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| JOSÉ SARAMAGO | ||||
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BIBLIOGRAFÍA ORIGINAL |
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| BIBLIOGRAFÍA SOBRE JOSÉ SARAMAGO | ||||
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| TRADUCCIONES DE SARAMAGO AL ESPAÑOL | ||||
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| HAN DICHO DE ÉL... | ||||
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"Como Gunter Grass o Ces Nooteboom, Saramago aspira a enlazar con un público que desborde los límites nacionales." - Miguel García-Posada / El País "Con toda su habilidad de escritor que merece las máximas distinciones internacionales, Saramago reivindica algo que se halla muy lejos de nuestra era: la utopía de la fraternidad." - Luis León Barreto / La Provincia "Su idea de la literatura es la de un arte comprometido y global, capaz a la vez de integrar géneros y difuminar las fronteras entre estos sin caer en el caos, y de defender todos y cada uno de los resquicios de humanidad que alberga el individuo." - Juan Manuel González / Leer " Yo no sé, ni quiero saberlo, de dónde ha sacado Saramago ese diabólico tono narrativo, duro y piadoso a un tiempo, con algo de letanía bíblica y de nana infantil, que le permite contar tan cerca del corazón y a la vez tan cerca de la historia, y donde los afanes se ven casi siempre al trasluz de los afanes colectivos." - Luis Landero " Saramago ha bajado hasta las cavernas más profundas de la trastienda humana y nos ha prevenido de los males no sólo de la razón, sino de la sinrazón." - César Antonio Molina / Diario l6 " Convertido ya en uno de los grandes olvidados del Nobel, el escritor portugués José Saramago sigue dejando en evidencia al jurado del premio con nuevas demostraciones de calidad literaria y compromiso humano." - Manuel Mediavilla / Sur " La narrativa de Saramago aúna cualidades líricas y épicas, pero tampoco faltan en ella la crítica y la parábola de contenido, y una fertilidad imaginativa y temática que hace de su lectura un gustazo, así como un conocimiento de su suelo y sus gentes sin el cual no parece concebible esa novelística, tan histórica como contemporánea." -Fernando Quiñones"Tal vez Saramago tiene razón y hay que nombrar los buenos sentimientos para que no desaparezcan. En última instancia, quizás sea de nuevo la hora de la alegoría y necesitemos imaginar que apuramos el cáliz para volver a pensar en nuestra reforma." José Antonio Ugalde / El Mundo
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«La alegoría llega cuando describir la realidad ya no sirve. Los escritores y artistas trabajamos en las tinieblas, y como ciegos tanteamos la oscuridad.» «La vista es una metáfora de razón, es el único personaje que mantiene un sentimiento de amor, de solidaridad, el único que conserva su humanidad. Lo que realmente nos separa de los animales es nuestra capacidad de esperanza.» «El éxito a toda costa nos hace peor que animales.» «Yo no soy filósofo ni científico. No creo que haya un principio del mal ni del bien. Lo único que sé es que todo está dentro de nuestro cerebro.» «Ni el arte ni la literatura tienen que darnos lecciones de moral. Somos nosotros los que tenemos que salvarnos, y sólo es posible con una postura ciudadana ética, aunque pueda sonar a antiguo y anacrónico.» «Siempre hay un tuerto o un listo que nos gobierna.» «Es mentira que el Nobel sirva para fomentar la literatura del país al que pertenece el galardonado. Para lo único que vale es para engrosar la cuenta corriente del autor.» «A veces la literatura se parece a una operación de Bolsa. Las cotizaciones suben y bajan, y muchas veces dependen sólo de la promoción. No me gusta, me huele demasiado mal.» «Europa funciona como una empresa, en el sentido de que quien manda es quien tiene más acciones.» «Lo que me preocupa es la permanencia del hombre, en el planeta, la insistencia de la humanidad en vivir a pesar de todo. Lo que estoy buscando es lo que la historia no cuenta.»
"La alegoría llega cuando describir
la realidad ya no sirve. Los escritores y artistas trabajamos en las
tinieblas, y como ciegos tanteamos la oscuridad."
"Lo que realmente nos separa de los
animales es nuestra capacidad de esperanza."
"El éxito a toda costa nos hace peor
que animales."
