Curso Monográfico

Arte, Cultura y religiosidad popular.

Selección y secuencia de contenidos

 

Bloque 1: El primer arte cristiano, (hasta el 313).-

a)       El oscuro origen de las imágenes.

b)       La primera iconografía cristiana.

 

Bloque 2: Dos siglos de crecimiento, (313 – 526).-

a)       El arte, espejo de la fe.

b)       Las sagradas imágenes.

 

Bloque 3: El arte bizantino, (527 – 726).-

                  a)  El declive del siglo VII.

 

Bloque 4: El problema de las imágenes, (727 – 867).-

                  a)  La querella de las imágenes y las secuelas de Bizancio.

 

Bloque 5: Dos siglos de hierro y oro, (867 – 1050).-

                 a)  El arte hispano – árabe.

 

Bloque 6: El Románico, (1050 – 1200).-

                 a)  La iconografía románica.

 

Bloque 7: El Gótico, (1200 – 1398).-

                   a)  El Cister y la resistencia a la iconografía.

 

Bloque 8: El Renacimiento 1, (1398 – 1503).-

                a)  Los primitivos flamencos.

 

Bloque 9: El Renacimiento 2, (0503 – 1590).-

a)       Arquitectura renacentista en los reinos hispánicos.

b)       Escultura renacentista en la Península Ibérica.

c)       Pintura Española.

 

Bloque 10: El Barroco, (1590 – 1780).-

 

                         a)   Reforma, Contrarreforma y Barroco.

                    b)   La escultura Barroca en España.

                         c)    La Pintura española del siglo de oro.

 

Bloque 11: El Neoclasicismo, (1789 – 1914).-

                   a)   La iconografía religiosa.

 

Bloque 12: El Modernismo, (1914 – 2000).-

a)       El arte Modernista.

b)       Un expresionismo cristiano.

c)       Una iconografía problemática.

d)       El arte cristiano y la liturgia post-conciliar.

 

 
     
 

TEMA 1.- EL PRIMER ARTE CRISTIANO.- (Hasta el 313)

 

¿De qué sirve un ídolo, obra de escultor,

si es imagen fundida, oráculo engañoso?

¿Puede en él confiar su creador,

artífice de ídolos mudos?

Habacuc 2, 18

 

a)     EL OSCURO ORIGEN DE LAS IMÁGENES.-

 

La opinión común de los especialistas de la arqueología cristiana ha sido que la primitiva Iglesia se mostró reacia a las imágenes.

La imaginería no tenía sentido, porque la verdadera imagen de Dios es Cristo Jesús, y también el hombre santificado por la gracia, o mejor, la congregación de los elegidos.

 

Hasta nosotros han llegado testimonios escritos de autores de los primeros siglos que dan la razón a quienes piensan que la ausencia de imágenes respondía al pensamiento de los lideres de la Iglesia.

 

En consecuencia, las primeras figuras que adornan las paredes de las catacumbas tuvieron que ser símbolos y alegorías. Durante los tres primeros siglos, mientras el arte cristiano cementerial va enriqueciendo su repertorio iconográfico, simbólico en su mayoría, la prevención oficial contra los iconos debió mantenerse, como consecuencia de la doctrina de los Apologétas de la época anterior.

 

Henri Leclercq dice:

“El arte cristiano de los primeros siglos, debe poco a la jerarquía de la Iglesia, apenas la tolerancia, pues se introdujo en ella como un intruso y de una manera tan limitada, tan modesta, que se necesitó tiempo para darse cuenta de que existía y que quería vivir y ser reconocido”

 

Parece que existe un “ANICONISMO” reconocido en la piedad de las comunidades cristianas primitivas.

 

En el arte plástico paleocristiano podemos encontrar:

-         Arte abstracto: meramente ornamental.

-         Arte figurativo: con significación simbólica, alegórica o narrativa.

-         Arte icónico: que es aquel en el que el artista invita al contemplador a concentrar su atenta y devota mirada en la figura o retrato de una persona.

 

Habría que dar por excluida la idea de la creación de imágenes, en cuanto hoy entendemos los iconos, para el culto y la veneración, comunitaria o particular, hasta bien entrado el siglo IV.

b)    LA PRIMERA ICONOGRAFÍA CRISTIANA.-

 

Las mas antiguas figuras que hallamos en las paredes de las catacumbas y en los relieves de los sarcófagos no son anteriores al siglo III y casi en su totalidad son figuras simbólicas o alegóricas. 

