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Los pueblos antiguos consideraron sagrado al olivo e inventaron bellos mitos para explicarlo.
Algunos pensaban que el primer olivo que existió fue el que Hércules plantó en el Monte Olimpo, la morada de los dioses, al regreso de sus viajes a Occidente. Otros atribuyen la creación del olivo a una diosa. Cuenta la leyenda que se fundó una ciudad en Grecia y dos dioses pelearon por su patronazgo. El jefe de los dioses, Zeus, decidió conceder la ciudad al que creara la criatura más beneficiosa para la humanidad.
Uno de los dioses, Poseidón, hendió su tridente en una peña y de ella salió un hermoso caballo blanco. La otra diosa acarició la tierra que pisaba y brotó un olivo. Entonces Zeus la declaró vencedora y dio su nombre a la ciudad.
Los habitantes de aquella ciudad colgaban cintas y ofrendas de los acebuches sagrados y empleaban en sus rito religiosos el aceite obtenido de las aceitunas. Una vez hayas leído este apartado...
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