"Yo no soy filósofo ni científico. No
creo que haya un principio del mal ni del bien. Lo único que sé es que
todo está dentro de nuestro cerebro."
''La vejez empieza cuando se pierde
la curiosidad."
"Ni el arte ni la literatura tienen
que darnos lecciones de moral. Somos nosotros los que tenemos que
salvarnos, y sólo es posible con una postura ciudadana ética, aunque
pueda sonar a antiguo y anacrónico."
"Siempre hay un tuerto o un listo que
nos gobierna."
"Es mentira que el Nobel sirva para
fomentar la literatura del país al que pertenece el galardonado. Para lo
único que vale es para engrosar la cuenta corriente del autor." "Como Gunter Grass o Ces Nooteboom, Saramago aspira a enlazar con un público que desborde los límites nacionales." - Miguel García-Posada / El País "Con toda su habilidad de escritor que merece las máximas distinciones internacionales, Saramago reivindica algo que se halla muy lejos de nuestra era: la utopía de la fraternidad." - Luis León Barreto / La Provincia "Su idea de la literatura es la de un arte comprometido y global, capaz a la vez de integrar géneros y difuminar las fronteras entre estos sin caer en el caos, y de defender todos y cada uno de los resquicios de humanidad que alberga el individuo." - Juan Manuel González / Leer " Yo no sé, ni quiero saberlo, de dónde ha sacado Saramago ese diabólico tono narrativo, duro y piadoso a un tiempo, con algo de letanía bíblica y de nana infantil, que le permite contar tan cerca del corazón y a la vez tan cerca de la historia, y donde los afanes se ven casi siempre al trasluz de los afanes colectivos." - Luis Landero " Saramago ha bajado hasta las cavernas más profundas de la trastienda humana y nos ha prevenido de los males no sólo de la razón, sino de la sinrazón." - César Antonio Molina / Diario l6 " Convertido ya en uno de los grandes olvidados del Nobel, el escritor portugués José Saramago sigue dejando en evidencia al jurado del premio con nuevas demostraciones de calidad literaria y compromiso humano." - Manuel Mediavilla / Sur
"A veces la literatura se perece a
una operación de Bolsa. Las cotizaciones suben y bajan, y muchas veces
dependen sólo de la promoción. No me gusta, me huele demasiado mal."
"Europa funciona como una empresa, en
el sentido de que quien manda es quien tiene más acciones." "Tal vez Saramago tiene razón y hay que nombrar los buenos sentimientos para que no desaparezcan. En última instancia, quizás sea de nuevo la hora de la alegoría y necesitemos imaginar que apuramos el cáliz para volver a pensar en nuestra reforma." - José Antonio Ugalde / El Mundo
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LA ISLA DESIERTA (Relato inédito) |
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Un hombre llamó a la puerta del rey
y le dijo, Dame un barco. La casa del rey tenía muchas más puertas, pero
aquélla era la de las peticiones. Como el rey se pasaba todo el tiempo
sentado ante la puerta
de
los obsequios (entiéndase: los obsequios que le ofrecían a él), cada vez
que oía que alguien llamaba a la puerta de las peticiones se hacía el
desentendido, y sólo cuando el continuo repiquetear de la aldaba de
bronce subía a un tono, más que notorio, escandaloso, impidiendo el
sosiego de los vecinos (las personas comenzaban a murmurar, Qué rey
tenemos, que no atiende), daba orden al primer secretario para que fuera
a ver lo que quería el impetrante, que no había manera de que se
callara. Entonces, el primer secretario llamaba al segundo secretario,
éste llamaba al tercero, que mandaba al primer ayudante, que a su vez
mandaba al segundo, y así hasta llegar a la mujer de la limpieza, que,
no teniendo en quien mandar, entreabría la puerta de las peticiones y
preguntaba por el resquicio. Y tú, qué quieres. El suplicante decía a lo
que venía, o sea, pedía lo que tenía que pedir, después se instalaba en
un canto de la puerta, a la espera de que el requerimiento hiciese, de
uno en uno, el camino contrario, hasta llegar al rey. Ocupado como
siempre estaba con los obsequios, el rey demoraba la respuesta, y ya no
era chica señal de atención al bienestar y felicidad del pueblo cuando
pedía un informe fundamentado por escrito al primer secretario, que,
excusado será decirlo, pasaba el encargo al segundo secretario, éste al
