Algunos poemas

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Semana

La noche

El clavel

¡Ay la vaquita de ordeño!

Canción de los caminitos

La pobre viejecita

 

Semana

Domingo, jazmín.

Lunes, azucena.

Martes, clavellina.

Miércoles, violeta.

Jueves, heliotropo.

Viernes, madreselva.

Con la mariposa

el sábado llega,

y con esa flor

la semana cierra.

 

  

La noche

La noche es una capa

negra

con bordaditos de

estrella.

La noche es un gato

negro

con mil ojos de

diamante.

La noche es una mancha

negra

con chispas de plata

 

  

El clavel

Ha nacido

la luz del clavel.

Ya se viste

de rojo el vergel.

Hay olor

de canela y de miel.

La flor

para ella.

Y el sí

para él.

 

¡Ay, la vaquita de ordeño!

Luz de la mañana y verde

mansedumbre en todo el campo.

Suelta va la vieja copla

sobre los lentos rebaños.

¡Ay, la vaquita de ordeño,

tan mansa, tan silenciosa!

¡Cómo lame al becerrito

y cómo mueve la cola!

Panzuda y con esos ojos

claros que el cielo retratan,

¡ay, cómo todas las tardes

vuelve del campo a la casa!

¡Ay, la vaquita de ordeño,

con las dos orejas blancas

y un lucerito en la frente!

¡Parda piel y negras manchas!

 

Canción de los caminitos

Caminito del humo      

va la candela,

camino del silencio,

los ruidos vuelan,

camino de la loma

la tierra sube,

caminito del agua

marcha la nube.

camino de la fruta

marcha la planta,

camino de la tarde

va la mañana.

camino del diamante

marcha el carbón

y en camino a tu casa

camino yo.  

 

La pobre viejecita

Cuento en verso de Rafael Pombo

Érase una viejecita

Sin nadita que comer

Sino carnes, frutas, dulces,

Tortas, huevos, pan y pez.

Bebía caldo, chocolate,

Leche, vino, té y café,

Y la pobre no encontraba

Qué comer ni qué beber.

Y esta vieja no tenía

Ni un ranchito en qué vivir

Fuera de una casa grande

Con su huerta y su jardín.

Nadie, nadie la cuidaba

Sino Andrés y Juan y Gil

y ocho criadas y dos pajes

De librea y corbatín.

Nunca tuvo en qué sentarse

Sino sillas y sofás

Con banquitos y cojines

Y resorte al espaldar.

Ni otra cama que una grande

Más dorada que un altar,

Con colchón de blanda pluma,

Mucha seda y mucho holán.

Y esta pobre viejecita

Cada año hasta su fin,

Tuvo un año más de vieja

Y uno menos que vivir.

Y al mirarse en el espejo

La espantaba siempre allí

Otra vieja de antiparras,

Papalina y peluquín.

Y esta pobre viejecita

No tenía qué vestir

Sino trajes de mil cortes

Y de telas mil y mil.

Y a no ser por sus zapatos

Chanclas, botas y escarpín,

Descalcita por el suelo

Anduviera la infeliz.

Apetito nunca tuvo

Acabando de comer,

Ni gozó salud completa

Cuando no se hallaba bien.

Se murió de mal de arrugas,

Ya encorvada como un 3,

Y jamás volvió a quejarse

Ni de hambre ni de sed.

Y esta pobre viejecita

Al morir no dejó más

Que onzas, joyas, tierras, casas,

Ocho gatos y un turpial.

Duerma en paz, y Dios permita

Que logremos disfrutar

Las pobrezas de esta pobre

Y morir del mismo mal.