SEGUNDO TRIMESTRE.-

TEMA 5: MARTÍN LUTERO, LA REFORMA Y EL CONCILIO DE TRENTO.-

TEMA 6: EL CALVINISMO Y EL ANGLICANISMO.-

TEMA 7: LA IGLESIA EN AMÉRICA.-

TEMA 8: LOS ÚLTIMOS CONCILIOS.- VATICANO I Y VATICANO II.-

 

 
 

TEMA 5: LUTERO, LA REFORMA Y EL CONCILIO DE TRENTO.-

MARTÍN LUTERO Y EL LUTERANISMO.-

Martín Lutero nació en 1483 en  Eisleben, a los veintidós años, ingresó en la orden de los Agustinos. Desde 1512 hasta su muerte fue profesor de teología en la universidad de Wittenberg.

Como religioso era un hombre escrupuloso y devoto, animado de un sincero afán de santidad. Había entrado en religión en virtud de un voto hecho en momentos de extremo trastorno emocional. Su vida religiosa fue al principio, según parece, de piadoso celo, pero, transcurridos algunos años al serle confiados los pesados deberes de predicar y enseñar las Sagradas Escrituras y abrumado además por el peso de otros negocios externos, comenzó a resentirse su vida espiritual.

En vano sus superiores trataron de hacerle ver los peligros de su plan de vida.

El problema fundamental de toda su vida fue la cuestión de si, y cómo puede el hombre alcanzar la certeza de su salvación eterna; Lutero se inclinaba a pensar que la respuesta estaría en una fe incondicional en la gracia divina, confundiendo la doctrina de la confianza cristiana, fundamental en la teología católica, con el convencimiento personal de que esta esperanza había de verse cumplida.

Impresionado por la insistencia de San Pablo en la necesidad de la fe para la salvación, ignoró la insistencia igual con que el apóstol inculcaba la necesidad del amor y el arrepentimiento, confiando su salvación a la sola confianza en la redención de Cristo.

Este era el nuevo evangelio que Lutero se propuso predicar. Lo enseñó al principio sin renunciar a otros dogmas católicos, pero poco a poco, a medida que fue haciéndose evidente todo cuanto la herejía implicaba, la totalidad de la doctrina de la gracia se vio envuelta en la discusión.

En consecuencia, de acuerdo con Lutero, la gracia no es una realidad física creada por Dios en el alma santificando a ésta, sino simplemente la buena voluntad de Dios hacia el alma, gracias a la cual El la trata y la contempla como santificada, aunque no lo sea, por obra y gracia de la santidad de Jesucristo.

RESUMIENDO:

La Iglesia enseña que Dios imparte la santidad por obra y gracia de Jesucristo. Lutero enseñó que Dios imputa la santidad al pecador por obra y gracia de Cristo.

En 1506, Julio II comenzó la construcción de la que después sería la basílica de San Pedro en el Vaticano, para ello se había acudido a los fieles de todos los países para que sufragasen los gastos, concediendo indulgencias a los que, aportaran una cantidad, cuyo importe se dejaba a su criterio. Para animar a los fieles se habían nombrado predicadores especiales, uno de los cuales Tetzel, fue el causante del conflicto entre la autoridad eclesiástica y Lutero.

Muy importante y digno de tener en cuenta es el tiempo en que vivió Lutero. Papas y prelados eran causa de grave escándalo, notoriamente por la impureza de sus vidas, como en el caso de Alejandro VI; dedicando mayor celo al arte y la literatura que a la fe, como hizo León X; o como Julio II siendo antes príncipes de Italia que papas universales, preocupados ante todo por la defensa de su soberanía temporal.

Causa importante también del conflicto Luterano, fue el naciente nacionalismo y el conflicto entre lo teutónico y lo latino.

La totalidad del imperio nominalmente romano, pero de hecho germánico, era una inmensa pira de leña preparada para arder, a la que la publicación de las famosas 95 tesis de Lutero proporcionó la chispa fatal.

León X había concedido una indulgencia a todos aquellos que contribuyeran a los fondos para la reconstrucción de la gran basílica y capilla de San Pedro. Tal cosa era en sí misma algo corriente y nada excepcional.

La causa de la ofensa radicaba en el modo en que las limosnas de los fieles eran recogidas. La indulgencia iba a ser concedida y el dinero remitido a la Santa Sede vía Alberto, obispo de Brandemburgo, quien a cambio de ello iba a recibir parte del dinero recogido.

La publicación de la indulgencia enfureció a Lutero por motivos buenos, indiferentes y malos. Las posibilidades reales de que existieran abusos; el natural desagrado germano de que el dinero germano marchara para enriquecer y embellecer a Roma; el modo en que la doctrina de las indulgencias resume, implica e incluye la verdadera doctrina sobre el pecado, la gracia, el libre albedrío, el arrepentimiento, la comunión de los santos, la jurisdicción del papa, fueron todas ellas razones que empujaron a Lutero a reunir los elementos de su oposición en 95 tesis que siguiendo las costumbres de la época, clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittemberg, el 31 de octubre de 1517, como desafío a quien quisiera disputárselas.

Las tesis de Lutero, aunque por su forma no constituían mas que un asunto puramente escolástico, se difundieron enseguida por toda Alemania y despertaron la mayor expectación. También en Roma se tuvo pronto noticias de ellas; en 1518 León X citó en Roma a Lutero, Lutero no aceptó la retractación, y en 1520 por medio de la Bula Exurge

Domine, León X condena las doctrinas de Lutero y le amenaza a él mismo con la excomunión. Lutero quemó la Bula públicamente en Wittenberg, y en 1521 se dictó la excomunión solemne contra él.

COMIENZO DE LA APOSTASÍA.-

Desde la excomunión en 1521, Lutero se encontraba en una situación muy poco favorable. El emperador lo declaró proscrito, muchas universidades se pronunciaron contra él.

Los príncipes alemanes, en especial el elector de Sajonia, del que Lutero era súbdito, le ocultaron en la fortaleza de Wartburg, donde empezó su admirable traducción de la Biblia, y permitió que los amigos de Lutero abolieran en Wittenberg el culto católico y que los sacerdotes se casaran.

Como el emperador se había marchado a España, los príncipes católicos tomaron el asunto en sus manos y formaron una liga para proteger la religión.

Los príncipes que estaban al lado de Lutero y del elector de Sajonia, contestaron con la Liga de Torgau. Para evitar la guerra civil, la Dieta de Espira decidió en 1526 que cada príncipe introdujera o conservara en sus dominios la forma de religión que mejor le pareciera.

Aquel mismo año de 1526 la Dieta reconoció a los luteranos el derecho de formar religión, Clemente VII concertó la desdichada Liga de Cognac contra el Emperador, prestando así a los príncipes luteranos el mejor servicio que estos podían esperar.

Los rápidos progresos realizados por la reforma alarmaron a los demás príncipes, y en una nueva dieta reunida en Espira en 1529 se acordó que no hicieran mas reformas hasta la reunión del Concilio.

Seis príncipes del Imperio y catorce ciudades protestaron contra este acuerdo y de ahí les vino el nombre de protestantes.

