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Propuesto por Francisco Teva Jiménez
Colegio Público "Tucci". Martos (Jaén) Spain

"Una mujercita con suerte"

Una mujer pobre subió cierto día a un cerro solitario para contemplar el paisaje y allí justo en la cumbre encontró un caldero viejo.

-¡Caramba que suerte! -Exclamó-. Tiene un agujero, pero puedo utilizarlo para plantar flores en él.

La mujer envolvió la caldera en su mantón y se lo cargó al hombro.

El camino hasta su choza era largo y escarpado, y el caldero pesaba, así que la mujer se sentó a descansar. Desató el mantón para mirar el caldero y vio que estaba lleno de monedas de oro.

-¡Qué suerte tengo! -exclamo- Todas estas monedas de oro para una pobre mujercita como yo.

Envolvió el caldero en su mantón y reanudó su camino.

Pronto tuvo que volverse a sentar. Desató el mantón para contemplar otra vez su tesoro y se quedó sorprendida al ver que el caldero se había convertido en un trozo de hierro.

-¡Que suerte tengo! -exclamó- ¿qué iba a hacer una pobre mujercita como yo con todas esas monedas de oro? Seguro que los ladrones acabarían robándome. Por este hierro me darán unas cuantas monedas normales que es todo lo que yo necesito. Así que rehizo el atadijo de su mantón y siguió su camino.

Enseguida llego al pie de la colina. Una vez más tarde se sentó y desató los nudos el trozo de hierro se había convertido en una gran piedra ¡Vaya suerte! -exclamó- Esta piedra es justamente lo que yo estaba necesitando para sujetar la puerta de mi jardín y que no golpee cuando hace viento.

Así que continuó el camino hasta su casa.

En cuanto llegó a la puerta de su jardín y abrió el mantón para sacar la piedra, una extraña criatura saltó fuera: tenía una enorme cola con pelos de diferentes colores, unas orejas puntiagudas y unas patas largas y flaquísimas.

La mujer se quedó maravillada al ver que la aparición daba tres vueltas a su alrededor y luego se alejaba bailoteando colina arriba.

¡Que suerte tengo! -exclamó-. Pensar que yo, una pobre mujercita, he podido contemplar a este animal tan extraño... Estoy segura de que soy la pobre mujercita solitaria con más suerte del mundo entero.

Y se fue a la cama tan alegre y contenta como siempre, lo más curioso es que, a partir de ese momento, la suerte de la pobre mujercita cambió y nunca más fue ni pobre ni solitaria.

 

Fuente: "Cabriola", de Editorial Santillana.