a evolución histórica de Coín se desarrolla a partir de
su antiguo poblado musulmán, lo que permite calificar a su casco antiguo como un gran
barrio del que parte su progresiva expansión. Manantial de luz, paraíso del agua, centro
de actividades de la comarca del Guadalhorce y con el título de ciudad desde principios
de siglo, Coín atrae por su singular belleza e inmejorable ubicación.
Unas tierras fértiles regadas por afluentes del Guadalhorce, entre ellos los ríos Grande y Nacimiento, de cuyas aguas beben las huertas de la zona y donde el verde se mezcla con el color de los agrios, que constituyen la principal producción agrícola, además de una gran variedad de frutales. Cultivos típicamente mediterráneos, al igual que el clima que disfruta este municipio, con temperaturas suaves a lo largo de todo el año.
Unos 128 kilómetros cuadrados de extensión, que se colocan a mitad de camino entre el interior y la costa malagueña, situación ésta que no le resta identidad. Por el contrario, Coín ha sabido conservar las huellas que dejó el paso de culturas diferentes y ofrecer en la actualidad la imagen de un pueblo con personalidad propia.
Es muy difícil
establecer la fecha exacta del origen de Coín dada la escasez de
documentos que certifiquen este dato. Sin embargo, la estratégica ubicación de la zona,
en la que confluyen buen clima y orografía amable, así como abundantes manantiales de
agua permitieron el asentamiento de pobladores desde épocas muy
remotas, como se comprueba con el hallazgo de cerámicas y objetos en los yacimientos del
Cerro de Carranque, el Llano de la Virgen o el Cerro del Aljibe. Estos objetos cada día
adquieren mayor importancia en el municipio, y muestra de ello es la donación de restos
arqueológicos que han realizado los vecinos de Coín al futuro museo, en el que se
expondrán elementos característicos hallados en el pueblo.
Sin embargo, los historiadores coinciden en que la fundación de Coín se produjo en la época musulmana, concretamente durante la rebelión muladí de Omar ben Hafsum contra el Emirato de Córdoba (920-921), cuando un personaje de Córdoba reconstruyó un castillo que toma su nombre, Dakwan (Coín), donde aloja a hombres y pertrechos para hostigar el enclave de Bobastro, según consta en diversos documentos históricos. La Ciudad del Cine, ubicada actualmente en un complejo hotelero junto a los llanos del Nacimiento -de donde emana el agua de la localidad-, recibe el nombre de la Reserva de Castro Dacuán, en honor a la antigua denominación. Se trata de unos estudios de cine que cuentan con unos platós donde se graban todo tipo de producciones; su visita es posible, y esta ciudad del cine se ha convertido en la más modernas de Andalucía.
En el periodo musulmán nace y se consolida la estructura del pueblo de Coín, que se construyó junto a los cimientos del castillo Castro Dakwan, y que hoy en día corresponde al casco antiguo -las calles que rodean la iglesia de la Encarnación y el Albaicín, un barrio que albergaría a las personas dedicadas a la cetrería o la caza de halcones, y de ahí su nombre, que significa «barrio de halconeros»-. En este sector, rodeado por la muralla de la fortaleza árabe, se estableció el primer núcleo de población de cierta envergadura, que con el paso del tiempo puede ser considerado como el primer barrio.
Un romance anónimo del siglo XVI que relata los amores del moro Abindarráez en estas tierras, donde quedó cautivado por la Bella Jarifa. Acudía a visitarla cuando cayó preso de un caballero castellano que, viendo el amor tan grande que sentía Abindarráez, le permitió ver por última vez a su amada, bajo la promesa de volver al cautiverio. Así lo hizo el moro, y por tan noble acción encontró la libertad. Una leyenda que forma parte de la historia de un pueblo que sigue conservando sus tradiciones, sus costumbres más populares.
