D.
Juan, nuestro antiguo profesor de biología nos propone
participar en un concurso de la Caja Madrid.
Nos explica las bases y la ideología y nos parece
una buena idea.
Decidimos participar.
Ahora tan sólo nos falta buscar ¿qué
hacer?
Ya en casa, y pensando qué poder
inventar, nos dimos cuenta que nuestra madre tiraba las
latas de refrescos a la basura normal.
Le preguntamos por qué lo hacía y ésta
fue su respuesta:
- Es que ocupan mucho espacio.
Esto nos encendió la bombilla que
tanta falta nos hacía.
Nos acordamos de la forma que teníamos
de aplastar latas.
¿Y si adaptásemos esta idea
para nuestro invento?
He aquí cuando nos pusimos a estudiar para la invención
de un aparato que comprimiese las latas.
Lo primero, los bocetos.

Una vez hecha la relación de las
piezas, los chicos del taller de
soldadura del instituto nos echaron una mano en la construcción.

Y cómo no, teníamos que comprobar
su funcionamiento.

Pero todavía no había llegado
el final.
Aún le faltaban los retoques que lo volviese atractivo
al público.
Lijarlo...
Pintarlo...
Y he aquí el resultado final...
Por si a alguien le queda duda, incluimos
una explicación fotográfica del
modo de uso.