.
En la inauguración
del monumento el 23 de abril de 1994 –día de San Jorge-, el profesor de
Literatura Guillermo Vallejo recitó poemas de Zenobia y otros que ella
tradujo del escritor hindú Tagore. María Luisa Capara de Nadal, hija de
una íntima amiga de Zenobia recordó algunos pasajes de su infancia y la
amistad de su madre con la escritora.
La segunda obra es
un boceto en escayola dura policromada titulada “Armonía de la tarde” de
la que es autor Alberto Germán Franco.
Fue una
de las obras presentadas al Concurso convocado por el Ayuntamiento de
Moguer y la Fundación Juan Ramón Jiménez para la concesión del monumento a Zenobia Camprubí.
El artista concibe
su obra como un análisis introspectivo de la personalidad de la escritora.
Alberto piensa al inmortalizar a Zenobia, en la mujer independiente y
triunfadora de los años de relación con Juan Ramón Jiménez. En la
traductora de “La Luna Nueva” de Tagore donde incluye un Poema-Prólogo de
Juan Ramón Jiménez como haría en las sucesivas traducciones de “El
Jardinero”, “El Cartero del Rey y “La Cosecha” . En la escritora que
adapta al teatro “El Cartero del Rey” estrenándolo en el Teatro Princesa
de Madrid. Un trabajo muy elogiado por la crítica. Por ello, el escultor
viste a la modelo con un pañuelo a la cabeza como se adornaban las mujeres
de los años veinte, independientes y dinámicas.
Una elegante
disposición de sus brazos, que cruzan por debajo del pecho, y el
interesante contraposto de la cabeza destacan la esbeltez de su sensual
cuello y las formas redondas de su anatomía. Una postura natural, libre,
sin prejuicios, propio de una mujer emprendedora que fue una de las
primeras en conducir en España, en fundar el Lyceum Club Femenino con
María de Maeztu, Victoria Kent e Isabel Oyarzábal, y en dirigir un
establecimiento dedicado a la venta de artesanía española “Arte Popular
Español”.
La textura rugosa de la escultura nos recuerda cómo la luz del cielo de
Moguer hace resplandecer su cuerpo. Los palillos de modelar del escultor
hechos con jara de la Sierra de Huelva dibujan una boca delicada, serena,
jugosa y sonriente, en una expresión comedida nunca burlona o desaforada.
Esta obra, que hoy forma parte de una Colección Particular, es un elogio a
la Zenobia de la madurez, a la que conoció y amó Juan Ramón, la que
compartió entre otros momentos la creación de esa obra siempre actual y
sugerente “Platero y Yo”. Alberto utiliza el color para potenciar la
expresividad y como un valor simbólico y estético al comparar el cuerpo de
Zenobia con la sensación más agradable que la naturaleza inspiraba a Juan
Ramón, el atardecer.
La tercera de estas obras es la visión de
Salvador García, inspirada en una de las fotografías más difundidas de la
traductora de Tagore.
Es un boceto en barro. Es un retrato fidedigno realizado casi con lupa. Zenobia está concebida para ser vista de frente y de perfil pues iba
adosada a un relieve sobre Moguer idealizado e ilustrado con unos versos
de Juan Ramón Jiménez. Salvador García representa a Zenobia en una figura de medio busto donde intenta, y creemos consigue
ampliamente, trasladar al rostro y manos de la escritora, su capacidad de
entrega al hombre que amó; una dependencia moral y espiritual que
contribuyó a engrandecer al inestable Juan Ramón. El escultor nos comenta
como después de leer la vida de Zenobia, se enamoró de ella, y fruto de
ese impulso pasional, estimulo inagotable de su actividad creativa, la
llevó al barro.
El rostro de Zenobia es de facciones menudas
destacando su amplia sonrisa: una risa abierta digno reflejo de la simpatía
arrolladora que atrajo a Juan Ramón que la definió como una mujer viva,
alegre e intelectual. Una obra a la que tiene mucho cariño y que le
recuerda su primera escultura, una mujer embarazada, inspirada en la
ternura que le produjo contemplar la ingravidez de su esposa. La figura de
Zenobia transmite el movimiento a través del vuelo de los paños y del
contraposto del cuello que le ayuda a alzar su mirada creando una
bellísima línea oblicua desde la frente al libro que sostiene entre sus
manos.
La última de las
obras que comentamos es el Monumento a Zenobia Camprubí de Moguer,
inaugurado el 5 de junio de1999. Representa a Zenobia cuando vuelve de un
largo viaje para descansar para siempre en el
pueblo de su marido. Los autores son José Luis Rosado, Javier Diez, y
Pablo Vallejo.
La figura central, Zenobia, tiene una altura
de 1,85 metros. Es una mujer cosmopolita y viajera, como lo indica la
maleta exquisitamente decorada que se agolpa junto a sus piernas, en donde
se encuentran las firmas de los artistas. Es el reconocimiento de Moguer a
la mujer que desde su boda con el poeta en 1916 se convirtió en el apoyo
constante y decisivo de su labor creadora. Uno de los escultores José Luis
Rosado explica que han intentado crear a la verdadera Zenobia, la mujer
que compartió la vida con Juan Ramón en todos los sentidos. ¿Sólo tú,
mujer mía, puedes ser tranquila estrella de mi tarde, estrella inquieta de
mi amanecer?. Zenobia está tan presente en la obra de Juan Ramón que la
identifica con la Poesía desnuda cuando dice “Yo soy más grande por ti que
mi vida y que mi muerte: y quepo donde tú estás tan sola en
ti misma”.
La escultura está flanqueada por diversos
motivos escultóricos con los que los autores del proyecto han pretendido
adaptar el conjunto a las características del espacio público donde se
encuentra. Un lugar que Juan Ramón identifica en Platero y yo con la
castañera “En sus ojos nuevos rojeaba a veces un fuego vivo, como en el
puchero de Ramona, la castañera de la Plaza del Marques”.
Los escultores han
apostado por un canon esbelto subrayando el bello contraposto de los
brazos. El izquierdo cruza en ángulo por debajo del pecho sujetando las
obras completas de Rabindranath Tagore. El derecho cae suavemente sobre el
muslo. Mirada penetrante con cejas algo fruncidas y pómulos salientes nos
hacen entender la disposición aventurera e intelectual de una mujer
inquieta y constante. Un espíritu dulce y emprendedor. El peinado en ondas
ligeras de escaso volumen se recoge un moño al modo de las esposas de los
emperadores romanos.
Cuatro lecturas
plásticas de la personalidad de Zenobia Camprubí, una mujer que luchó por
la igualdad, ejerciendo diversas actividades; la literatura, la promoción
de obras de arte, y la empresarial. Una mujer de su tiempo inquieta y
emprendedora, arriesgada y sensible, donde se mezclan la imaginación de
sus primeras obras infantiles, con la seguridad y aplomo de la juventud, y
la serena melancolía de la madurez. Los diversos materiales empleados en
perpetuar su memoria delatan la luminosidad y brillantez de su espíritu,
su inteligencia y gracia natural, y esa inquietante y sugerente búsqueda
del ideal, que tanto atrajó y estimuló al poeta moguereño. |