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LOS NÚMEROS ARÁBIGOS
Los
números arábigos, tal y como los usamos ahora, son 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y
el importantísimo 0. Se trata de un sistema de tipo decimal cuyas cifras ocupan
un lugar con un determinado valor, siendo el del símbolo cero el lugar
destinado al vacío. Tanta es nuestra confianza en estos números,
internacionalmente aceptados, que ni siquiera somos conscientes del grado hasta
el cual dependemos de ellos.
Todos
conocemos la gran simplicidad que los números arábigos han traído al cálculo
aritmético. La carga innecesaria de la que han liberado a la mente humana es
incalculable. Frente a cualquier otro sistema de numeración inventado por el
hombre, permiten una mayor facilidad de manejo (debido a la presencia del cero).
Pero
le llevó al hombre cerca de cinco mil años, a partir del comienzo de los símbolos
numéricos, para concebir un símbolo que representase la nada. No se conoce quién
fue su inventor, sin duda uno de los pensadores más creativos y originales de
la historia. Sólo sabemos que fue un hindú que vivió antes del siglo IX d.C.
Los
hindúes denominaron a este símbolo “sunya”, que quiere decir nada o vacío
y que fue adoptado por los árabes bajo la denominación de “sifr”, que en
su idioma significaba lo mismo. Con el tiempo esta palabra se convertiría en
“cefer”, más fácil de pronunciar. Finalmente dio origen en inglés a
"cipher" y "zero" (esta última por intermedio de zefirum),
así como a los vocablos castellanos cero y cifra.
A
continuación pueden compararse los números hindi con los actuales. Como puede
comprobarse, presentan ciertas similitudes. Si los primeros se comparan con los
árabes, en la tabla de la derecha, podrá verse que son idénticos.

Fue
el matemático italiano Leonardo Fibonacci, el más completo de la Edad Media,
quien aprendió el “nuevo” sistema de numeración adoptado y mejorado por
los árabes. Hacia el año 1200, cuando Fibonacci era joven, Pisa (su ciudad
natal) tenía un gran ambiente comercial y estaba entregada al comercio con el
Norte de África. Leonardo tuvo así la oportunidad de visitar esa región y de
gozar de los beneficios de la educación árabe. En 1202 publicó su tratado
“Líber Abaci”, en el que se empleaba ese sistema y el símbolo “nada”,
enseñando su uso en aritmética e introduciendo definitivamente estos números.
Por aquel entonces Europa empezaba tímidamente a salir de las tinieblas de la
Edad Media. La prosperidad aumentaba y con ella el deseo de saber. En Italia había
numerosos comerciantes que necesitaban realizar continuos cálculos para
mantener sus negocios y, en cuanto comprobaron las ventajas de los números
“arábigos” (denominados así, pese a su procedencia hindú, porque los
europeos los aprendieron del pueblo musulmán) y la importancia del cero,
adoptaron el nuevo sistema, aunque con cierta lentitud. Apenas si costó un par
de siglos convencerlos para que aceptaran el cambio.![]()
Debido
a que estos números provenían de países que no usaban el alfabeto romano, sus
formas eran muy distintas a las de las letras latinas, y esto también fue
ventajoso: terminó así su confusión con los números romanos, que terminaron
pasando completamente de moda, perdiéndose prácticamente su uso. Desde
entonces se pudieron realizar las mismas operaciones con la centésima parte de
las explicaciones y sin perderse ningún conocimiento, manteniéndose intactos
hasta la actualidad.