Durante los cinco siglos que permaneció la ocupación musulmana, la principal actividad económica era la agricultura, fuera de las murallas del castillo, así como el aprovechamiento del agua, muy abundante en la zona, a través de los molinos, muchos de los cuales se han mantenido en la localidad hasta hoy día -aunque han introducido la electricidad-, y que han dado nombre a una de las calles, de los Molinos. La importancia del agua y la fertilidad de los campos del municipio constituyen dos elementos indisociables del Coín moderno, y reclamo turístico de primera magnitud. Concretamente, los lemas de la localidad son «Paraíso ameno» y «Manantial de luz».
La perenne presencia del líquido elemento también se traduce en la importancia que los vecinos de Coín confieren al Nacimiento, que es el lugar donde emana el agua que se suministra a la localidad y a los principales partidos rurales. Durante las épocas de sequía, la mayor preocupación de los ciudadanos es que la piedra de la que nace el agua no se seque, incluso existe la leyenda de que si se moviese esta piedra, ya no saldría más agua de este manantial. Este lugar emblemático está siendo actualmente objeto de una gran reforma para su conversión en parque de recreo. Así, se está construyendo un lago artificial y se ha proyectado acondicionarlo como ribera de río natural.
VINCULACIÓN CON EL AGUA. También la abundancia de molinos que se constituyeron aprovechando la fuerza motriz de los ríos de la localidad da fe de la enorme vinculación de este pueblo con el agua. En tal sentido, en el Archivo de Burgos de 1754 consta la existencia de 18 molinos de pan, unos movidos por el río de la Villa y otros por el río Pereila.
La reconquista cristiana, que tuvo lugar en el año 1485, ocasionó la destrucción de la villa, por mor de la fuerte resistencia que opusieron los vecinos de la localidad. A partir de 1487 comenzó la repoblación, que se llevó a cabo a través del sistema de repartimiento, por expreso deseo de los Reyes Católicos, que pensaban que de esta forma se constituiría una comunidad de campesinos autosuficientes. En ese momento también comienza la habilitación de templos religiosos, con el objeto de difundir la religión católica a los nuevos pobladores. Estos monumentos han sido también vías de expansión de la localidad, ya que se ubicaron en las afueras del municipio y en breve formaron parte de él.
La antigua mezquita de Dakwan fue la sede de la primera iglesia de Coín, Santa María de la Encarnación, pero pronto se quedó pequeña, por lo que la reina Isabel la Católica remite desde Jaén una carta en el mes de octubre de 1498 para ordenar erigir la iglesia de San Juan en un solar del castillo musulmán, convirtiéndose en parroquia en el año 1505, según consta en la «Historia de Coín» del historiador local Roque Naranjo.
La solemnidad de este templo lo ha conventido en uno de los más grandes de la provincia que, además, alberga numerosas imágenes que despiertan gran devoción entre los vecinos. En este sentido, la Virgen de la Fuensanta, Patrona del municipio, está en la iglesia durante todo el año, y en el mes de mayo se traslada a la ermita, en el partido rural de Pereila. Antiguamente, la imagen permanecía durante todo el año en su templo, y devolver al pueblo de Coín esta tradición se ha convertido en uno de los principales objetivos de Hermandad de la Virgen de la Fuensanta.
Cada
año, el primer fin de semana de julio, miles de vecinos de Coín, personas de la
localidad que residen fuera y en municipios cercanos acuden a la romería
de la Virgen de la Fuensanta, en la que cientos de carretas y carrozas ataviadas
típicamente realizan un largo recorrido para visitar a la Patrona. Después de toda una
noche en la que la ermita no llega a estar nunca sola, porque todos quieren acompañar a
la imagen durante la única noche en que pueden estar con ella sin límite de tiempo, se
inicia el viaje de vuelta, en el que una carroza guiada por bueyes porta a la Virgen, que
es recibida en la entrada del municipio en loor de multitudes.
