EVOLUCIÓN Y CONTROL DE LA VISIÓN

 

 

Kessel Popovsky , G.

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El ojo es el órgano del sentido de la vista. Este recoge sensaciones ópticas o visuales realizando acciones específicas como mirar, observar y ver. El nervio óptico envía las sensaciones al área del cerebro que se encarga de interpretarlas, archivar la información o reaccionar ante ella gracias a las conexiones neuronales.

El nervio óptico está formado en la octava semana de embarazo, y sabemos que el cerebro responde a la luz en la semana 27 ó 28. De hecho los prematuros de 30 semanas mantienen su mirada en figuras estimulantes.

Al nacer, el ojo tiene un diámetro aproximado de 17 mm. Y a los 3 años ha crecido hasta los 22,5 mm. A partir de esta edad suele aumentar a razón de 0,1 mm por año hasta los 14 años que alcanza el tamaño adulto, alrededor de 24 mm. Por lo tanto el mayor crecimiento después de nacer se realiza en los 3 primeros años de vida.

Nada más nacer el especialista realiza un examen de la vista del bebé, comprueba la normalidad de la anatomía del ojo y el reflejo rojo del fondo del mismo, administrándole un colirio antiséptico para prevenir infecciones.

La vigilancia de la evolución de la vista pasa después al Pediatra quien constata la simetría y la movilidad ocular a través de pruebas como el reflejo rojo del fondo del ojo, la sensibilidad de la córnea a la luz o la agudeza visual. En el caso de que el Pediatra detecte cualquier anomalía sugiere al padre y a la madre la consulta con un Oftalmólogo infantil.

Hay un grupo de niños y niñas más susceptibles de sufrir algún problema visual como los prematuros, los que sufren alteraciones metabólicas y los que tienen antecedentes familiares de problemas oculares. En estos casos el Oftalmólogo infantil realiza una evaluación después del nacimiento y un seguimiento
posterior.

El Instituto Oftalmológico de Barcelona (España) recomienda visitas periódicas al Oftalmólogo aunque no se detecten problemas visuales en los niños y niñas porque es el modo de poder realizar un tratamiento precoz cuando aparezca alguna disfunción. Este Instituto aconseja una valoración en el primer mes de vida para comprobar que no existan malformaciones, aproximadamente a los 7 meses un examen que descarte el estrabismo, otra al año y medio para confirmar la evolución correcta y a partir de los 24 meses una revisión bianual como mínimo hasta los 14 años que el ojo alcanzará el tamaño adulto.

Cuando el bebé nace anatómicamente su ojo está formado, sin embargo funcionalmente tarda un tiempo en madurar, las células aún no tienen capacidad de ajuste a diferentes distancias y no pueden dirigir y enfocar correctamente. En los primeros instantes sólo percibe fácilmente la sensaciones de claro y oscuro, la movilidad del ojo es muy limitada y la agudeza visual también. Pasadas unas horas percibe las imágenes a unos 30 centímetros de distancia en blanco y negro y reacciona cerrando los ojos y girando la cabeza ante una luz fuerte. Durante los primeros meses prefiere mantener su mirada sobre los colores que ofrecen mayor contraste y, entre las combinaciones, llama más su atención el contraste del blanco y el negro.

A los 15 días muestra una preferencia clara por los rostros y al finalizar el primer mes distingue la cara de la madre de las demás. Sin duda este logro se produce gracias a que en el momento de alimentarle el contacto visual entre la madre y el bebé es intenso y se realiza a una distancia aproximada de 30
centímetros en la que el bebé ve la imagen con mayor nitidez.

La capacidad de seguir objetos en movimiento mejora rápidamente. Comienza por hacer un seguimiento visual de objetos grandes con mucho contraste en los colores y que se mueven deprisa para evolucionar con el paso de los meses hacia el seguimiento de objetos pequeños, de menor contraste y movimiento lento.

Con un mes percibe algunos colores como el rojo y el verde, además del blanco y el negro y durante el segundo mes manifiesta gran sensibilidad a los objetos brillantes, con preferencia hacia aquellos que se mueven. En el tercer mes comienza a seguir con la mirada el movimiento de los objetos y cumplidos los 4
meses ya percibe con claridad a una distancia de 40 centímetros. En esta edad reacciona girando la cabeza y abriendo mucho los ojos cuando un objeto se le aproxima demasiado, también aparece la visión binocular porque el bebé empieza a enfocar los dos ojos al mismo tiempo. Gracias al dominio progresivo de esta habilidad percibe las tres dimensiones y podrá calcular la distancia a la que se encuentran las imágenes que ve. Cuando los niños y niñas sufren estrabismo carecen de visión binocular.

En el sexto mes percibe, además de los mencionados anteriormente, el color azul y el amarillo y progresivamente percibirá los valores y las intensidades de los demás, por eso a partir de esta edad los colores que más le atraen son vivos y brillantes.

Las alteraciones más frecuentes de la visión son aquellas que disminuyen la agudeza visual y la capacidad para distinguir los pequeños detalles, entre estos defectos de visión destacamos los siguientes:

La hipermetropía: las imágenes se forman detrás de la retina dificultando la visión de cerca y aunque con gran esfuerzo de acomodación se puede conseguir que se formen en la retina, las consecuencias pueden ser el cansancio visual, el dolor de cabeza y, si no se corrige, incluso llegar al estrabismo.

Cuando el bebé nace suele sufrir una hipermetropía de unas 3 dioptrías debido a que el ojo tiene una longitud axial pequeña. A los 3 años más o menos se alcanza el estado de refracción correcto, aunque esta hipermetropía de evolución puede alargarse hasta los 6 u 8 años.

En el caso de la miopía la imagen se forma antes de llegar a la retina disminuyendo la agudeza visual de lejos.

El astigmatismo está producido porque la curvatura de la córnea tiene la forma de un balón de rugby y al enfocar una imagen las líneas horizontales y verticales se confunden.

El estrabismo supone la desviación de un ojo o de los dos en alguna posición de la mirada. Hasta los 6 meses suele ser habitual la desviación ocasional de la mirada.

Los padres, las madres y los educadores debemos cuidar la higiene de los ojos de los niños y niñas y observar la evolución de la mirada para detectar de forma temprana cualquier alteración visual.

 

 

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