Zenobia y Juan Ramón

Información recogida de las diversas ponencias del Congreso Internacional en Homenaje a Zenobia (Moguer 2001).

 


 

 

El conocimiento de Zenobia transformó en muchos sentidos la vida de Juan Ramón Jiménez. La influencia del pensamiento de esta admirable mujer, a la vez independiente y sumisa, de poderosa personalidad y frágil, fue determinante en muchos aspectos  en la visión del poeta.

 

Ni a Zenobia ni a su madre, Doña Isabel, les gustaban los versos de Juan Ramón: les parecían insulsos y desprovistos de acción e inútiles.

 

Cuando salió "Laberinto", en 1913, "Juan Ramón se apresuró a darle un ejemplar a Zenobia. A ésta le disgustó el libro, cuya sensualidad rayaba en lo erótico. En su opinión, Juan Ramón no podía hacerle a nadie ningún bien con ese libro y aunque le parecía un desacato que se lo hubiera prestado, consideraba mayor desacato que lo hubiera escrito".

 

Sabemos que era una mujer con un sentido muy práctico  y contrapuesto al sentido ideal de la vida de Juan Ramón. Por los testimonios que hay, la renuncia de Juan ramón a ciertas dimensiones de su vida y de su poesía fue sincera y supuso una depuración de su experiencia personal y de su creación literaria para aproximarse al ideal de la mujer a la que amaba.

 

Graciela Palau afirma:

 

"Juan Ramón amó a Zenobia de un modo profundo, apasionado que sólo su obra podía expresar. Por quererla cambió el rumbo de su poesía, la depuró, se depuró y llegó al concepto de la poesía desnuda".

 

Este cambio comenzó con una hermosa historia de amor que, aunque con altibajos, concluiría no con la muerte de Zenobia, sino con la de Juan Ramón que la llevó en su corazón hasta el último instante de su vida.

 

Desde el principio de su matrimonio, Zenobia fue una mujer sencilla, ocupada en las tareas del hogar y muy atenta a todas las actividades culturales de su tiempo. Música, teatro, pintura, ballet,... todo era del interés de Zenobia. Fue administradora, secretaria, enfermera, relaciones públicas, ama de casa. Fue la artesana del diseño de la vida del poeta. Si ella no hubiera organizado su vida, el poeta hubiera caído en una de sus crisis infernales. Y este mundo no se organiza sin un amor compartido.

 

Zenobia no fue la sombra luminosa de Juan Ramón, Zenobia Camprubí fue su luz.

 

Ella perteneció a un marco social en el que la mujer estaba relegada a un segundo plano. Muchas autoras y creadoras de su época debían firmar sus trabajos con los nombres de sus maridos o nombres ficticios si no querían que fuesen censurados.

 

Para muchos, Zenobia es el caso más representativo de estas mujeres voluntariamente en la sombra. La imagen de una Zenobia inteligente, culta, pero sobre todo alegre y fuerte, "salvadora" del poeta perdido, evadido, empezó a construirse desde su muerte y llegó a su extremo cuando Rosa Montero publica un artículo donde aparece como una mujer cobarde que sacrifica su talento en aras de un poeta genial.

 

Zenobia conocía muy bien cuál era en aquel momento la posición de la mujer que escribía y cuáles sus horizontes. Sabía que la única posibilidad que tenía de escribir era seguir su diario, es decir, dedicarse a la faceta "privada" de la escritura porque a la "pública" ya se dedicaba Juan Ramón. El es el que escribe y ello impide que Zenobia pueda entregarse a otra actividad literaria. Varias veces manifiesta su deseo de hacerlo, y no sólo por el gusto de escribir, también para ganarse la vida. Pero nunca se decide.

 

Ella se ocupa de todo, de la salud física y mental de poeta, de que sus artículos lleguen a tiempo a las revistas en las que Juan Ramón colaboraba, de las excusas en caso de que no llegaran. Ella estaba junto a él en su creación literaria y dentro de dicha creación, que no hubiese sido la misma sin ella.

 

La propia Zenobia reconoció en uno de sus diarios que sin ella "el pusilánime, hipocondríaco, depresivo y neurasténico poeta se habría hundido en un pozo sin fondo (...), pero el día en que juntó su destino con el mío, cambió ese fin. Después de todo, yo soy en parte dueña de mi propia vida, y Juan Ramón no puede vivir la suya aparte de la mía. Y yo no acabo de ver ningún ideal que valga el arrojar una vida, pese a todo lo que se proclama. En esta empresa nuestra, yo siempre he sido Sancho".

 

La crítica ha reconocido siempre la importancia de Zenobia en la vida y la obra de Juan Ramón Jiménez.


 

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