 

 

 

 

 

 

 

El caso de las figuras narrativas de la Capilla de Dura Europos (Hoy en el museo de la Universidad de Yale) suele considerarse excepcional.

En un estilo torpe y rudimentario, por lo que interesan mas al arqueólogo que al historiador de arte, se ven a medias o se adivinan algunas figuras evocadoras de la salvación, como el Buen Pastor, Adán y Eva en el paraíso, la curación del paralítico, San Pedro sobre las aguas, la samaritana, etc.

En todo caso, tales frescos figurativos “son las únicas figuras cristianas que subsisten en un edificio de superficie anterior a la paz de la Iglesia (313 - 380)”.

 

Las mas antiguas catacumbas de Roma descubiertas en 1578 se conocen por los nombres de Calixto, Domitila, Pretextato y Priscila.

El auge de estos cementerios subterráneos pertenece al siglo IV, cuando tuvo un enorme desarrollo el culto a los mártires.

 

Pero se sabe que la catacumba de Calixto existía ya bajo el papa Ceferino (199-217) y que del mismo siglo III es la cripta de Ampliato de la catacumba de Domitila y la famosa Capella Graeca de la de Priscila.

 

Puede decirse que es en las paredes de esas altas y estrechas galerías, junto a una infinidad de inscripciones, donde nació el primer arte cristiano, un arte sencillo, ingenuo y casi doméstico.

 

Las imágenes que empezaron a esbozar aquellos artistas parecen una “Plegaria figurada” mas que una catequesis o una exposición doctrinal.

 


 
 

 

 

 

 

 

 

Los primeros artistas cristianos echaron mano, ante todo de símbolos naturales; el pez, en especial el delfín, el pastor llevando la oveja sobre los hombros, el jardín idílico. Estos artistas cristianos no tuvieron ningún reparo en utilizar los mismos recursos que se utilizaban en las fábulas paganas, en la mitología pagana, si de allí podía derivar una significación cristiana.


El arte de las catacumbas buscó también el simbolismo en la Biblia. Lejos de rechazar el contenido de los relatos bíblicos, cuya historicidad era rigurosamente mantenida, los maestros del pensamiento cristiano se las apropiaron viendo en ellos tipos y figuras anunciadoras de los acontecimientos y personajes del Nuevo Testamento.

Abraham sacrificando a su hijo Isaac era una figura típica de Dios sacrificando a su Hijo para la salvación de los hombres.

Noé salvándose con su familia en el arca hacia pensar en Cristo triunfante de la muerte y salvando a su familia, la Iglesia.

Moisés haciendo brotar el agua milagrosa de la roca figuraba la sangre brotada del costado de Cristo crucificado, porque “la roca es Cristo”, como había dicho S. Pablo.

Jonás vomitado por la ballena después de tres días tenía su pleno sentido si se pensaba en Jesús vomitado por la tierra al tercer día de morir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Daniel en el foso de los leones. (Iglesia de Santa Cruz, Ecija)

Ananías, Azarías y Misael, los tres jóvenes hebreos en el horno de Babilonia.

Susana asediada por los viejos, etc. eran escenas que representaban fácilmente la misión salvadora de Cristo.

 

En cuanto a la vida de Jesús como fuente de la temática artística, el arte de las catacumbas y de los sarcófagos mas antiguos revela su preferencia por unos pocos milagros cuya representación vuelve insistentemente:

-         El ciego de nacimiento

-         El paralítico

-         Lázaro resucitado, etc.

 

C) CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS.-

Al principio se evita la perspectiva, se acentúa la frontalidad de las figuras y se parcela el espacio disponible en pareces y techos mediante redes de guirnaldas y esquemas lineales trapecios y círculos).

También puede constatarse la coherencia con el estilo de las pinturas profanas coetáneas, aunque con un trazo mas fluido y un colorido mas impresionista.

El instintivo rechazo de la escultura pagana exenta, heredado por tradición de la ley judía, influye para que el arte plástico de esa primera edad cristiana se concentre casi exclusivamente en un arte bidimensional, que aparece con especial claridad en los relieves de los sarcófagos.

