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Domingo, jazmín. Lunes, azucena. Martes, clavellina. Miércoles, violeta. Jueves, heliotropo. Viernes, madreselva. Con la mariposa el sábado llega, y con esa flor la semana cierra.
La noche es una capa negra con bordaditos de estrella. La noche es un gato negro con mil ojos de diamante. La noche es una mancha negra con chispas de plata
Ha nacido la luz del clavel. Ya se viste de rojo el vergel. Hay olor de canela y de miel. La flor para ella. Y el sí para él.
Luz de la mañana y verde mansedumbre en todo el campo. Suelta va la vieja copla sobre los lentos rebaños. ¡Ay, la vaquita de ordeño, tan mansa, tan silenciosa! ¡Cómo lame al becerrito y cómo mueve la cola! Panzuda y con esos ojos claros que el cielo retratan, ¡ay, cómo todas las tardes vuelve del campo a la casa! ¡Ay, la vaquita de ordeño, con las dos orejas blancas y un lucerito en la frente! ¡Parda piel y negras manchas!
Caminito del humo va la candela, camino del silencio, los ruidos vuelan, camino de la loma la tierra sube, caminito del agua marcha la nube. camino de la fruta marcha la planta, camino de la tarde va la mañana. camino del diamante marcha el carbón y en camino a tu casa camino yo.
Cuento en verso de Rafael Pombo Érase una viejecita Sin nadita que comer Sino carnes, frutas, dulces, Tortas, huevos, pan y pez. Bebía caldo, chocolate, Leche, vino, té y café, Y la pobre no encontraba Qué comer ni qué beber. Y esta vieja no tenía Ni un ranchito en qué vivir Fuera de una casa grande Con su huerta y su jardín. Nadie, nadie la cuidaba Sino Andrés y Juan y Gil y ocho criadas y dos pajes De librea y corbatín. Nunca tuvo en qué sentarse Sino sillas y sofás Con banquitos y cojines Y resorte al espaldar. Ni otra cama que una grande Más dorada que un altar, Con colchón de blanda pluma, Mucha seda y mucho holán. Y esta pobre viejecita Cada año hasta su fin, Tuvo un año más de vieja Y uno menos que vivir. Y al mirarse en el espejo La espantaba siempre allí Otra vieja de antiparras, Papalina y peluquín. Y esta pobre viejecita No tenía qué vestir Sino trajes de mil cortes Y de telas mil y mil. Y a no ser por sus zapatos Chanclas, botas y escarpín, Descalcita por el suelo Anduviera la infeliz. Apetito nunca tuvo Acabando de comer, Ni gozó salud completa Cuando no se hallaba bien. Se murió de mal de arrugas, Ya encorvada como un 3, Y jamás volvió a quejarse Ni de hambre ni de sed. Y esta pobre viejecita Al morir no dejó más Que onzas, joyas, tierras, casas, Ocho gatos y un turpial. Duerma en paz, y Dios permita Que logremos disfrutar Las pobrezas de esta pobre Y morir del mismo mal.
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