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Proposed by Colegio Pꢬico "Tucci". Martos (Jaén) SPAIN

ESCENAS Y COSTUMBRES DE JAÉN

Visitas Navideñas.

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- Venimos a darle las pascuas, doña María. Usted sabe cuánto la queremos, y aunque yo no salgo apenas, le dije a Manolo: De hoy no pasa que vayamos a verla. Y aquí nos tiene usted.

- ¡Y cuánto que se lo agradezco! Yo, con este reúma... Y, además, ya conocen ustedes cómo se les aprecia en esta casa y nos alegramos de verles. ¡Vivimos tan distantes!...

La visita se ha sentado en torno a una mesa de camilla con mantel de hule estampado. Trasciende a alhucema y a serrín fresco del Nacimiento instalado en la misma habitación, a la vera.

- Echa una firma, Isabel, que vendrán ustedes helados, con el frío que hace.

Y el brasero se pone al rojo vivo y esparce generoso su calor de ascuas y erraj.

- Ya veo que han puesto ustedes el Nacimiento. Y que está muy precioso, con ese molino de viento...

- ¡Calle usted, calle usted, que me ha dado cada disgusto! (Isabel, dale cuerda al molino y enciende la luz del portal). ¡Estos hijos!... ¿Pues qué dirá usted que me hicieron? ¡Se me escaparon a coger mocos del tren por las Fuentezuelas, para hacer las montañas, y eran las dos de la tarde y no habían vuelto! Y yo con un regomello... ¡Coloradas les puse las orejas!... Pero luego... se iban a partir el pecho cantando al Niño. Hicieron tiestos la zambomba y hasta el pandero lo despellejaron...

- Qué quiere usted, doña María, son tan niños... ¡Dios los bendiga! Más vale que se entretengan en eso que en corretear calles. Los míos...

- Isabel, tráete unos dulces y unas copas. No te olvides las servilletas. Nosotros todo lo hacemos en casa, pues ya habrá visto usted cómo están las cosas. ¡No se puede una acercar a las confiterías! Además, como lo que hace una... y no es por alabarnos, ¿verdad Antonio?

Y la señora mira a su marido muy abrigado, con la gorra puesta, que no dice nada.

Isabel ha traído una bandeja con tiritas de alfajor y mantecados. Los del país están liados en papel de seda blanco; la envoltura de los polvorones es de color de rosa, para distinguirlos. Todos los bordes hechos flecos a tijera.

- Este alfajor está especial. Yo siempre lo digo en casa: como el alfajor de doña María no hay otro. Me tiene usted que decir cómo lo hace.

- La receta era de mi madre, que esté en gloria; decía que era de su abuela... Muy antigua. No tiene nada de particular. Preparar los avíos... Pero tome usted otra copita de resol, es muy digestivo, no le hará daño. Lo preparamos con las hierbas de siempre: poleo, toronjil, mejorana, yerba luisa, hierbabuena...

La visita se va. El gato, goloso, sale bajo las faldas de la mesa camilla y lame en el suelo las miguitas de un mantecado que se desmoronó. Se apaga el Nacimiento. Se alzan manteles. Don Antonio lía un cigarro...

 

Molinos aceiteros.

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Cuando la cosecha era buena o entraba mucha aceituna en los atrojes, había dos turnos de molienda o turno doble, uno de día y otro durante la noche, con relevo del equipo de molineros y de bestias.

La comida de los molineros era un tanto típica y particular. Apoyados en el arrimadillo -arco de hierro- hervían en las ollas de barro el cocido o el potaje de habas. Las gentes aseguraban que la comida sabía mejor hecha en pucheros de barro. Grandes turrillos y támaras de olivo, producían hermosas ascuas resplandecientes. Para el desayuno acostumbraban los molineros freír unos picatostes muy gruesos y echaban un trago de aguardiente seco.

Preparaban los serranos unas aceitunas pasas que con pan estaban muy sabrosas. Escogían las más gordas y sanas de los trojes y las ponían a secar sobre capachos. Cuando se arrugaban, las escaldaban en un lebrillo con agua hirviendo y volvían a ponerlas al sol para orearse.

También las migas era una vianda cotidiana, muy rebién hechas y propias del invierno. Les revolvían tostones de pan frito que las ponían crujientes, y las comían en sartén, con rábanos o aceitunas o con mijillas de bacalao crudo.

Pero el manjar más propio de los molineros fue siempre el remojón o los sopitones. Echaban caras de pan de libra en una tinaja de aceite, donde las dejaban empapar dos o tres días. Al sacarlas se ponían a escurrir, se tostaban luego y, colocadas sobre dornillos, se les exprimían varias naranjas y azúcar, o se aderezaban con un chorreón de vinagre y un poco de sal, resultando un alimento muy completo y gustoso.

Otras veces hacían grandes rebanadas de pan tostado que untaban con aceite y un diente de ajo, o se comían un canto de pan con aceite y sal <…>

Escenas y Costumbres de Jaén.
Rafael Ortega y Sagrista, 1994