Equipo de Trabajo - Valores Educativos - Tradiciones
Creatividad Literaria - Enseñanza de Idiomas - Forum - El Proyecto
Working Team - Values Education - Traditions
Creative WritingLanguage Teaching - Forum
- The Project

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Palabras de cuento"

Mercedes Chozas

Ejercicios

<…>

- Atiende, silla, ahora empieza mi pequeño relato:

"Érase una vez un planeta muy, muy lejano. A él habían emigrado veinte hombres que huían de laTierra y de su gran alboroto, buscaban el silencio; para no oír ningún ruido cada uno decidió fundar un país distinto con un único habitante. Y así comenzaron a vivir veinte hombres en veinte países diferentes y fronterizos.

Los hombres se hicieron fuertes y ágiles, cargaban leña con un solo brazo y manejaban el hacha sin ningún esfuerzo; su alimento era la carne que cazaban y la verdura que crecía en sus pequeños huertos. Su vida consistía en estos quehaceres diarios Cada uno de ellos conocía perfectamente todos los rincones de su país.

Al cabo de seis meses, los hombres solitarios comenzaron a aburrirse, sintieron necesidad de hablar e inventaban largos discursos que pronunciaban en medio de valles solitarios; pero les invadía una gran melancolía al no quedar más que silencio cuando se desvanecían sus palabras. Entonces, buscaron altísimos barrancos para poder escuchar, al menos, el eco de sus propias palabras, era una voz lejana y profunda que les contestaba.

De esta manera, todos se acostumbraron a hablar sin esperar respuesta, pero cada día aumentaba su tristeza al no poder hablar con ningún otro hombre. Poco a poco fueron enmudeciendo porque ya no tenían nada que decirse.

Al transcurrir un año, los veinte hombres, en representación de sus veinte países, se reunieron y, todos juntos, se encaminaron al país más extenso para iniciar la vida en grupo y empezar a conversar.

Cada hombre cogió su hacha y un hato de ropa y construyó una nueva casa en el nuevo país de veinte habitantes.

Todos necesitaban hablar. Por la noche se reunieron, después del trabajo, delante del fuego; pero todas las bocas empezaban a hablar a la vez, era una nube de voces y de palabras, ninguno podía escuchar nada, cada hombre contaba su propia historia. Al darse cuenta de que no eran escuchados, ni había respuesta para sus preguntas, hablaban cada vez más fuerte hasta que enormes gritos retumbaban por las paredes de la casa. Los hombres volvían a su casa y lloraban porque nadie les escuchaba ni respondía a sus preguntas.

 

Todos recordaban las palabras que se les amontonaban en la garganta, pero habían olvidado permanecer callados para poder oír las respuestas.

 

Otra vez solos, en sus casas, se sintieron tan apesadumbrados como antes; habían descubierto que era igual hablar con otros hombres que con el eco.

 

Volvieron otra vez a encaramarse en altos barrancos y cierta alegría se asomó a sus labios cuando oyeron la repetición de sus palabras en la lejanía.

 

Todas las noches, cada hombre se subía a una montaña y se escuchaba a sí mismo repetido por una voz desconocida. Callaban únicamente el tiempo imprescindible para poder oír el final de sus propias palabras. Así descubrieron que más lejos se escuchaban otros finales diferentes, pero tenían que prestar más atención y permanecer más tiempo en silencio para percibir los lejanos sonidos.

 

De esta manera aprendieron poco a poco a atender a los ecos de sus compañeros. Sin darse cuenta, y muy lentamente, empezaron a acercarse unos a otros.

 

Había transcurrido ya un mes desde que abandonaron sus países y los hombres solitarios volvieron a juntarse, pero, esta vez, fue en las cimas de las montañas, sin haberse puesto de acuerdo.

 

En la cima, cuando se encontraban reunidos otra vez, unos cerca de otros, volvieron su espalda al eco, y, en silencio, marcharon hasta la primera casa del primer hombre solitario; allí, sentados junto al fuego, permanecieron mucho tiempo en silencio. Un hombre solitario dijo:

 

  • Hoy hemos aprendido a escuchar, desde ahora podremos hablar otra vez; es muy importante que vivamos agrupados y huyamos de la soledad.

 

Y a partir de ese momento los hombres solitarios olvidaron la soledad y comenzaron su vida en grupo."

Cuando Celestino terminó su cuento, descubrió que la silla charlatana había enmudecido, apoyó su oído en el respaldo pero no se percibía ni un murmullo <…>