Carlos V convocó para 1530 una Dieta en Augsburgo. En ella los protestantes presentaron un símbolo detallado de su fe, la famosa "Confessio Augustana". Su autor había sido Melanchthon. Carlos V no quiso entrar en negociaciones y se limitó a ordenar a todos que volvieran a la fe católica.

LA LIGA DE ESMALCALDA.-

Los príncipes protestantes formaron en Esmalcalda una nueva liga contra el emperador.

Los turcos habían sitiado a Viena y hacían progresos cada vez mas inquietantes y el emperador necesitaba la ayuda de todos los príncipes alemanes.

Los protestantes aprovecharon los apuros de Carlos V para arrancarle concesiones, en el compromiso de Nuremberg de 1532, el emperador tuvo que concederles el mantenimiento del status quo hasta la celebración del Concilio.

Pero ya nadie pensaba seriamente en la celebración de este. Cuando finalmente el Papa Paulo III en el año 1542 convocó el tan solicitado concilio, los príncipes protestantes y el propio Lutero, se negaron a participar en ella. Durante la ausencia del emperador los rebeldes ganaron nuevos miembros para la Liga de Esmalcalda, en contra de lo convenido en Nuremberg.

El emperador resolvió intervenir con las armas y derrotó en 1547 a la liga de Esmalcalda; exigió a los vencidos que se sometieran al Concilio que en el entretanto se había reunido en Trento. Lutero había muerto el año anterior.

Paulo III por distintas razones, trasladó el Concilio a Bolonia, cosa que ofendió grandemente al emperador, que pensaba que la celebración dentro de los estados pontificios no ofrecería a los protestantes las necesarias garantías de independencia.

Se desinteresó del Concilio y determinó llegar por su cuenta a un arreglo con los protestantes haciéndoles concesiones.

Publicó en la dieta de Augsburgo el llamado " Interim", una especie de formula neutral con concesiones como el cáliz de los laicos, el matrimonio de los sacerdotes o la secularización de los bienes eclesiásticos.

El emperador pudo arrancar de los príncipes protestantes la promesa de asistir al Concilio, una vez que Paulo III hubo vuelto a trasladar la asamblea a Trento.

LA PAZ DE AUGSBURGO.-

El elector de Sajonia había concertado una alianza secreta con Francia y se preparaba para dar un golpe de estado.

Carlos V pudo escapar de la emboscada que le habían preparado, en el ultimo momento, Concertó con los príncipes protestantes una especie de armisticio (El tratado de Passau) en 1552.

Fernando, rey de Alemania, firmó con los protestantes en Augsburgo, la paz definitiva en los siguientes términos:

* Se les reconoce en el Imperio la igualdad de derechos con los católicos.

* Los príncipes decidirán que religión deberá prevalecer en cada territorio, nunca los súbditos.

* Los príncipes espirituales (Obispos o abades) que quieran abrazar la nueva religión, podrán hacerlo a titulo personal, pero perderán su territorio.

De este modo se estableció la paz en Alemania.

Alemania quedó dividida en un gran numero de territorios, pertenecientes a distintas religiones.

Los protestantes rechazaban:

* La autoridad del papa y de los concilios.

* El magisterio eclesiástico.

* La ordenación de obispos y sacerdotes.

* El sacrificio de la misa.

* El culto a la Madre de Dios y a los santos.

* La doctrina de la justificación por los sacramentos y las buenas obras.

* El sacramento de la penitencia.

* La inspiración de ciertas partes de la Biblia y muchas otras doctrinas.

EL PROTESTANTISMO.-

Muchos cometerían el error de pensar que la equivocación principal del protestantismo sería el repudio por parte de este de la teoría sacramental o la libre interpretación de las Sagradas Escrituras.

La herejía tuvo sus orígenes en la negación, mucho más fundamental, de la doctrina católica de la gracia, Lutero la atacó y desfiguró de tal modo, que hoy, fuera de la Iglesia, no basta con decir que la doctrina es negada, sino que hay que aceptar que el mismo conocimiento de la misma no existe.

REFORMA Y RUPTURA DE LA UNIDAD CRISTIANA.-

El desarrollo fulgurante de la reforma a partir de 1520, anunciaba el fin de la ilusión humanista en materia religiosa y otros dominios. Las ideas directrices provenían simultáneamente de las antiguas herejías.

A pesar de su simpatías hacia muchas tesis de la reforma, los humanistas renunciaron adherirse a ella: Erasmo, que había intentado permanecer neutral en la disputa, fue atacado por ambas partes. La esperanza en la unidad cristiana y la concordia universal se vio tan cruelmente frustrada que Lutero, atrapado entre la Iglesia y el Imperio, tuvo que jugar contra estas potencias universalistas la carta del particularismo de los príncipes.

EL CONCILIO DE TRENTO.-

La convocatoria de un Concilio, era el ansia de todos. El mismo Carlos V esperaba hallar en las reformas del futuro Concilio, un terreno de avenencia entre las dos fracciones, católica y protestante, que cuarteaban la unidad moral y la solidez política de su imperio.

La necesidad de poner remedio a los graves males que amenazaban a la Iglesia, se hacía más urgente cada día.

El 22 de mayo de 1542, después de reiteradas instancias del Emperador Carlos V, el Papa Paulo III publicó la Bula de convocación de un Concilio General que habría de celebrarse el 1 de noviembre del mismo año.

La renovación de las luchas entre Francisco I y Carlos V, hizo que se retrasara el inicio del Concilio. Paulo III lo convocó de nuevo para el cuarto domingo de cuaresma de 1545.

El Papa perseguía un triple objetivo convocando el Concilio.

- Acabar con la división religiosa.

- Reformar la disciplina eclesiástica.

- Preparar una guerra (Bajo el signo de la cruz) contra los turcos.

El Concilio se desarrolló en tres periodos:

- Primer periodo     (1545 - 1549)

- Segundo periodo (1551 - 1552)

- Tercer periodo     (1562 - 1563)

PRIMER PERIODO. (1545 - 1549)

Las dos primeras sesiones se dedicaron ambas a asuntos de tramite y la tercera, después de jurar los Padres Conciliares  solemnemente el símbolo de la Iglesia (Credo), se aplazó hasta nuevo aviso.

En la sesión cuarta fue reconocida la VULGATA como texto bíblico autentico, aceptado por la Iglesia, y el único utilizable para la predicación, enseñanza y controversia religiosa. Solo la Iglesia puede interpretar la Biblia. También se aceptó, juntamente con la SAGRADA ESCRITURA, la TRADICIÓN como fuente de fe.

En la sesión quinta se puso a discusión la materia referente al pecado original, su naturaleza, sus consecuencias y su remisión por el bautismo. Al mismo tiempo se discutió el tema de la Inmaculada Concepción.

Luego se promulgó el decreto acerca del dogma del pecado original.

Interesante y larga fue la sexta sesión, en ella se trató acerca de la justificación.

Para la séptima sesión se propuso la cuestión de los sacramentos; respecto a estos se promulgaron trece cánones sobre los sacramentos en general, precedidos de una introducción sobre el bautismo y tres sobre la confirmación.

