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RESEÑA PARA LA PRENSA DE RAFAEL RECIO MORA, PROFESOR DE HISTORIA DEL ARTE DE LA ESCUELA  DE  ARTE “JOSÉ NOGUÉ” DE JAÉN, SOBRE LA PINTURA DE JOSÉ IGNACIO FERNÁNDEZ MARTOS

 

 

 

            Para mí constituye todo un honor poder hacer la crítica artística de este compañero de trabajo.

 

            Profesor de la Escuela de Artes "José Nogué", de Jaén, José Ignacio Fernández reparte su espacio vital entre la capital y Bedmar ( cuyos paisajes, con fuertes accidentes orográficos, dónde el olivar ocupa, en su pintura, la mínima expresión, no le son ajenos ). Lo cierto es que esta particularidad lo define muy bien ( me refiero a la escasa presencia del símbolo de la provincia - el olivo - tan trillado en la falsa pintura y en la mediocridad artística de las galerías) ya que, en el fondo, su cultura, su sensibilidad y su artisticidad contemporánea y universal se lo impide: tiene otras miras, otras ansias y otros horizontes, y su pintura habla de ello con toda franqueza.

           

            Nacido en 1957, se licenció en la facultad de Bellas Artes de Madrid, de la Universidad Complutense. Y aunque la Sierra Mágina le enseñó lo esencial, su formación académica lo envuelve en una epidérmica visión del mundo absolutamente universal; basta sólo ver su obra para comprobar como en la iconografía de la figura humana rastrea por el mundo clásico prehelenico o de la Grecia arcaica, haciéndole todo tipo de guiños al Simbolismo, a Zabaleta, a Bacon, a Picasso o a Chillida.

 

            Por otra parte, no es un profesional de la pintura, aunque haya realizado diferentes exposiciones colectivas, colaboraciones con el ayuntamiento de Bedmar, y una única exposición en solitario en la " General de Granada ", de Úbeda.

 

            Con esta nueva muestra del Colegio de Arquitectos de Jaén, y según sus propias declaraciones, es cuando realmente quiere dar el paso hacia la profesionalidad en el mundo artístico.

 

            A mí entender, en el fondo es un dilettante, un conocedor, que lo mismo aborda el paisaje, que la figura humana, la naturaleza muerta o la abstracción. Y a mi juicio dispone de una enorme versatilidad en el tratamiento ecléctico con las que aborda las diferentes iconografías. Lo cierto es que no reconoce a ningún maestro: es un hombre maduro que no se deja guiar. Como buen dilettante le interesa todo; y así, en sus naturalezas muertas hay recuerdos de Chagall y de Matisse. En las inevitables referencias a la catedral vandelviriana no se apoya en el triunfalismo nacionalista provinciano de la corriente pictórica más carpetovetónica. Es más, parece hacer un homenaje a la generación del 98, y más concretamente a Zuloaga. Y que decir de sus composiciones abstractas, dónde el color irrumpe a diferencia del resto de su obra, a base de tierras, ocres y azules. En este campo las referencias a Chillida son múltiples jugando con los planos y la geometría, utilizando conscientemente la iconografía del genial vasco, aunque, a veces, hace guiños al expresionismo alemán y a Marcel Duchamp, pero sin furor, sin acritud.

 

            Verdaderamente, en su obra, todo es mesura, quietud, equilibrio y delicadeza. Podría decirse que es un Cuatrocentista ilustrado por las corrientes estéticas  de los siglos XIX y XX.

 

                                                            Rafael Recio Mora.

                                                 Jaén, 14 de febrero de 2005.

He aquí algunos de sus cuadros:

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DSC00868.JPG (14623 bytes)    el placer no se detiene más allá de los límites 1.JPG (56235 bytes)        medianoche en jaen.JPG (115306 bytes)        vidrios 1.JPG (76796 bytes)

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