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Textos libres (redacciones de tema libre, usualmente cuentos) que nuestros alumnos escriben en las clases con regularidad. Aquí va una muestra de ellos, redactados por alumnos/as de entre 6 y 11 años.
La inteligencia de la lluvia
Érase una vez un árbol al que se le estaban cayendo las hojas, como a todos los árboles, porque era otoño. En ese árbol había una hojita que tenía miedo de caerse del árbol como sus hermanas. Entonces, pensando qué podía hacer, se le ocurrió ir a visitar al otoño.
Allí la hojita le suplicó:
—Señor otoño, por favor, no me separe de mi árbol, yo siempre he sido muy buena: he recogido el aire que necesita, he mantenido mi árbol calentito durante el frío invierno y he puesto muy guapo a mi árbol en primavera.
—Yo no puedo hacer nada —respondió el otoño tristemente—. Es el viento el que os hace caer a ti y a tus hermanas del árbol.
La hojita, al oir esto, se encaminó hacia la cueva donde vivía el viento y le dijo lo mismo que le había dicho al otoño.
A esto el viento respondió:
—Si no fuera porque la lluvia os moja, yo no tendría que secaros y no os caeriais; por tanto, es culpa de la lluvia.
La hojita suspiró y fue al encuentro de la lluvia.
Una vez allí le presentó su súplica a la lluvia. La lluvia, al oir esto, se echó a reir y dijo:
—Hojita, ya hace tiempo que te despegaste del árbol para venir hasta aquí, y además, ¿no te gustaría viajar por todo el mundo? Te puede llevar el viento y, cuando él se canse, yo te llevaré en mi inmenso mar para que así conozcas a muchos peces y veas muchos barcos.
—¡Oh! —dijo la hojita, sorprendida—. Yo nunca he visto un barco.
—Pues lo verás si te desprendes de tu árbol y viajas junto a mí y el viento.
—Sí, sí, quiero viajar —dijo la hojita, entusiasmada.
Desde entonces, la hojita vuela y, de vez en cuando, se posa en el mar.
Julia - 6º


La ranita Petra
Érase una vez una ranita que era muy coqueta. Se llamaba Petra. Un día iba al bosque y caminó tanto, tanto, que se oscureció y se perdió. Por el camino se encontró a un lindo y gordito sapito y le dijo:
—Hola, me he perdido en el bosque y no sé volver, ¿me podrías ayudar?
—¡Claro que sí! ¿Tú dónde vives?
—Vivo en una charca muy grande.
—Vale, te ayudaré.
Caminaron y caminaron hasta llegar a una charca muy grande, que era su casa.
La ranita le dio las gracias. Y desde ese día fueron amigos y nunca más se alejó en el bosque. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
María Marín Cansino - 2º


El fantasma
Una noche mientras yo dormía un fantasma apareció en mi cuarto. Yo me asusté mucho, me metí debajo de las mantas y, al rato, saqué la cabeza y con mucho miedo miré por todo el cuarto. Me quedé tranquilo cuando comprobé que no había nadie.
La otra noche pasó la misma historia pero descubrí que era mi padre. Le conté todo lo que me había pasado y el miedo que había tenido. Mi padre se rió mucho y yo también, me dio un beso y se fue a dormir.
Manuel Azogil - 3º


Sueños premonitorios
Hace años, en un país muy lejano, vivía un hombre llamado Luis. En ese país, todos sus habitantes tenían sueños premonitorios. Luis, que era muy envidioso, quería tener uno de esos sueños.
Un día Luis decidió dormirse para tener un sueño premonitorio, se acostó y al rato se durmió. Soñó que era rico y que la habitación estaba llena de monedas de oro. A la mañana siguiente, cuando se despertó, vio allí todo lo que había soñado.
Luis, muy contento, se fue a dar un paseo a la plaza del pueblo. La plaza estaba llena de gente y Luis le dijo a todos:
—He tenido un sueño premonitorio: he soñado que era rico y al despertarme he encontrado la habitación llena de oro.
Todo el pueblo se puso muy contento y Luis decidió repartir el oro con todos los habitantes del pueblo. Todos se alegraron mucho y en agradecimiento le pusieron el nombre de Luis a la plaza del pueblo.
Víctor Sánchez - 3º


La rosa rosita
Yo tenía una rosa rosita,
presumida y bondadosa.
A mi rosa, rosita
se le cayó un pétalo
¡pobre rosa, rosita, rosita, rosa!
Mi rosa, rosita se hizo
una amiga margarita
blanca, blanquita, blanquita, blanca.
¡Qué contenta se puso
mi rosa, rosita
al ver a su amiguita!
Se puso tan feliz
que dejó de sufrir.
Un nuevo pétalo
le volvió a salir
y no dejó de reir.
Victoria Menduiña - 3º


El seguro de mi casa
Mis padres querían hacer un seguro para la casa. Un día vino el hombre del seguro y nos registró la casa para saber lo que teniamos. Entonces vino el vecino de dos casas más arriba, llamó a la puerta y mi madre le abrió.
—¡Qué la chimenea está ardiendo por arrriba!
—¡Sí, hombre! ¡No puede ser!
—¡Ah! no, pues sal a la calle y lo verás.
Mi madre salió a la calle y muy asustada dijo:
—¡Ay, Dios mío! ¡Voy a llamar a los bomberos!
Mi padre se asomó a la candela y dijo:
—¡No pasa nada! Firma para no pagar más.
Mis padres firmaron el seguro y todos quedamos contentos.
A la semana siguiente fuimos a Leroy Merlín y nos compramos un deshollinador para la chimenea.
Antonio Parreño - 3º


Rafael, un niño gafe
Rafael era un niño gafe. Se le cayó un bote de pintura en la cabeza, pisaba la caca, se tropezaba con las piedras. Le pasaba de todo.
Un día fue al campo con su padre y un hombre que estaba cortando la leña le golpeó con una rama en la cabeza. Más para adelante se cayó en un agujero.
Se hizo de noche y un perro cazador se le cagó encima.
Juan Diego - 1º


Poesía de don Quijote
Don Quijote dormía
debajo de un pino,
mientras Sancho Panza
tragaba pan, aceite y vino.
Dulcinea del Toboso,
que amaba a Don Quijote,
trabajaba atareada
debajo de un alcornoque.
Don Quijote con molinos.
Don Quijote con gigantes.
¡Ataca, Rocinante!
Julia Arroyo - 5º

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