CONVENTOS Y ERMITAS. Asimismo, se fueron creando conventos en las afueras del pueblo, por lo que de esta forma se fue extendiendo la primitiva estructura viaria. El primero de ellos fue el de Nuestra Señora de los Ángeles, ubicado a unos tres kilómetros de Coín, que acogió a la orden de los Trinitarios Calzados a partir de 1505, concretamente a dos monjes, fray Tomás y fray Diego, que prestaban asistencia en la Casa de Hospedería de la localidad, ubicada junto a la ermita de la Veracruz, ubicada en una plazuela frente a la calle de la Cruz. Con motivo de la sequía que azotó la zona en 1572, los monjes abandonaron su convento, y el obispo de Málaga, Diego Martínez de Zarzosa, les cedió una nueva sede junto a la Hospedería, la ermita de la Veracruz.
Recientemente se ha restaurado la única parte que se conserva del convento, la torre triangular, que junto con la de la parroquia de Archidona constituyen dos ejemplares únicos en nuestra provincia. Además, la singularidad que lo caracterizó le ha convertido en uno de los monumentos emblemáticos del municipio, hasta el punto de que en su restauración han colaborado asociaciones y vecinos de Coín.
En 1541 se fundó el convento
de los Agustinos en una ermita ubicada en el camino de Málaga, que fue
construida
donde se ubica actualmente el parque de San
Agustín. De esta plaza partían dos de las calles principales del pueblo, la
Feria y la Caridad, de la que posteriormente comenzarían a partir nuevas vías que
permitirían el crecimiento de la villa. Esta última debe su nombre al Hospital
de la Caridad, fundado en 1520 por deseo de los Reyes Católicos donde se ubicaba
la iglesia de San Andrés. Este edificio aún se conserva y actualmente
en sede del Juzgado de Instancia número 1 de Coín. Existió también a
las afueras del pueblo la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza.
En esta época, Coín formaba parte de la jurisdicción de Málaga y estaba gobernada por dos alcaldes subordinados al de la capital y seis regidores, que eran elegidos anualmente. A pesar de que se llevaba a cabo un sistema democrático en la elección de los oficios capitulares, éste quedó roto por la «dualidad de oficios», según consta en el «Catalogo-inventario de los fondos del archivo municipal de Coín», de Bartolomé García. Esta situación muestra la división de clases en el municipio, ya que los hijosdalgos, que descendían de los escuderos que se asentaron en la repoblación, eran regidores perpetuos, mientras que los plebeyos o pecheros, campesinos acomodados, eran elegidos cada año. Este sistema no desapareció hasta principios del siglo XVII, al igual que la dependencia de Málaga, ya que Coín compró la jurisdicción para eximirse de la capital.
En esta época ya se ha consolidado el nuevo mapa viario de la localidad, que se ubica junto a la iglesia de la Encarnación (calle Caridad, plaza de Santa María, plazuela de San Andrés y de la Luna), así como en vías perpendiculares con la calle la Feria, que conecta con los conventos de los Trinitarios y de los Agustinos. En los siglos XVII y XVIII, el Cabildo establece los oficios o gremios, que dieron origen a la denominación de numerosas calles de la villa, como Zapateros (donde se ubica actualmente el mercado) o Panaderos (en la calle Cachitos).
En la historia de Coín hay que resaltar las figuras de los obispos de Málaga que, atraídos por el clima, la abundancia de agua y la fertilidad de sus tierras, eligieron la localidad como lugar de descanso, a la vez que dejaron su huella mediante la cesión de las principales fuentes del municipio, que son un elemento característico de la villa, así como el Palacio Episcopal.
Bernardo Manrique fue el que construyó este edificio a mediados del siglo XVI. Juan Eulate y Santa Cruz (XVIII) costeó las fuentes de las plazas Alta (actual Alameda) y Baja (Bermúdez de la Rubia) -esta última ha desaparecido-, la del Palacio Episcopal -también desaparecida-, la de la plaza de Santa María -que inicialmente estaba ubicada en el convento de las monjas de la Encarnación- y la de la ermita de la Fuensanta. Vicente de la Madrid (XIX) mandó construir la carretera Coín-Cártama.