Durante la octava sesión se declaró la peste en Trento por lo que se trasladó el Concilio a Bolonia y allí se tuvieron la novena y décima sesiones.  

SEGUNDO PERIODO. (1551 - 1552)

Tras la muerte de Paulo III, subió al solio pontificio Julio III; su primer acto como pontífice fue convocar de nuevo el concilio de Trento para que prosiguiera sus tareas.

La sesión once declaró reanudado el Concilio y en la doce se concedió una prorroga porque aún no habían llegado los legados alemanes.

La sesión trece promulgó el decreto sobre la eucaristía:

" Nuestro Salvador, está presente con su propia sustancia, bajo las especies de  pan y de vino, de modo verdadero, real y sustancial.

Por la consagración, el pan y el vino se transforman, en cuanto a sustancia, en el cuerpo y en la sangre de Jesucristo, de manera que no quedan ellos, sino las especies. Y esta mutación se expresa exacta y convenientemente con la palabra  “Transustanciación ".

Se inició el estudio del sacramento de la penitencia y se elaboró un decreto sobre este sacramento.

Un nuevo decreto acabó de fijar el dogma sobre el sacramento de la Extremaunción.

En abril de 1552 se suspendió el concilio debido a una derrota del Emperador Carlos V.

TERCER PERIODO. ( 1562 - 1563)

Al poco tiempo de ser nombrado Pío IV, comunicó a los cardenales su deseo de continuar las tareas del Concilio emprendido en Trento, y encontró un valioso apoyo en su sobrino San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán.

La sesión diecisiete se celebró en enero de 1562 y sirvió para fijar la fecha de la siguiente.

La sesión dieciocho emitió un decreto concerniente a los libros prohibidos, y en las dos reuniones siguientes se dieron decretos que tuvieron por objeto, prorrogar el Concilio.

En la sesión veintiuna se dio en cuatro capítulos y cuatro cánones el decreto acerca de la comunión en ambas especies y el de la comunión de los niños; otro sobre la ordenación de los presbíteros y sobre la fundación de nuevas parroquias.

La sesión veintidós se dedicó al santo sacrificio de la Misa, proclamándose en ella que la misa es verdadero sacrificio propiciatorio y puede ser ofrecido por los vivos y por los muertos.

En la sesión vigésimo cuarta se dio el decreto dogmático sobre el matrimonio, considerado como sacramento, Se proclama la invalidez de los matrimonios clandestinos.

En la sesión vigésimo quinta se promulgó un decreto sobre el purgatorio, otro sobre la invocación y veneración de los santos, y otro sobre la reforma monástica.

Pío IV sancionó y promulgó los decretos del Concilio en 1563 y la mayor parte de los soberanos católicos los aceptaron como leyes del estado, aplicable por los tribunales civiles.

Francia, Suiza y Hungría nunca los registraron como tales leyes, pero los publicaron los obispos en sus diócesis y aplicaron progresivamente sus prescripciones disciplinares.

 

 
     
 

TEMA 6: EL CALVINISMO Y EL ANGLICANISMO.-

EL CALVINISMO.-

Calvino había sido quien había analizado, elaborado y revisado las herejías de Lutero. Era un abogado francés, nacido en 1509, que aceptó las nuevas doctrinas en su mayoría y gradualmente, a medida en que avanzaba en años, abandonó la ley y se dedicó a predicarlas y a la disputa en defensa de las mismas con palabras y escritos.

Su particular contribución al protestantismo fue la elaboración de todos los principios contenidos en las nuevas doctrinas:

- El libre albedrío.

- El pecado.

- La gracia.

- La salvación, ...

Negó el deseo de Dios de salvar a la humanidad y predicó que Dios había creado a algunos hombres destinados a la salvación, para gloria de su piedad, y a otros destinados a la condenación eterna, para gloria de su justicia, o mejor quizás, de su venganza.

Enseñó también, que la fe era el único medio de salvación, y no era necesaria la cooperación del pecador.

RELACIÓN ENTRE CALVINO Y LUTERO.-

En ambas familias espirituales el interés es el mismo: colocan en el centro de la predicación y de la vida de la iglesia el mensaje evangélico de la salvación por la gracia, por el único medio de la fe en Jesucristo. Tanto en la presencia como la acción de Cristo glorificado en las cenas Luteranas y Calvinistas están de acuerdo. En cambio no coinciden en la explicación de las modalidades de dicha presencia y acción. Pero en ningún caso aceptaran la tesis de Zuinglio, para  el que la eucaristía es solo un memorial cuyo elemento intrínseco, esta constituido por la piedad de los presentes, recordando a Cristo y reviviendo sus sentimientos propios al restituir la cena-recuerdo.

EL ANGLICANISMO.-

1. Extensión :

La comunión anglicana abarca actualmente unas 350 diócesis, con 42 millones de fieles, esparcidos por todos los continentes del mundo. La madre de todos los anglicanos es la iglesia de Inglaterra con las dos provincias de Canterbury y York. Con el crecimiento del Imperio británico empezó  la fundación de las iglesias sobre el modelo ya establecido en Inglaterra. De ahí la extensión del a. por todas las naciones de habla inglesa y por todos los territorios que han estado sujetos a la corona británica. Componen la Comunión anglicana los siguientes elementos :

1) La iglesia de Inglaterra, la única religión oficial de todo el estado. En otras partes, el anglicanismo queda en pie de igualdad con las demás denominaciones religiosas.

2) La iglesia de Irlanda, la iglesia de Gales, y la iglesia episcopaliana escocesa.

3) La iglesia de Inglaterra en Canadá, en Australia, Nueva Zelanda y la iglesia de la provincia de Sudáfrica.

4) La iglesia episcopal en EE.UU. ( "Protestant  Episcopal Church of América" ) la única parte de la comunidad anglicana que se llama protestante.

5)  Las muchas diócesis misioneras y las iglesias establecidas en las antiguas colonias británicas, ahora naciones independientes.

En los últimos años la comunión anglicana ha establecido relaciones de plena intercomunión con varias pequeñas iglesias separadas de Roma que se encuentran en una situación muy parecida a la suya. Es decir aunque separadas de la Santa Sede, reclaman para sí una continuidad apostólica en la fe y orden de la iglesia primitiva. Tales son: las iglesias viejo-católicas, la iglesia episcopal reformada española, la iglesia lusitana y la iglesia filipina independiente. Es de notar que estas no son iglesias anglicanas aunque están en plena comunión con la comunión anglicana. 

2. La Reforma en Inglaterra:

Según la iglesia anglicana  misma, su origen e historia son los de la iglesia católica en Inglaterra hasta el s. XV, y al encarar el tema de la reforma en Inglaterra, debemos recalcar que en este movimientos se produjo allí por causas y medios distintos, y con resultados diferentes, que el movimiento correspondiente en el continente. Allá aunque explotaba sin duda con fines políticos, fue en gran parte el fruto de una inquietud sincera por la reforma de abusos notorios, apoyada por grandes masas de gente humilde. En Inglaterra, al contrario, la Reforma fue impuesta desde arriba por un puesto renuente; y el protestantismo característico de la Inglaterra moderna es un fenómeno que se debe a motivos más bien políticos que religiosos.  