tercero, sucesivamente, hasta llegar otra vez a la mujer de la limpieza,
que opinaba sí o no de acuerdo con el humor con que se hubiera
levantado.Sin embargo, en el caso del hombre que quería un barco, las
cosas no ocurrieron así. Cuando la mujer de la limpieza le preguntó por
el resquicio de la puerta, Y tú qué quieres, el hombre, en vez de pedir,
como era la costumbre de todos, un título, una condecoración, o
simplemente dinero, respondió, Quiero hablar con el rey, Ya sabes que el
rey no puede venir, está en la puerta de los obsequios, respondió la
mujer, Pues entonces ve y dile que no me iré de aquí hasta que él venga
personalmente para saber lo que quiero, remató el hombre, y se tumbó
todo lo largo que era en el rellano, tapándose con una manta porque
hacía frío. Entrar y salir sólo pasándole por encima. Ahora bien, esto
suponía un enorme problema, si tenemos en consideración que, de acuerdo
con la pragmática de las puertas, sólo se puede atender a un suplicante
de cada vez, de donde resulta que mientras haya alguien esperando una
respuesta, ninguna otra persona podrá aproximarse para exponer sus
necesidades o sus ambiciones. A primera vista, quien ganaba con este
artículo del reglamento era el rey, puesto que al ser menos numerosa la
gente que venía a incomodarlo con lamentos, más tiempo tenía, y más
sosiego, para recibir, contemplar y guardar los obsequios. A segunda
vista, sin embargo, el rey perdía, y mucho, porque las protestas
públicas, al notarse que la respuesta tardaba más de lo que era justo,
aumentaban gravemente el descontento social, lo que, a su vez, tenía
inmediatas y negativas consecuencias en el flujo de obsequios.En el caso
que estamos narrando, el resultado de la ponderación entre los
beneficios y los perjuicios fue que el rey, al cabo de tres días, y en
real persona, se acercó a la puerta de las peticiones (...) Abre la
puerta, dijo el rey a la mujer de la limpieza, y ella preguntó, Toda o
sólo un poco. El rey dudó durante un instante, verdaderamente no le
gustaba mucho exponerse a los aires de la calle, pero después reflexionó
que parecía mal, aparte de ser indigno de su majestad, hablar con un
súbdito a través de una rendija, como si le tuviese miedo, sobre todo
asistiendo al coloquio la mujer de la limpieza, que luego iría por ahí
diciendo Dios sabe qué, De par en par, ordenó. El hombre que quería un
barco se levantó del suelo cuando comenzó a oír los ruidos de los
cerrojos, enrolló la manta y se puso a esperar. Estas señales de que
finalmente alguien atendería y que por tanto el lugar pronto quedaría
desocupado, hicieron aproximarse a la puerta a unos cuantos aspirantes a
la liberalidad del trono que andaban por allí, prontos para asaltar el
puesto apenas quedase vacío. La inopinada aparición del rey (nunca una
tal cosa había sucedido desde que usaba corona en la cabeza) causó una
sorpresa desmedida, no sólo a los dichos candidatos, sino también entre
la vecindad que, atraída por el alborozo repentino, se asomó a las
ventanas de las casas, en el otro lado de la calle.La única persona que no se sorprendió fue el hombre que vino a pedir un barco. Calculaba él, y acertó en la previsión, que el rey, aunque tardase tres días, acabaría sintiendo la curiosidad de ver la cara de quien, nada más y nada menos, con notable atrevimiento, lo había mandado llamar. Dividido entre la curiosidad irreprimible y el desagrado de ver tantas personas juntas, el rey, con el peor de los modos, hizo tres preguntas seguidas, Tú qué quieres, Por qué no dijiste lo que querías, Te crees que no tengo más nada que hacer; pero el hombre sólo respondió a la primera pregunta, Dame un barco, dijo. El asombro dejó al Rey hasta tal punto desconcertado, que la mujer de la limpieza se vio obligada a acercarle una silla de enea, la misma en que ella se sentaba (...) Mal sentado, porque la silla de enea era mucho más baja que el trono, el rey buscaba la mejor manera de acomodar las piernas (...) Y tú para qué quieres un barco, si puede saberse, fue lo que el rey preguntó (...) Para buscar la isla desconocida, respondió el hombre, Qué isla desconocida, preguntó el rey, disimulando la risa, como si tuviese enfrente a un loco de atar, de los que tienen manías de