Durante los siglos XVIII y XIX el trazado de la villa se mantuvo inalterable, aunque comenzaron a perfilarse las zonas de la localidad. En este sentido, los nobles se instalaron en las cercanías de la plaza de Santa María, plaza Alta y en la calle de la Feria. Muestra de ello son las viviendas que aún se conservan en estas zonas, como la que albergaba la entidad bancaria de Banesto, que fue edificada en el siglo XVIII y que incluye una forja en sus balcones de enorme singularidad.
Una asociación local, de nombre Procure, interesada en la protección del casco antiguo y en la conservación de edificios propios del municipio, ha colaborado en la restauración de la Torre de los Trinitarios, se preocupa de que las calles mantengan sus aceras originales -realizadas con el mármol de las canteras de la villa-, así como del mantenimiento del trazado árabe del casco antiguo.
Pero, al margen de estos monumentos, otros detalles que adornan sus calles son otra muestra más de la peculiaridad de su casco antiguo. Hablamos de las hornacinas que dan cobijo a modestas imágenes de Cristo Crucificado, al que agasajan con pequeños ramos de flores y alumbran con cirios.
Según el «Diccionario de España», de Pascual Madoz, en la zona de los Llanos se hallaba una de la que se extraía mármol blanco y azul, que dirigía y explotaba Juan Gómez. Asi mismo, el oficio de los picapedreros, relacionado con la profesión, también fue de considerable importancia en la localidad, extrayendo piedras de cantillo. Cuentan los mayores que hubo un tiempo en el que no tenían demasiado trabajo, por lo que ocuparon su tiempo picando las aceras de las calles, que en los días de lluvia ocasionaron algún que otro accidente por lo resbaladizo de su superticie.
El Ayuntamiento de Coín se ha interesado por la difusión popular de la historia del municipio a través de la instalación de mosaicos en lugares emblemáticos de la localidad. En este sentido, recientemente se han colocado dos azulejos que reflejan la conquista cristiana y la fortaleza musulmana. En breve se instalarán más mosaicos.
TRANSFORMACIÓN. Pero es en el siglo XX cuando se produce la mayor transformación del municipio de Coín, incluso adquiere el título de Ciudad con el reinado de Alfonso XIII. En 1912 se inaugura el ferrocarril de Coín a Málaga, que dio un nuevo impulso a la economía local. Este hecho entusiasmó a los vecinos, que vieron en este medio de transporte una vía hacia el progreso. Más tarde apareció el transporte por carretera. Existe una simpática fotografía que muestra el choque que se produjo entre los dos únicos coches que había en el municipio.
Con la guerra civil, el nombre de numerosas calles cambió. Así, a la calle de la Feria se le pone Generalísimo Franco; a la Alameda, General Aranda, o José Primo de Rivera a la plaza Escamilla. A partir de la década de los 40 el pueblo se fue extendiendo, dado que la gente vive principalmente alejada del casco antiguo. Esta expansión se produce en forma de estrella, dado que del núcleo central, donde se ubicaba el antiguo castillo musulmán, parten las nuevas vías. Comienzan a habitarse las zonas de las Casas Quemadas, las calles Málaga, Manuel García, Jacinto Méndez, los Ángeles, Toledillo, Puerto de la Villa, Barranquillo de las Monjas, Gallardo o Matadero. Asimismo, se construyeron calles más anchas, propias de una cuidad del siglo XX, pero en convivencia con el Coín de vías estrechas y sinuosas que tanto gustan a los visitantes. y a los nativos.
Muestra de ello es la construcción de casas de promoción pública, a las que accedieron muchos vecinos de la localidad. Las casas de la calle Urbano Pineda, Pozo Solís y Pedro González Domínguez son un claro ejemplo de estas construcciones. A esta zona se trasladó el Juzgado de Coín, que posteriormente ha sido traspasado al Hospital de la Caridad. También comenzaron a edificarse algunas de las urbanizaciones El Rodeo, Miravalle, Las Flores y Las Palmeras.