Que el cisma de Inglaterra con Roma se haya producido al mismo tiempo que Lutero dirigiera su revuelta contra la iglesia, es un hecho que a menudo da la impresión errónea de que en este momento Inglaterra se hizo luterana. En cambio, el rey Enrique VIII, que era un teólogo bastante capaz se opuso firmemente  a la nueva herejía y por su libro contra Lutero, mereció del  Papa el titulo de "Defensor de la Fe", que todavía ostentaban los monarcas ingleses pero Enrique tuvo un problema personal : No tuvo hijo varón que heredase el trono, y se enamoró de una joven de la Corte. Logró convencerse de que tenia motivos suficientes para divorciarse de su esposa, pues ésta estuvo desposada con el hermano muerto del rey (matrimonio que no fue nunca consumado) Había precedentes para la anulación de un matrimonio en tales circunstancias.

El Papa, Clemente VII, obsesionado por otras conveniencias políticas, pues la reina de Inglaterra era Catalina de Aragón, tía del rey Carlos I de España no pudo conceder a Enrique el decreto de nulidad, decisión a la que al rey hombre despótico y testarudo, se puso con la  promulgación de una serie de leyes (1534) que rompieron las relaciones normales de la iglesia católica en Inglaterra con Roma y colocaron a la corona en lugar del Papa como última fuente de jurisdicción en asuntos eclesiásticos ingleses.

Las "convocations" o sínodos de los obispos y el clero, protestaron fírmemente; pero se vieron reducidos al silencio de a ver violado colectivamente el viejo estatuto de praemunire (1393), que prohibe la injerencia de la curia  romana en asuntos legales ingleses. En el oeste y el norte de Inglaterra hubo revueltas populares que alcanzaron proporciones inusitadas. Con promesas, el rey logró persuadir a los rebeldes, les hizo deponer las armas los castigó sin piedad y, con la ayuda de algunos clérigos complacientes, como Cranmer, arzobispo de Canterbury impuso sobre la iglesia de Inglaterra la autoridad real en lugar de la del Papa. El cisma se realizó.

Desde aquí en adelante, con la excepción de un corto periodo con la reina María la antigua tradición cristiana en Inglaterra existiría en dos obras paralelas : estaban la gran mayoría que aceptaron forzosamente los cambios introducidos por el poder seglar, y que mantuvieron como mejor pudieron la fe católica dentro del marco de la iglesia oficial. Y estaban los que permanecieron fieles a Roma en una vida católica  subterránea, y que, tras un largo periodo de persecución, por fin en 1851 establecieron la jerarquía católica romana actual bajo la primacía de una nueva sede en Westminter.

Enrique VIII logró consolidar la ruptura con Roma por un golpe muy astuto. Bajo el pretexto de encontrar ilegalidades e inmoralidades, se apoderó del patrimonio de las órdenes religiosas y lo distribuyó entre sus partidarios, quienes, en adelante, tuvieron un mayor interés en impedir cualquier reconciliación con Roma. Muerto Enrique VIII, protestando hasta el fin con su ortodoxia católica y persiguiendo a los protestantes , le siguió en el trono su hijo Eduardo VI, un niño enfermizo en manos de un grupo de consejeros sin escrúpulos de los que más se habían beneficiado con el despojo de la iglesia. Además,  el nuevo rey era hijo de una relación no reconocida por Roma y por eso, a los ojos del Papa, su título al trono era invalido. La totalidad de los esfuerzos de sus consejeros fueron dirigidos hacia la seguridad y permanencia de la ruptura entre Inglaterra y Roma. Ahora, por primera vez, empezó una influencia masiva en Inglaterra del protestantismo europeo. En 1552 se impuso a la iglesia otro libro de oración común, más susceptible éste de interpretación protestante. Se prohibieron muchas de las ceremonias tradicionales y muchos de los ornamentos usuales de las iglesias cristianas, incluso muchas obras de arte de valor incalculable fueron arrancadas de las iglesias y destruidas. Pero hay que notar cuidadosamente que nada de este movimiento anglicatólico fue obra ni de la iglesia ni de la mayoría del pueblo de Inglaterra, ni fue aprobada por los mismos; fue exclusivamente obra del Estado, llevada a cabo por  motivos más políticos que religiosos.

Al morir el joven Eduardo VI en 1533, le sucedió su hermanastra María Tudor, hija de la primera esposa de Enrique VIII, Catalina de Aragón, única esposa legítima según el punto de vista católico. Era una católica muy devota y sincera; en seguida borró toda legislación cismática de sus predecesores, e Inglaterra volvió a la comunicación normal con la Santa Sede. La vuelta a la comunión con Roma era muy deseada por el pueblo de Inglaterra, aunque naturalmente era muy poco del agrado de la aristocracia advenediza enriquecida con los despojos de los conventos. Pero en su corto reinado de cinco años, María hizo, con las mejores intenciones pero con resultados desastrosos, dos cosas que iniciaron el sentimiento anticatólico popular en Inglaterra. Una fue su casamiento con Felipe II de España. La lucha en el mar por las riquezas de las Indias ya había enemistado profundamente a Inglaterra con España, y con este casamiento el pueblo inglés se vio en peligro de convertirse en vasallos  de la corona española. Fue un paso muy fácil transferir la hostilidad y  el miedo contra España a la fe católica, de la cual ha sido siempre España la defensora exima a través de toda su historia. El otro error de la reina María fue el cometer actos indiscretos de persecución. Cuando subió al trono, los protestantes ingleses de sincera convicción eran muy pocos y de influencia muy escasa. Pero persiguiéndolos implacablemente, condenándolos a la hoguera, lo que muchos soportaron, heróicamente, se les confirió la gloria del martirio, y por primera vez se suscitó en Inglaterra un interés popular en el protestantismo, con una veneración hacia sus próceres martirizados. Por eso la opinión pública de los siglos subsiguientes ha llevado esta nota anticatólica y aun antiespañola: tiene su origen en el temor a la dominación política española y en la persecución religiosa que se asocia con la idea de la Inquisición, tal como la representan los propagandistas protestantes.

3. El desarrollo del anglicanismo.-                                                                                      

A María le sucedió otra hija de Enrique VIII, la reina Isabel I. Era hija de otra de las uniones ilegítimas contraídas por el rey en desafío contra el Papa. Por eso, aunque sus propias convicciones parecen haber sido mas católicas que protestantes, a ella le convenía volver a la política cismática de su padre. Pero al hacer definitivo el asentamiento del sistema religioso anglicano que aún subsiste en Inglaterra, la reina Isabel lo hizo a pesar de la abierta oposición de los obispos, el clero y el pueblo de Inglaterra, entre quienes todavía constituían una mayoría abrumadora los de ideas católicas. Del arreglo de Isabel en asuntos religiosos, Maitland, reconocido como la máxima autoridad en materia constitucional inglesa , dice: " La Convocatoria de Canterbury se reunió cuando lo hizo el parlamento, y la cámara del clero se decidió por la transustanciación, y el sacrificio de la Misa, y la supremacía romana; también protestaron inútilmente de que los laicos intervinieran en la fe, culto o disciplina(17 feb 1559).