navegaciones, a quien no sería bueno contrariar así de entrada, La isla desconocida, repitió el hombre, Hombre, ya no hay islas desconocidas, Quién te ha dicho, rey, que ya no hay islas desconocidas, Están todas en los mapas, En los mapas, están sólo las islas conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el rey, ahora más serio, A nadie, En ese caso, por qué te empeñas en decir que ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla desconocida, Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no dármelo, Soy el rey de este reino y los barcos del reino me pertenecen todos, Más les pertenecerás tú a ellos que ellos a ti, Qué quieres decir, preguntó el rey inquieto, Que tú sin ellos eres nada, y que ellos, sin ti, pueden navegar siempre, Bajo mis órdenes, con mis pilotos y mis marineros, No te pido marineros ni piloto, sólo te pido un barco, Y esa isla desconocida, si la encuentras, será para mí, A ti, rey, sólo te interesan las islas conocidas, También me interesan las desconocidas, cuando dejan de serlo, Tal vez ésta no se deje conocer, Entonces no te doy el barco, Darás.Al oír esta palabra, pronunciada con tranquila firmeza, los aspirantes a la puerta de las peticiones, en quienes, minuto tras minuto, desde el principio de la conversación iba creciendo la impaciencia, más por librarse de él que por simpatía solidaria, resolvieron intervenir en favor del hombre que quería el barco, comenzando a gritar, Dale el barco, dale el barco. El rey abrió la boca para decirle a la mujer de la limpieza que llamara a la guardia de palacio para que estableciera inmediatamente el orden público e impusiera disciplina, pero, en ese momento, las vecinas que asistían a la escena desde las ventanas se unieron al coro con entusiasmo, gritando como los otros, Dale el barco, dale el barco. Ante tan ineludible manifestación de voluntad popular y preocupado con lo que, mientras tanto, habría perdido en la puerta de los obsequios, el rey levantó la mano derecha imponiendo silencio y dijo, Voy a darte un barco, pero la tripulación tendrás que conseguirla tú, mis marineros me son precisos para las islas conocidas. Los gritos de aplauso del público no dejaron que se percibiese el agradecimiento del hombre que vino a pedir un barco (...) Vas al muelle, preguntas por el capitán del puerto, le dices que te mando yo, y él que te dé el barco, llevas mi tarjeta. El hombre que iba a recibir un barco leyó la tarjeta de visita, donde decía Rey debajo del nombre del rey, y eran estas las palabras que él había escrito sobre el hombre de la mujer de la limpieza, Entrega al portador un barco, no es necesario que sea grande, pero que navegue bien y sea seguro (...) Cuando el hombre levantó la cabeza, se supone que esta vez iría a
agradecer la dádiva, el rey ya se había retirado, sólo estaba la mujer
de la limpieza mirándolo con cara de circunstancias. El hombre bajó del
peldaño de la puerta, señal de que los otros candidatos podían avanzar
por fin, superfluo será explicar que la confusión fue indescriptible,
todos queriendo llegar al sitio en primer lugar, pero con tan mala
suerte que la puerta ya estaba cerrada otra vez. La aldaba de bronce
volvió a llamar a la mujer de la limpieza, pero la mujer de la limpieza
no está, dio la vuelta y salió con el cubo y la escoba por otra puerta,
la de las decisiones, que apenas es usada, pero cuando lo es, es. Ahora
sí, ahora se comprende el porqué de la cara de circunstancias con que la
mujer de la limpieza había estado mirando, ya que, en ese preciso momento, tomó la
decisión de seguir al hombre así que él se dirigiera al puerto para
hacerse cargo del barco. Pensó que ya bastaba de una vida de limpiar y
lavar palacios, que había llegado la hora de mudar de oficio, que lavar
y limpiar barcos era su vocación verdadera, al menos en el mar el agua
no le faltaría (...) Andando, andando, el hombre llegó al puerto, fue al
muelle, preguntó por el capitán, y mientras venía, se puso a adivinar
cuál sería, de entre los barcos que allí estaban, el que iría a ser
suyo, grande ya sabía que no, la tarjeta de visita del rey era muy clara
en este punto (...) Un poco apartada de allí, escondida detrás de unos
bidones, la mujer de la limpieza pasó los ojos por los barcos atracados.