CRECIMIENTO POBLACIONAL. Esta expansión urbanística se tradujo en un crecimiento poblacional, que se refleja en los datos del censo. Desde la década de los 50 hasta los 90, Coín llegó a superar los 20.000 habitantes, por lo que se constituyó en la localidad más poblada de la comarca del Guadalhorce. Esta situación permitió vivir unos años de gran productividad económica, con la proliferación de la construcción y la agricultura.
Tiene una enorme actividad del mercado de mayoristas, que hoy aún sigue siendo utilizado, aunque ya está proyectada la construcción de un recinto nuevo en las afueras del municipio, concretamente en el partido rural de la Trocha, que se constituirá en una importante zona de expansión gracias a las nuevas carreteras que pasarán en un futuro (carretera del Arco).
Esta vía permitirá conectar a Coín con Málaga y Marbella en escasos minutos, por lo que los vecinos de Coín confían que esta situación repercuta de forma positiva en el municipio. Sin embargo, a partir de los 90 la población comenzó a decrecer y actualmente se registran menos de 18.000 habitantes.
El comercio de los cítricos que se cultivan en la localidad es muy importante, ya que las naranjas, limones y mandarinas coínas son de excelente calidad. De estas huertas salen además nísperos, ciruelas, manzanas y una gran variedad de hortalizas y legumbres. Unos productos a los que se añade la popularidad del pan elaborado en los hornos coínos, en muchos casos amasado a mano y cocido con leña. Este pan se vende a diario en muchas localidades de la Costa del Sol, como ocurre con la pastelería artesanal, en la que destacan los roscos coínos, rellenos de «pan de higo».
La cría de ganado adquiere también cierta importancia y, sobre todo el porcino, que pone en funcionamiento una cadena de producción y venta de derivados del cerdo. Una elaboración que sigue la más antigua tradición y que se realiza tras ese rito en el que se convierte la «matanza» del cerdo.
Son las principales actividades a las que se dedica la población y en las que el trabajo artesanal cobra mayor importancia. En Coín se pueden comprar piezas de cerámica verde, típicas del lugar y que salen de los tornos de las alfarerías de toda la vida. La producción artesanal se mezcla con la industrial en búsqueda de un mayor desarrollo local. Destaca en este sentido el funcionamiento de cuatro cooperativas dedicadas a la confección y en las que se da empleo a un buen número de mujeres.
Es el día a día de un pueblo que ha crecido urbanísticamente de forma ordenada; así, la parte más moderna responde a una arquitectura que respeta las líneas tradicionales. Esto permite que, en conjunto, Coín conserve las características de un pueblo blanco.
El pueblo crece día a día y la oferta cultural y de ocio se amplia. Se pueden practicar deportes, acudir a exposiciones, disfrutar de conciertos, ya sea de música clásica o de lo último del mercado. Coín ha sido siempre un lugar donde se han dado cita jóvenes de distintos puntos de la provincia en búsqueda de ese tipo de actos. Hasta aquí se trasladan desde los pueblos más cercanos para unirse a la movida nocturna que comienza en los «pubs» del centro para trasladarse hasta las salas de fiesta y discotecas de las afueras.
Un destino obligado los fines de semana para pasar un día al aire libre y disfrutar de los exquisitos platos que se preparan en las ventas de los alrededores.
Un valle en el que se han dado cita durante siglos distintas civilizaciones que lo han ido poblando. Al abandonar Coín, tan sólo a siete kilómetros, aparece otro pueblo blanco, Alhaurín el Grande.
Para consultar datos estadísticos de Coín u obtener más información sobre nuestra localidad, aquí tienes estos enlaces:
Instituto de Estadística de Andalucía. IEA.