Los obispos se mantuvieron firmes: la Reforma sería un golpe de Estado sin precedentes".

Se ve cómo en este momento en que la ruptura con Roma quedó definitivamente consumada, la voz oficial de la Iglesia de Inglaterra, la convocation de la nobleza y el clero, protestó ampliamente a la devoción por la doctrina y la disciplina católica, y su lealtad a la autoridad espiritual de la Santa Sede. Nunca hubo la menor referencia a la creación de una nueva iglesia o se introdujera una nueva religión; y aun cuando la mayoría de los obispos dimitieron en señal de protesta contra las acciones de Isabel, se tomaron las precauciones para la continuación del sacerdocio católico en la Iglesia de Inglaterra. La bula Apostolicae Curae (1896) del Papa León XIII negó la validez de las ordenaciones anglicanas. Sin embargo, los anglicanos siguen defendiendo la validez de sus ordenaciones, y hay indicios de que Roma reconsiderará el problema a la luz del ambiente ecuménico actual (v.Common Player Book).

Después de la separación de Roma, muchos protestantes extranjeros de sincera convicción luterana o calvinista se refugiaron en Inglaterra , formando sectas a las espaldas de la Ley de Uniformidad de Culto, y esforzándose en todo lo posible para apoderarse de la Iglesia nacional, borrar sus tradiciones católicas y hacerla una secta netamente protestante. De ahí nace esta tensión, entre un ala derecha católica, o "alta iglesia" (High Church), y un ala izquierda protestante, o "baja iglesia" (Low Church),que caracteriza a la Iglesia anglicana. La historia eclesiástica del periodo Estuardo (1603 /88) es una lucha sin tregua entre la tendencia protestantizante de los puritanos, y la tendencia catolizante de los reyes apoyados por la mayoría del clero anglicano para la posesión de la Iglesia nacional. Los reyes de la dinastía Estuardo, con la excepción del  primero, eran hombres de sentimientos católicos, y los dirigentes espirituales como Hooker, Laud y Law, siguieron una tradición más católica que protestante, con miras más a los Santos Padres de la Iglesia que a los  heresiarcas contemporáneos.

Pero si éste era un concepto más popular entre el clero durante la época Estuardo, la burguesía, en cambio, ahora por primera vez consciente del poder político que le confería su dinero, era de tendencias netamente protestantes y puritanas. Por eso, unos de los motivos principales de la guerra civil de 1642 fue un conflicto religioso. Los puritanos vencieron, y el rey Carlos I pereció en el patíbulo en 1649, siendo considerado por los anglicanos un santo y mártir, ofreció su vida por no traicionar a la Iglesia de Inglaterra y abandonarla al protestantismo presbiteriano. Siguió luego un periodo de persecución para la Iglesia anglicana, promovido por los puritanos debido a su carácter - a sus ojos - demasiado católico, de la doctrina y culto de aquélla. Como era de esperar el pueblo inglés se cansó pronto de este régimen austero impuesto por los puritanos. Así, al morir el caudillo puritano Cromwell el pueblo inglés dio una calurosa bienvenida al hijo del rey martirizado Carlos II. Éste, aunque hombre de vida personal no ejemplar tuvo simpatías católicas, pero a la luz del destino trágico de su padre cuidó mucho de no hacerse enemigos por algún despliegue indiscreto de celos religiosos. Ahora la tradición anglicana estaba bien establecida en el pueblo inglés, que recibió con júbilo la vuelta de los antiguos curas párrocos con la liturgia ya acostumbrada y amada del  Player Book.

Bien pronto ocurrió otro desastre para la vida cristiana en Inglaterra. Durante los 100 años de separación de Roma, la opinión pública inglesa, antes completamente católica, se habían acostumbrado a la idea de que los católicos romanos eran enemigos políticos de la nación. Por eso, cuando el rey siguiente, Jaime II, que se mostró abiertamente católico, quiso poner fin a toda persecución de los católicos romanos, la nación protestó tan enérgicamente que el rey tuvo que refugiarse en Francia, donde la casa real Estuardo terminó sus días en el exilio. Como sucesor en el trono, el Parlamento eligió  a Guillermo de Orange, esposa de María la hija mayor del rey desterrado. Guillermo III era protestante calvinista de una familia que destacó en la historia como paladín de la lucha contra el imperialismo católico de España en los Países Bajos. Ocupó el trono de Inglaterra precisamente por su oposición al catolicismo; desde entonces data la ausencia política netamente protestante en Inglaterra. En la antigua Misa de la coronación del rey,  todavía en uso, en la cual el monarca jura defender la fe católica, el Parlamento insertó un nuevo juramento adicional - el de mantener la religión protestante - evidentemente con una intención más política que teológica, pues el antiguo juramento de defender la fe católica, acompañado por la entrega de un anillo simbólico, subsistió, y subsiste hoy. Entonces, los elementos más espirituales y doctos del clero de Inglaterra (The Non-juros, "no jugadores") rehusaron tomar el juramento de fidelidad al nuevo rey, puesto que todavía vivía el rey legalmente coronado al cual ya habían jurado fidelidad; se retiraron de sus beneficios, y puesto que no quisieron fundar una nueva secta por sus convicciones de orden católico desaparecieron poco a poco. En su vida retirada siguieron practicando una interpretación católica del culto anglicano si bien orientándose hacia la iglesia oriental más que hacia Roma.

Comenzó a sentirse en Inglaterra un rápido descenso. El protestantismo celoso, activo y espiritual de las sectas disidentes era proscrito por la ley, a la par del catolicismo romano. Bien pronto el Parlamento tuvo que llevar un nuevo príncipe protestante extranjero para suplir una falta en la sucesión directa. Vino Jorge I, de la casa real de Hannover en Alemania. Era luterano y hablaba solamente alemán. Por eso descuido completamente la conservación de las tradiciones espirituales de Inglaterra. Los obispos eran nombrados por el gobierno por motivos políticos únicamente, y muchos clérigos consideraban su función como poco más que un medio de vida digna y cómodo para los hijos menores de las clases pudientes. Así, el siglo XVIII fue una época durante la cual la religión, por lo menos en sus manifestaciones en la vida pública de la nación, estaba casi moribunda.      

 

 
     
 

TEMA 7: LA IGLESIA EN AMÉRICA.-

Tenemos dificultades para imaginar el choque que pudo constituir, para los hombres de finales del siglo XV y comienzos del XVI, el descubrimiento de un mundo desconocido, América.

El asombro fue, por otra parte, reciproco: ambas partes se preguntaban si la otra pertenecía al mismo tipo de género humano.

El relato mas asombroso de esta doble fascinación, y de los necesarios y crueles reflejos de defensa, nos la brinda la narración de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, que atravesó la América del Norte de una parte a la otra.

