LA HISTORIA DE LA PESETA.

Del siglo XVIII hasta el Euro.

 

Parece haber quedado confirmado por los historiadores que la palabra PESETA proviene directamente del vocablo catalán “peceta” que significaba “piececita”, es decir, moneda pequeña de plata.

Durante la Guerra de Sucesión (1701 a 1714) se distribuyeron por toda España las monedas de dos reales que se acuñaron por el Archiduque Carlos de Austria, pretendiente de la corona de España frente a la casa de Borbón. Estas monedas circularon durante más de cincuenta años y facilitaron la introducción del término catalán en todo el país.

Las primeras monedas que llevaban físicamente el nombre de “peseta” son las acuñó José Bonaparte durante la Guerra de la Independencia en 1.808. Este monarca mandó acuñar monedas en Barcelona, Sevilla y Madrid, pero el nombre de peseta solo lo llevaron las acuñadas en Barcelona por valor de una, dos y cinco pesetas.

En 1.809 se acuñó en Gerona una moneda con la denominación “Un duro”, caso excepcional en nuestra historia monetaria.

Por estos tiempos convivían en España  escudos, onzas, duros, pesetas, maravedíes y hasta antiguas monedas romanas.

Al llegar el reinado de Isabel II, con motivo de los movimientos económicos europeos, la reina mandó acuñar en 1.836 unas monedas de peseta para pagar a los soldados que la defendían frente a los Carlistas. De aquí que estos pasaron a llamarse “Peseteros” al ser pagados en esa moneda.

En 1.865 se creó la Unión Monetaria Latina  con Francia, Suiza, Italia y Bélgica para unificar las características de los sistemas monetarios internacionales.

En 1.868 tras la Gloriosa Revolución que provocó el exilio de Isabel II, el Gobierno Provisional con el General Serrano a la cabeza, decretó la reforma del sistema monetario español: Había nacido la Peseta.

Nuestra nueva moneda se dividiría en cien céntimos y se acuñaron piezas de 10,5,2 y 1 céntimo. La moneda de 25 céntimos  de 1.868 se llamó “media peseta” o “dos reales”, denominación que siguió en vigor hasta la desaparición de las monedas de este valor. Las monedas de 5 y 10 céntimos enseguida pasaron a denominarse “Perra gorda” y “Perra chica” en alusión   al extraño león que llevaban en el reverso y al que el pueblo no consideró lo suficientemente feroz quedándose en “perra”.

La primera emisión realizada por el Gobierno provisional de monedas de peseta no llevaba la inscripción de “España” , cosa que no ocurría desde los Reyes Católicos. Rápidamente se subsanó este fallo, pero ya había monedas circulando con la inscripción “Gobierno Provisional”.

Además de las Perras, otra moneda que ha pasado a la memoria colectiva son los “Duros de Amadeo”. Eran monedas de plata muy queridas por el valor del metal. El tiempo en que circularon no fue demasiado ya que el Rey Amadeo I tuvo un reinado efímero. Prácticamente recién llegado a España murió asesinado el General Prim y en España se proclamó la Primera República.

En este periodo se siguieron usando las mismas monedas que antes, pero se produjeron hechos curiosos como la emisión de unas monedas llamadas “Cantonal” y “Medio cantonal” acuñadas por orden de la Junta de Salvación Pública del Cantón de Cartagena. La insurrección federal que se produjo durante la primera República fue rápidamente aplastada excepto en Cartagena, que se proclamó cantón independiente en 1.873. La Junta antes citada requisó todo el metal, joyas, etc. y lo dedicaron a la fundición para hacer nuevas monedas con la inscripción “Cartagena sitiada por los centralistas”.

El Gobierno republicano siguió, no obstante, acuñando monedas con la imagen de Amadeo, siendo las más recordadas los ya mencionados “duros” cuya imagen estaba realizada por el  mejor grabador que haya tenido nunca la Casa de la Moneda: Luis Marchionni.

Un detalle importante en las monedas, ya desde 1.699, era asegurarse que los pícaros no iban quitando el oro o la plata de cada ejemplar mediante el procedimiento de limar los bordes. Para ello se inventó el llamado “cordoncillo”, que consistía en grabar en el canto de las monedas una inscripción o una leyenda.

A lo largo de la historia se han ido cambiando las leyendas según el carácter de los gobiernos: con Isabel II los duros tenían en el canto la leyenda “Dios es el Rey de los Reyes”. El Gobierno Provisional de Serrano los cambió a “Soberanía Nacional”. Los Duros de Amadeo, “Justicia y Libertad”. Actualmente las monedas tienen motivos florales o geométricos.

 

 

Los Duros de Oñate:

Carlos María de Borbón y Austria  asumió el liderazgo de los Carlistas y se proclamó rey con el nombre de “Carlos VII”. En 1.873 emitió desde Francia “Bonos del tesoro por 100 reales de vellón”, es decir, veinticinco pesetas. El año siguiente mandó acuñar monedas de cinco pesetas con la leyenda: “Carlos VII Rey de las Españas – Dios, Patria y Rey”.

Estos duros, posteriormente acuñados en la Casa de la Moneda de Oñate (Guipúzcoa) circularon a la vez que los legales, ya que al pueblo solo le interesaba el valor del peso de la plata que contenía cada moneda.

