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UN VIEJO AMIGO

De María del Mar Peláez Barranco

Escribo estas líneas para hablaros sobre un viejo y gran amigo que en mis cuarenta y un años de existencia me ha acompañado incondicionalmente. Lo hizo en la infancia, luego en la adolescencia y ahora en la madurez. En los momentos buenos y en los menos felices.

Pero me sorprende que éste mi gran amigo que a la vez es un personaje universal, cada vez se está quedando más solo. Os puede extrañar esta afirmación, pero desgraciadamente, creo que no estoy equivocada. Pues el amigo del que os hablo, no es otro que EL LIBRO.

Hoy que conseguimos felizmente avanzar en múltiples disciplinas y tecnologías, me pregunto por qué no crecemos espiritualmente, sensitivamente o emocionalmente, de forma paralela. Por qué se rechaza algo tan gratificante como es leer un libro.

Yo no estoy en contra de que la sociedad avance, ni muchísimo menos, pero una humanidad que deja de lado ciertas formas de creatividad y enriquecimiento, me parece que se está equivocando. Que va convirtiendo a gran parte de la población en clones de un híbrido que cada vez más se parece a la máquina y deja de ser persona.

 

Quizás la raíz del problema se encuentre por un lado en la familia, si un niño no ve leer a sus padres, hermanos u otros familiares, carece de escuela. Los niños pequeños sabemos que son grandes imitadores de sus mayores, pero difícilmente se pueden aficionar a algo que no les es cercano y que prácticamente desconocen. Aunque hay personas que sin haber tenido el ambiente propicio, han evolucionado hacia la cultura y por tanto hacia la lectura. y por otro lado quizás la forma de vida que llevamos de prisas y estrés, no favorece el que frenemos nuestro ritmo y nos paremos un rato a leer.

Ahora me alegro de haber disfrutado siempre de un entorno de lectores. Aún recuerdo cómo mi padre nos educaba hacia el respeto e interés por los libros y como compró "Platero y yo" para que mi hermana, que es mas pequeña, me lo regalara el día de mi primera comunión. Entonces no entendí muy bien su contenido aparte de comprender que el protagonista era un burrito. Luego con los años y al releerlo pude admirar la dulzura y sensibilidad de su autor Juan Ramón Jiménez. A veces a lo largo de una vida un libro puede parecernos muy diferente según en que época lo leamos y con qué estado de animo, por eso un libro no deja nunca de sorprendernos.

De los quince años que llevo de docencia en nuestra Escuela, en los primeros podía compartir opiniones sobre libros, improvisando pequeñas tertulias e incluso intercambiaba alguno con mis alumnos, ahora casi nunca encuentro alumnos que sean lectores. Este hecho me desconcierta sobremanera, porque yo que soy ávida lectora no comprendo cómo se puede vivir sin leer y lo que es más grave, cómo unos chicos que rondan los veinte años, no tienen interés por descubrir los mundos que encierran los libros. Si es ahora cuando están en la edad del descubrimiento y el aprendizaje.

Yo os ruego " probéis " un día a leer un libro. Me da igual la temática ( cada persona tiene sus gustos diferentes y respetables) siempre y cuando os divierta y enriquezca. Pensad que al leer tenemos que imaginar aquello que nos narra el libro y que por buena que sea la descripción de un personaje o escena, no lo vemos, pero nuestro cerebro estará desarrollando su creatividad. Diez personas que lean un mismo libro lo interpretarán de diez maneras diferentes. Incluso en ocasiones, después de terminar la lectura, podréis inventaros una posible continuación de la obra. Es más, a1 1eer sentiréis sensaciones múltiples de a1egrÍa, pena, tristeza, sensualidad, miedo, rechazo, etc. Sin olvidarnos de aquellos que nos aportan conocimientos sobre una materia y que por tanto nos educan. ¿ No creéis que merece la pena probarlo?

Algunos me argumentarán que es mas sencillo ver una película. Pero yo les contesto que son cosas diferentes. A mí me encanta el cine y el teatro pero ellos no anulan ni postergan para nada mi amor a la lectura. El libro lo empiezas a leer, te paras cuando te apetece y lo retornas cuando quieres y prácticamente en cualquier postura y lugar , sentado, acostado, en casa, en el tren, en una sala de espera, en la piscina, etc.

Además me atrevería a deciros que EL LIBRO es un amigo desprendido pues siempre te aporta cosas y a cambio sólo tienes que leerlo. Incluso en momentos muy difíciles en que uno pasa por etapas desgraciadas, puede sernos de gran ayuda, pues el rato en que lo lees desconectas del dolor o la preocupación que te agobia.

Entonces, si es universal, puede llegar a muchas zonas del planeta, nos desarrolla la imaginación y la creatividad, nos hace sentir emociones, es fácil de transportar, nos consuela de los problemas y siempre nos puede acompañar, ¿por qué no lo adoptáis ya como amigo?  ¡ ATREVEOS ¡31 de enero de 2005.

 

María del Mar Peláez Barranco,

Profesora de Proyectos del Ciclo de Proyectos y Dirección de Obras de Decoración,

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