Para mi gusto, aquél, pensó, aunque su opinión no contaba, ni siquiera
había sido contratada, vamos a oír antes lo que dirá el capitán del
puerto. Después se remangó las mangas y se puso a lavar la cubierta. Cuando
acabó la dura tarea, abrió el pañol de las velas y procedió a un examen
minucioso del estado de las costuras, ha pasado tanto tiempo sin ir al
mar y sin haber soportado los estirones saludables del viento. Las velas
son los músculos del barco, basta ver cómo se hinchan cuando se
esfuerzan, pero, y eso mismo les sucede a los músculos, si no se les da
uso regularmente, se aflojan, se ablandan, pierden nervio, Y las
costuras son los nervios de las velas, pensó la mujer de la limpieza
(...) Encontró deshilachadas algunas bastillas, pero se conformó con
señalarlas (...) En cuanto a los otros pañoles, enseguida vio que
estaban vacíos (...) Ya le enfadó, y mucho, la falta absoluta de
municiones de boca en el pañol respectivo, no por ella, que estaba de
sobra acostumbrada al mal rancho del palacio, sino por el hombre al que
dieron este barco: no falta mucho para que el sol se ponga, y él
aparecerá por ahí clamando que tiene hambre (...) . No merecía la pena
preocuparse tanto. El sol acababa de sumirse en el océano cuando el
hombre que tenía un barco surgió en el extremo del muelle. Traía un
bulto en la mano, pero venía solo y cabizbajo. La mujer de la limpieza
fue a esperarlo a la pasarela, pero antes de que abriera la boca para
enterarse de cómo había transcurrido el resto del día, él dijo, Estate
tranquila, traigo comida para los dos, Y los marineros, preguntó ella,
Como puedes ver, no vino ninguno, Pero los dejaste apalabrados, al
menos, volvió a preguntar ella, Me dijeron que ya no hay islas
desconocidas, y que, incluso habiéndolas, no iban a dejar el sosiego de
sus lares y la buena vida de los barcos de línea para
meterse en aventuras oceánicas a la búsqueda de un imposible, como si
todavía estuviéramos en el tiempo del mar tenebroso. Y tú qué les
respondiste, Que el mar es siempre tenebroso, Y no les hablaste de la
isla desconocida, Cómo podría hablarles de una isla desconocida, si no
la conozco, Pero tienes la certeza de que existe, Tanta como de que el
mar es tenebroso, En este momento, visto desde aquí, con las aguas color
de jade y el cielo como un incendio, de tenebroso no le encuentro nada,
Es una ilusión tuya, también las islas a veces parece que fluctúan sobre
las aguas y no es verdad, Qué piensas hacer, si te falta una
tripulación, Todavía no lo sé, Podríamos quedarnos a vivir aquí, yo me
ofrecería para lavar los barcos que vienen al muelle, y tú, Y yo,
Tendrás un oficio, una profesión, como ahora se dice, Tengo, tuve,
tendré si fuera preciso, pero quiero encontrar la isla desconocida,
quiero saber quién soy yo cuando esté en ella, No lo sabes, Si no sales
de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no
tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las
medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo
hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy
mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de
la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de
nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual
(...) Dijo el hombre, Dejemos las filosofías para el filósofo del rey,
que para eso le pagan, ahora vamos a comer, pero la mujer no estuvo de
acuerdo. Primero tienes que ver tu barco, sólo lo conoces por fuera, Qué
tal lo encontraste, Hay algunas costuras de las velas que necesitan
refuerzo, Bajaste a la bodega, encontraste agua abierta, En el fondo hay
alguna, mezclada con el lastre, pero eso me parece que es lo apropiado,
le hace bien al barco, Cómo aprendiste esas cosas, Así, Así cómo, Como
tú, cuando dijiste al capitán del puerto que aprenderías a navegar en la
mar, Todavía no estamos en el mar, Pero ya estamos en el agua, Siempre
tuve la idea de que para la navegación sólo hay dos maestros verdaderos,
uno es el mar, el otro es el barco. Y el cielo, te olvidas del cielo,
Sí, claro, el cielo, Los vientos, Las nubes, El cielo, Sí, el cielo.
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