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El conocimiento
de Zenobia transformó en muchos sentidos la vida de Juan Ramón Jiménez. La
influencia del pensamiento de esta admirable mujer, a la vez independiente
y sumisa, de poderosa personalidad y frágil, fue determinante en muchos
aspectos en la visión del poeta.
Ni a Zenobia ni a su madre, Doña Isabel, les
gustaban los versos de Juan Ramón: les parecían insulsos y desprovistos de
acción e inútiles.
Cuando salió "Laberinto", en 1913, "Juan
Ramón se apresuró a darle un ejemplar a Zenobia. A ésta le disgustó el
libro, cuya sensualidad rayaba en lo erótico. En su opinión, Juan Ramón no
podía hacerle a nadie ningún bien con ese libro y aunque le parecía un
desacato que se lo hubiera prestado, consideraba mayor desacato que lo
hubiera escrito".
Sabemos que era una mujer con un sentido
muy práctico y contrapuesto al sentido ideal de la vida de Juan
Ramón. Por los testimonios que hay, la renuncia de Juan ramón a ciertas
dimensiones de su vida y de su poesía fue sincera y supuso una depuración
de su experiencia personal y de su creación literaria para aproximarse al
ideal de la mujer a la que amaba.
Graciela Palau afirma:
"Juan Ramón amó a Zenobia de un modo
profundo, apasionado que sólo su obra podía expresar. Por quererla cambió
el rumbo de su poesía, la depuró, se depuró y llegó al concepto de la
poesía desnuda".
Este
cambio comenzó con una hermosa historia de amor que, aunque con altibajos,
concluiría no con la muerte de Zenobia, sino con la de Juan Ramón que la
llevó en su corazón hasta el último instante de su vida.
Desde el principio de su matrimonio, Zenobia
fue una mujer sencilla, ocupada en las tareas del hogar y muy atenta a
todas las actividades culturales de su tiempo. Música, teatro, pintura,
ballet,... todo era del interés de Zenobia. Fue administradora,
secretaria, enfermera, relaciones públicas, ama de casa. Fue la artesana
del diseño de la vida del poeta. Si ella no hubiera organizado su vida, el
poeta hubiera caído en una de sus crisis infernales. Y este mundo no se
organiza sin un amor compartido.
Zenobia no fue la sombra luminosa de
Juan Ramón, Zenobia Camprubí fue su luz.
Ella perteneció a un marco social en el que
la mujer estaba relegada a un segundo plano. Muchas autoras y creadoras de
su época debían firmar sus trabajos con los nombres de sus maridos o
nombres ficticios si no querían que fuesen censurados.
Para muchos, Zenobia es el caso más
representativo de estas mujeres voluntariamente en la sombra. La imagen de
una Zenobia inteligente, culta, pero sobre todo alegre y fuerte,
"salvadora" del poeta perdido, evadido, empezó a construirse desde su
muerte y llegó a su extremo cuando Rosa Montero publica un artículo donde
aparece como una mujer cobarde que sacrifica su talento en aras de un
poeta genial.
Zenobia conocía muy
bien cuál era en aquel momento la posición de la mujer que escribía y
cuáles sus horizontes. Sabía que la única posibilidad que tenía de
escribir era seguir su diario, es decir, dedicarse a la faceta "privada"
de la escritura porque a la "pública" ya se dedicaba Juan Ramón. El es el
que escribe y ello impide que Zenobia pueda entregarse a otra actividad
literaria. Varias veces manifiesta su deseo de hacerlo, y no sólo por el
gusto de escribir, también para ganarse la vida. Pero nunca se decide.
Ella se ocupa de todo, de la salud física y
mental de poeta, de que sus artículos lleguen a tiempo a las revistas en
las que Juan Ramón colaboraba, de las excusas en caso de que no llegaran.
Ella estaba junto a él en su creación literaria y dentro de dicha
creación, que no hubiese sido la misma sin ella.
La propia Zenobia reconoció en uno de sus
diarios que sin ella "el pusilánime, hipocondríaco, depresivo y
neurasténico poeta se habría hundido en un pozo sin fondo (...), pero el
día en que juntó su destino con el mío, cambió ese fin. Después de todo,
yo soy en parte dueña de mi propia vida, y Juan Ramón no puede vivir la
suya aparte de la mía. Y yo no acabo de ver ningún ideal que valga el
arrojar una vida, pese a todo lo que se proclama. En esta empresa nuestra,
yo siempre he sido Sancho".
La
crítica ha reconocido siempre la importancia de Zenobia en la vida y la
obra de Juan Ramón Jiménez. |