El ejército de Alfonso XII venció a este Carlos VII y éste se exilió a Francia donde siguió emitiendo moneda entrando en conflicto con el gobierno francés.

Alfonso XII y Alfonso XIII:

En 1.876 jura la Constitución el rey Alfonso XII y rápidamente se acuñan las monedas tan famosas en que aparece con barba y bigote. El pueblo llano pensó que la barba y el bigote hacían que las monedas tuvieran más plata y –los que podían- empezaron a acapararlas.

Cuando murió Alfonso XII en 1.885, la regente María Cristina ordenó que se hicieran monedas con la efigie de su hijo, el rey Alfonso XIII. El grabado se le encargó a un renombrado grabador discípulo de Marchionni, Gregorio Sellán. Como el rey era un bebé prácticamente, la moneda resultante acabó llamándose “El Pelón”.

Las distintas edades de este monarca siguieron representándose en las monedas y así surgieron las del “cadete”, por ejemplo.

En 1.880 se produjo un curioso incidente al haber perdido valor la moneda. Las monedas de plata en realidad valían un 60 % menos de su valor facial. Por ejemplo, los duros tenían dos pesetas de plata en lugar de las cinco que deberían tener.

En este tiempo, pues, se produce la invasión de los “duros sevillanos”, una falsificación bastante burda que se podía distinguir a simple vista pero que llegó a extenderse de tal modo que el 3 % de los duros en circulación eran falsos.

Al final el gobierno tuvo que cambiarlos por duros oficiales.

Este problema de la caída del valor de las monedas fue el detonante para la emisión de monedas en metales poco nobles como el níquel y para aumentar la difusión de los billetes en papel.

A partir de 1.925 se acuñaron monedas en níquel de veinticinco céntimos. Como tenía en el reverso una carabela navegando con las velas al viento, el pueblo llano las llamó “la Caraba”. Como estas monedas se parecían bastante a las de dos pesetas de plata, hubo que sustituirlas enseguida por una nueva moneda con un taladro central que tendría tal fortuna que hasta las últimas emisiones de veinticinco pesetas del Rey Juan Carlos I lo han seguido llevando.

En la Segunda República no tuvieron prisa por cambiar las monedas. Hasta 1933 y 1934 no aparecieron las monedas de una peseta y de veinticinco céntimos.

La peseta dejó de llevar a la vieja matrona romana y pasó a acoger a una cabeza de mujer con el pelo suelto. Al ser amarillo el metal, el pueblo, una vez más, acuñó una denominación que haría historia: La Rubia.

El símbolo de la República con gorro frigio no apareció hasta 1.937 en las monedas de hierro de cinco céntimos.

La Guerra civil hizo que los metales como la plata o el cobre escasearan o fueran requisadas. Así fue necesario recurrir a vales, bonos o monedas incluso de cartón. En 1.938 por medio de un decreto se autorizaron discos rígidos de cartón con el escudo de la República en el anverso y un sello de correos en el reverso. Los valores fueron de 5, 10, 15 y 25 céntimos.

Un año antes de acabar la guerra, el bando nacional decidió encargar a una fábrica austriaca la fabricación de monedas de 25 céntimos con taladro central. Estaban hechas de níquel y tuvieron mucho éxito hasta que en 1.951 se recogieron ya que ese metal había subido de precio en los mercados internacionales.

Terminada la contienda, en 1.944 se acuña la moneda de peseta de las llamadas “del uno” que no tenían ninguna inscripción del nuevo estado salvo el escudo nacional en el reverso.

Ya en 1.957 se usó una grabado de Mariano Benlliure de la cabeza de Franco para usarlo en todas las monedas, en principio en una nueva “rubia”.

La moneda de cinco pesetas de finales de los años cuarenta era de níquel y de un tamaño considerable. Su vida fue efímera ya que ese metal se hizo demasiado valioso y en algunas industrias se fundían las monedas para niquelar piezas de algunos automóviles.

En 1.957 se presentó la nueva serie de monedas de cinco, veinticinco y cincuenta pesetas con la efigie de Franco. El reverso era muy moderno para la época ya que presentaba el escudo sobre un águila en actitud de despegue.

En 1.966 se renovó el grabado de Franco por uno más acorde con su edad y se produjo otra novedad: volvía la plata a las monedas de 100 pesetas.

Se retiraron en 1.970 por el cambio de precio del metal y el acaparamiento del pueblo.

En 1.975 se acuñaron una nuevas monedas con la figura de Juan Carlos I aunque siguieron circulando las de la época anterior.

Las emisiones de monedas siempre habían tenido una sola referencia hasta la llegada del mundial de fútbol de 1982 con motivo del cual se lanzó un juego completo de monedas con motivos relativos a la competición.

Esta circunstancia se ha ido repitiendo desde entonces al llegar la Expo de Sevilla  de 1992 o los Juegos Olímpicos de Barcelona del mismo año.

Posteriormente todas las monedas españolas han ido recogiendo diferentes motivos tanto en sus anversos como en los reversos, desde las dedicadas a las autonomías pasando por personajes históricos o la última emisión de 100 pesetas que volvía a recoger la matrona romana que apareció en la primera peseta oficialmente emitida con ese nombre para todo el país.

Hoy, con la uniformidad de moneda en todos los países de la zona euro, solo nos queda coleccionar las distintas monedas de cada uno de ellos, aunque solo tienen diferente el reverso.

 

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