Esto hace que nos quedemos menos asombrados de que pudiera debatirse, durante mucho tiempo, por los filósofos y teólogos españoles el espinoso problema de saber si los indios no eran una categoría inferior de seres humanos: ¿ de qué clase eran esos seres que vivían desnudos, trabajaban solo para alimentarse y no le dedicaban sino un interés muy mediocre al oro ...?

Ante esta inédita manifestación del designio de Dios abriendo un nuevo espacio al evangelio, los poderes temporal y espiritual reaccionaron. Hablando de la colonización en su testamento, declara Isabel la Católica: " Nuestra principal intención era atraer a los pueblos de estas regiones y procurar su conversión a nuestra santa religión".

La donación Alejandrina de 1493 (Alejandro VI) por la que se efectuaba el reparto del mundo descubierto y por descubrir entre España y Portugal, afirma el deber de evangelización. Pero en la mente de los conquistadores, el apetito de riquezas y la evangelización, no eran en absoluto incompatibles. Bernal Díaz, el segundo de Hernán Cortés en Méjico, y también su cronista, lo dice crudamente: "Hemos venido aquí para servir a Dios y para enriquecernos al mismo tiempo".

La conquista diezmó las distintas poblaciones; la mala alimentación para un trabajo agotador en las minas, la esclavización o al menos la servidumbre y el sistema de reparto engendraron una sociedad desigual.

La evangelización, era también brutal, así "El Requerimiento", resumen rudimentario de la historia de la salvación, que era recitado ante los indios y por medio del cual se les invitaba a convertirse al Dios de los blancos, pronto tuvo que ser abolido.

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS.-

Este español de Sevilla, fue el primer sacerdote ordenado en 1512 en el Nuevo Mundo. En la Española y después Cuba, se adhirió al sistema de colonización que expoliaba a los indios. Tras haberle sido negada la absolución de estos pecados por uno de los dominicos que con Montesinos en 1511 se habían levantado contra este estado de cosas, cambió de óptica, se convirtió y liberó a sus esclavos, luego se embarcó para España con el fin de abogar en favor de los indígenas.

Tras ser nombrado protector de los indios, intentó una experiencia de cohabitación entre indios y labradores españoles, que fracasó desde el principio. Esta es también la época en que propuso reemplazar los esclavos indios por otros venidos de África, cosa de la que se arrepintió muy pronto.

En el terreno de la evangelización, las Casas se levanta, contra la destrucción precipitada de los ídolos y la erección de cruces en su sitio; levantar cruces sin preparación, sin explicación, sin catequesis " es inútil y superfluo, porque los indios pueden creer que se les propone con ello un nuevo ídolo que figura ser el Dios de los cristianos".

Se imponía una reflexión sobre los métodos de evangelización, sobre el lugar de las religiones y de las culturas, y la búsqueda de soluciones pastorales, mas conformes con el equilibrio de la fe, de la gracia y de la naturaleza. El itinerario y la acción de Bartolomé de las Casas constituye un primer intento.

Mas tarde obtiene del Emperador Carlos V las llamadas “Leyes Nuevas” para proteger a los indígenas. En 1543 es nombrado obispo de Chiapas y comienza a formar parte del Consejo de Indias. Fue entonces cuando intentó desarrollar una experiencia de evangelización pacifica en su diócesis, entre tribus consideradas como muy agresivas. Lleva a buen puerto la pacificación y el anuncio del evangelio en este territorio que toma el nombre de Verdadera Paz.

En 1547, vuelve definitivamente a España y renuncia a su obispado en 1550. Por un lado, se consagra en lo sucesivo a la defensa de los Indios, mostrando las destrucciones y exacciones cometidas contra ellos, y por otro se dedica a manifestar la falta de legitimidad de la conquista y la necesidad de restituir aquello de que han sido expoliados los indígenas.

LAS REDUCCIONES DEL PARAGUAY.-

La palabra REDUCCIONES designa en el siglo XVI y en el tiempo que sigue, colonias de tribus indias, nómadas hasta entonces, en proceso de sedentarización.

La extraordinaria aventura de una república compuesta por millares de indios, bajo la dirección de los misioneros jesuitas, que duró un siglo y medio, entre 1610 y 1768, es uno de los acontecimientos mas asombrosos de la historia de la Iglesia.

Paraguay debe ser entendido en sentido amplio, pues el territorio ocupa una gran extensión de las cuencas de los grandes ríos de América Latina, donde se unen los actuales Paraguay, Uruguay, Argentina y Sur de Brasil.

El objetivo esencial de las “Reducciones” es la puesta en practica, concreta y duradera, de una evangelización pacifica. Fueron los franciscanos los primeros que las concibieron para las tribus guaraníes, mediante un hábil sistema que incorporaba costumbres indígenas y una verdadera cristianización.

Los jesuitas que suceden a los franciscanos, van a perfeccionar un sistema de evangelización original, cuya característica estriba en proteger a los indios de toda incursión armada o mercantil.

El primer pueblo, llamado Loreto, fue organizado en 1610, con la conformidad de Felipe III, que otorgó un estatuto especial a las reducciones, colocadas bajo la soberanía directa del rey de España y confiadas a la abnegación de la Compañía de Jesús. Estas disposiciones fueron renovadas en 1631, 1633, y en 1647.

Los indios eran agrupados en ciudades, que contaban en ocasiones con varios miles de habitantes. La disposición de los edificios comunes eran uniforme y comprendía la iglesia, la escuela, el cementerio, el ayuntamiento, el hospital, la casa de viudas, la residencia de los jesuitas, etc. Todas las actividades se desarrollaban en lengua guaraní.

Siguiendo la célebre pedagogía jesuita se reservaba un gran espacio al deporte, al teatro y a las fiestas. El suelo pertenecía a la comunidad y todo estaba puesto en común. Cada familia tenía el uso de una casa, entregada en el momento de la boda. La vida allí era sencilla, piadosa y austera. El trabajo propiamente dicho, obligatorio para todos, incluidos los jefes tradicionales, ocupaba seis horas cada día. La misa se celebraba todos los días y era obligatoria para los niños; se recurría ampliamente a los cánticos y a la música.

El catecismo se cantaba también en la lengua local. La ropa era uniforme y el alcohol

estaba prohibido en las reducciones. Los jesuitas intentaron adaptar costumbres locales y cristianizarlas, pero parece ser que la poligamia fue uno de los principales obstáculos para el bautismo. La pena de muerte no existía en todo el territorio.

Cabe imaginar que esta reserva de tierras y sobre todo, de potencial mano de obra, excitaron las envidias.

La primera amenaza tuvo lugar en 1628, portugueses mestizos del Brasil, los Paulistas (De Sao Paulo) también llamados mamelucos (Esclavo) se consideraban como buenos cristianos, pero no estaban menos decididos a terminar con este cuerpo extraño a la colonización.

Los jesuitas, batidos por esta banda armada, organizaron el repliegue de la población a tierra española, 80.000 personas atravesaron las selvas y los ríos entre 1629 y 1631. En 1635 obtuvieron los jesuitas la autorización real para dotar a los indios de armas de fuego, lo que les permitió ganar la batalla decisiva de Mbororé en 1641. Diez años mas tarde hubo otro intento, además de algunas refriegas, aunque los indios pudieron desarrollar su vida pacíficamente, bajo el cayado de los misioneros durante un siglo.

Los jesuitas muy criticados en el mundo católico, ligados directamente a Roma y en este caso también al rey de España, fueron objeto de una investigación por sus procedimientos en el Paraguay.

Se les reprochó su autoritarismo y un cierto paternalismo, que les habría impedido suscitar vocaciones sacerdotales y religiosas entre los guaraníes.

Pero la GRAN CÉDULA del rey Felipe V de 1743 les hizo justicia. En 1744 ya estaban constituidas varias repúblicas indias.

Fue entonces cuando el Marqués de Pombal, señor todopoderoso de Portugal entre 1755 y 1777, muy representativo del anticlericalismo activo de las Luces, logró derribar el edificio por vía diplomática.

El 13 de enero de 1750 concluyó con España el Tratado de Madrid que llevaba el nombre de los Limites, donde se modifican las fronteras y se amputaba a la república guaraní la mitad de su territorio.

Los jesuitas recibieron del general de la Compañía, el Padre Visconti, la orden de someterse, pero los habitantes decidieron resistir.

De 1754 a 1756 las tropas de España y Portugal tuvieron que hacer frente a la resistencia armada, primero victoriosa en 1753 y 1754, pero a la que vencieron en las reducciones del este en la batalla de Cyabaté, y los guaraníes tuvieron que huir. Mientras que en 1771, el nuevo rey de España, Carlos III, denunciaba el Tratado de Madrid, y florecían las otras reducciones, estas fueron alcanzadas por el odio que perseguía a la Compañía de Jesús en Europa.

En 1767 los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios españoles, medida que se hizo aplicable a las reducciones al año siguiente.

Finalmente la Compañía de Jesús fue suprimida por Clemente XIV en 1773.

Montesquieu, Voltaire, D’Alembert y los artículos de la Encyclopédie no tienen mas que elogios para la organización política de las reducciones.

 

 
     
 

TEMA 8: LOS ÚLTIMOS CONCILIOS.- VATICANO I Y VATICANO II.-

Tres siglos habían pasado desde el Concilio de Trento. En el siglo XIX el Racionalismo ornado de diversos ropajes provenientes de las escuelas acatólicas invadía todo:

El Racionalismo materialista para el cual solo existe materia y son vanas las palabras Espíritu y Dios.

El Racionalismo positivista que no admitía mas conocimientos que los dados por la experiencia sensible.

El Racionalismo idealista alemán que al par que divinizaba al hombre negaba la existencia de un Dios personal.

El Racionalismo teológico que negaba la revelación sobrenatural, rechazaba la inspiración de las Sagradas Escrituras, ponía en duda la posibilidad de los milagros y buscaba la interpretación natural de los misterios sobrenaturales.

Otro de los grandes males que afligían a la Iglesia venía de parte de los llamados católicos liberales en cuyos escritos trataban de desacreditar los actos de la Santa Sede, enseñando que el poder ejercido por el Papa era una injusticia y hasta una usurpación de los derechos que el evangelio y la doctrina de la Iglesia otorgaba a los Obispos y a los fieles como comunidad de bautizados.

Además de estos peligros filosóficos, otros muchos venían a cernirse contra los principios de la Iglesia.

En política, los gobiernos europeos, que hasta el siglo XVIII eran casi todos oficialmente católicos, iban cayendo poco a poco en el laicismo y en el ateísmo.

En lo social aparecían los primeros teorizantes del socialismo y poco después Lenin levantaría la pancarta del comunismo.

Dentro de la misma iglesia también existían desuniones y diferencias de criterios, entre los que condenaban las tendencias modernas de la sociedad y los que estaban de acuerdo con ellas (Modernismo).

El Concilio Vaticano I.-

Convocación del Concilio.-

El 6 de diciembre de 1864 Pío IX comentaba al Sacro Colegio de cardenales la idea de convocar un Concilio Ecuménico. Comenzaron los trabajos preparatorios, se crearon comisiones y fue el 29 de junio de 1867, festividad del martirio de San Pedro y San Pablo, cuando el Papa Pío IX anunció solemnemente la celebración de un Concilio, que habría de celebrarse en el Vaticano.

Mediante la Bula “Aeterni Patris” convocó el Concilio que se inauguraría el 8 de diciembre de 1869.

En este concilio se deberá examinar con el mayor cuidado y determinar lo que reclamen especialmente en estos tiempos difíciles:

La mayor gloria de Dios.

La integridad de la fe y el esplendor del culto divino.

La salvación eterna de los hombres.

La disciplina del clero secular y regular y su formación.

La observancia de las leyes eclesiásticas.

La reforma de las costumbres.

La educación cristiana de la juventud.

La paz y la concordia universales.

La oportunidad de la convocación de un concilio era grande.

No obstante las dificultades de toda índole, el 8 de diciembre, después de un día de abstinencia y ayuno, prescrito por el Santo Padre al mundo católico, se abrió en Roma el XX Concilio Ecuménico Vaticano I.

Setecientos cuarenta y siete padres conciliares, tomaron parte de las sesiones conciliares, entre ellos muchos españoles.

La marcha de las sesiones del concilio era la siguiente:

Después de los estudios elaborados por las comisiones antes nombradas, se tenían las congregaciones generales secretas, en las que solamente los Padres discutían los esquemas preparados por las comisiones.

Luego se tenían las sesiones publicas y las solemnes en las cuales se sometían a la aprobación definitiva de miembros del Concilio los cánones y capítulos confeccionados y acordados en las congregaciones generales.

Por último la confirmación del documento por parte del Sumo Pontífice.

En el Concilio Vaticano I hubo hasta 89 congregaciones generales y cuatro sesiones publicas.

Primera fase del Concilio.-

El día 24 de abril de 1870 fue aprobada la Constitución “Dei Filius” de la que el Cardenal Mannig dijo: “es la afirmación mas amplia y audaz de orden sobrenatural y espiritual que se haya lanzado nunca hasta el presente a la faz del mundo.

Los cuatro capítulos tratados en la mencionada constitución se refieren a Dios, a la Revelación, a la fe y las relaciones entre la fe y la razón.

Segunda fase del Concilio.-

Se llevaron a cabo algunos estudios sobre diversas reformas disciplinares (Obispos, Sínodos y Vicarios generales y Sede Vacante). Se trató la reforma de los Orientales Unidos, de la conveniencia para toda la Iglesia de u catecismo uniforme, de la vida común delos sacerdotes, del celibato eclesiástico, etc.

Tercera fase del Concilio.-

Una cuestión candente era el asunto de la Infalibilidad del Papa. Entre los padre conciliares se repartían las opiniones, de una parte unos creían que había de definirse inmediatamente la infalibilidad pontificia.

En contra de estos y defendiendo que dicha definición no era oportuna en las presentes circunstancias se formó un segundo grupo.

Muchas peticiones habían llegado a la Comisión para que se incluyera la infalibilidad de Papa. Los debates generales sobre el esquema se prolongaron durante semanas. Después de largas discusiones cuyo interés se elevó al máximo se puso a votación la formula dogmática de la infalibilidad. De 601 padres presentes a la votación, 451 votaron si, 88 no y los 62 restantes votaron “ según como”.

La sesión solemne y publica se tuvo el 18 de julio y de los 535 padres solo se oyeron dos “No”. Al sancionar el papa con su suprema autoridad la Constitución Apostólica “Pastor Aeternus” los obispos que habían votado el “No” se sometieron inmediatamente a la definición del Concilio.

El mundo católico recibió con gran alegría la definición dogmática de la infalibilidad pontificia.

Suspensión del Concilio.-

Después de la IV sesión fueran muchos los Padres que volvieron a sus diócesis.

Además la guerra franco-prusiana que estalló al día siguiente de la promulgación de la Constitución “Pastor Aeternus” obligó a los obispos  de estas naciones a salir de Roma para reunirse con sus diocesanos.

El 11 de septiembre 60.000 hombres penetraron en os Estados de la Iglesia y se fueron apoderando poco a poco de las ciudades pontificias.

El 20 empezaba el asalto a la Ciudad Eterna, se izó la bandera blanca en el castillo de Sant’Angelo, entraron los piamonteses en Roma. Solamente dejaron al Papa, el Vaticano y sus jardines. A partir de este momento está prisionero de Víctor Manuel dijo el Papa Pío IX a los diplomáticos. El 20 de octubre se suspendía el Concilio:

“Declaramos el Concilio suspendido y rogamos a Dios, dueño y vengador de su iglesia, de pronto a su fiel Esposa la paz con la Libertad.

El Concilio Vaticano II.-

El 28 de octubre de 1958, Radio Vaticana anunció la subida al Solio Pontificio del Cardenal Roncali, que tomaría el nombre de Juan XXIII.

El 25 de enero de 1959, en la celebración de la conversión del apóstol San Pablo, en la Basílica Romana que lleva su nombre, anunció su deseo de convocar un Concilio Ecuménico.

Con la intención de salir al paso de las necesidades del pueblo cristiano, el Santo Padre, anunció tres acontecimientos de gran importancia:

* Un Sínodo Diocesano para la ciudad de Roma.

* Un Concilio Ecuménico para la Iglesia Universal.

(La convocación de un Concilio Ecuménico, como edificación del pueblo cristiano, y como invitación a las comunidades separadas para buscar la unidad que tantas almas de todos los puntos de la tierra anhelan hoy)

* La puesta al día del Código de Derecho Canónico.

El proyecto del Papa para el Concilio era el siguiente:

“... El cual ofrecerá un admirable espectáculo de concordia, unidad y unión de la Santa Iglesia de Dios, ciudad puesta encima de un monte;

... será por su misma naturaleza, una invitación a los hermanos separados que se honran con el nombre de cristianos a volver al rebaño universal...”. (4 de abril de 1959)

Ortodoxos y protestantes tributan una amistosa bienvenida a la convocación del Concilio, ya que incluye la intención de conseguir “la unidad cristiana”. La solución al problema estará en la definición de “Iglesia”; para nosotros es una sociedad perfecta fundada por Cristo. Para ellos una agrupación formada por creyentes que han tomado a Cristo por Jefe.

Los ortodoxos ante el Concilio.-

Atenagoras I en su mensaje al pueblo decía:

“Esta sede Santísima, Apostólica y Ecuménica, y Nos personalmente en oración continua por la Iglesia de todos, acogemos con gozo toda llamada sincera a la paz, venga de donde viniere y particularmente, nótese bien, cuando esta llamada proviene de un centro cristiano como el de la antigua Roma...

La imagen dolorosa de la humanidad ... nos impone a nosotros... el deber imperativo de mostrar en común al mundo de hoy, que los adelantos técnicos no bastan para crear una civilización mundial sin fundamentos espirituales...

Por consiguiente estamos dispuestos a aportar abundantes oraciones y suplicas, a fin de aliviar la angustia de las naciones y de consolidar firmemente la esperanza de los hombres en la perspectiva de un futuro mas dichoso” 

Los protestantes ante el Concilio.-

El presidente del Consejo Nacional de Iglesias norteamericano dijo:

“Todo lo que constituya un paso mas hacia la unidad de la Iglesia será bien recibido. La condición tiene que ser que se trate de una mutua comunicación colectiva y no de una sobre las demás iglesias”.

El obispo protestante de London (Ontario) ha dicho:

“Todo depende de lo que para el Papa signifique la expresión “Buscar la Unidad”. Si ello quiere decir unirse a Roma, entonces el signo es poco esperanzador”.

El arzobispo anglicano de Quevec dijo:

“Se trata de un desarrollo interesante” y “cualquier invitación, será cuidadosamente considerada”.”Tengo la esperanza de que cómo consecuencia del Concilio llegaremos a estar un poco mas cerca unos de otros”.

FASES DEL CONCILIO VATICANO II.-

Periodo antepreparatorio.-

1959 - 1960

Periodo preparatorio.-

1960 - 1962

Primera etapa conciliar.-

Octubre - Diciembre de 1962

3-VI-1963.- Muerte de Juan XXIII.

21-VI-1963.- Elección de Pablo VI.

Segunda etapa conciliar.-

Septiembre - Diciembre de 1963

Tercera etapa conciliar.-

Septiembre - Noviembre de 1964

Cuarta etapa conciliar.-

Septiembre - diciembre de 1965

DOCUMENTOS EMANADOS DEL CONCILIO VATICANO II.-

CONSTITUCIONES.-

Dogmáticas:

- Lumen Gentium, sobre la Iglesia.

- Dei Verbum, sobre la divina revelación.

Pastorales:

- Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual.

- Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia.

DECRETOS:

- Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los seglares.

- Ad gentes, sobre la actividad misionera de la iglesia.

- Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo.

DECLARACIONES:

- Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa.

- Gravissimum educacionis, sobre la educación cristiana de la juventud.

- Nostra aetate, sobre las relaciones de la iglesia con las religiones no cristianas.

BREVES PONTIFICIOS:

- Ambulate in dilectione, por el que se levanta la excomunión a Miguel Cerulario (1054).

MENSAJES:

- Ad omnes, de los Padres del Concilio a todos los hombres.

- Del Concilio a la humanidad.

... Finalmente, es a vosotros, jovenes de uno y otro sexo del mundo, a quienes el Concilio quiere dirigir su último mensaje. Porque sois vosotros los que vais a recibir la antorcha de manos de vuestros mayores... vais a formar la sociedad de mañana, os salvareis o perecereis con ella. Es para vosotros, sobre todo para vosotros, por lo que la Iglesia acaba de alumbrar en su Concilio una luz, luz que alumbrará el porvenir.

La Iglesia está preocupada porque esa sociedad que vais a constituir respete la dignidad, la libertad, el derecho de las personas, y esas personas son las vuestras.

En el nombre de Jesús os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías. Luchad contra todo egoísmo. Negaos a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males.

La Iglesia os mira con confianza y amor... Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo. Precisamente en nombre de Cristo os saludamos, os exhortamos y os bendecimos.