 

Los que se han conservado hasta hoy parecen algo posteriores a las mas antiguas pinturas de las catacumbas. En cuanto a sus temas, se prefieren las dos figuras simbólicas la del Pastor y la del Filósofo.

 

En ambos casos todo gira en torno a la idea de la salvación y de la oración de súplica.

En cambio como rasgos diferenciadores y propios de la plástica, habría que subrayar la importancia del tema del Filósofo, que mientras en la pintura es menos frecuente y se concreta en una figura aislada que pronto desaparece, en los sarcófagos es tema principal.

 

 Característica de los relieves es también la combinación del Filósofo con el Pastor y la Orante, la del Buen Pastor entre cabezas leoninas y la costumbre de ligar temas bíblicos con figuras simbólicas paradigmáticas, válidas en el mundo pagano.

Pero mas interesante que el estilo artístico de pinturas y relieves, es el sentido que aquella primitiva cristiandad, asediada por un mundo hostil quiso dar a sus primeras manifestaciones artísticas.

                                                         “Tenemos un Salvador” parece decirnos este primer arte cristiano con una emotiva elocuencia.

                                                          Las escenas tan repetidas de Noé, Jonás, etc. eran la expresión plástica de una oración                                                           que debió estar continuamente en los labios y el corazón de aquellos creyentes que vivían en                                                            continuo riesgo de prisión, tortura y muerte.

                                                         Las primeras figuras de Jesús no son pues, representaciones que tengan relación con                                                           problemas de cristología; no abordan el tema de la personalidad de Cristo, sino el de su                                                             misión.

                                                            Para aquellos primeros cristianos Jesús es ante todo Salvador.

                                                           Bien entrado el siglo II, cuando el evangelio empezaba a ser aceptado en elites cultas de la                                                           sociedad, la cristiandad tuvo que enfrentarse a un nuevo peligro: el rechazo critico y el                                                             orgulloso sarcasmo contra el evangelio por parte de los sabios de este mundo.

 

 

 

 

 

 

La respuesta de los cristianos a las preguntas que se planteaban desde las corrientes filosóficas griegas y romanas se hacía visible en el arte; en las abundantes representaciones del Filósofo con las que quería evocar que Cristo era el “Verdadero Maestro” que traía al mundo la verdadera sabiduría tal como proclamaba en sus escritos Taciano, San Justino, San Ireneo, Clemente de Alejandría y sobre todo Orígenes.

Finalmente no puede olvidarse que la acción salvífica de Cristo, junto con su doctrina, estaba ligada a los sacramentos, del Bautismo y de la fracción del pan (Eucaristía).

En los relieves funerarios como en las pinturas de los hipogeos, las evocaciones del bautismo de Jesús y los símbolos o figuraciones de convite iban destinadas a hacer sentir a los fieles que los sacramentos del bautismo y la eucaristía eran fuentes de salvación eterna.

El arte del siglo III da pues testimonio de esos matices del pensamiento y la sensibilidad de la comunidad cristiana.

 
     
 

TEMA 2.- DOS SIGLOS DE CRECIMIENTO.- (313 – 526)

a) EL ARTE, ESPEJO DE LA FE.-

 

Las imágenes de los siglos IV y V son las que mejor muestran, y con una evidencia mas impactante que en ninguna otra época de la historia cristiana, la correspondencia entre el arte y la fe.

La evolución del arte iconográfico en este siglo refleja, por tanto, la manera de sentir la figura de Cristo en cada momento.

Del interés por mostrar la MISIÓN salvadora de Jesús, se pasa al misterio de su misma PERSONA.

Desaparece el símbolo del filósofo y casi completamente el del Buen Pastor, desaparecen las escenas bucólicas destinadas a evocar el paraíso de los creyentes y las ovejas pierden su significación genérica y dan paso a símbolos de personas, como por ejemplo los apóstoles, tal como aparecen en los sarcófagos.

Por encima de otras figuras alegóricas, ahora el CORDERO es el símbolo del mismo Cristo inmolado por el genero humano.

Cristo es el cordero místico, el cordero del Apocalipsis, el cordero entronizado y sacrificado, el único digno de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, el honor, la gloria, la alabanza (Ap 5, 6 – 14).

 

Si la figura del Buen Pastor es sustituida poco a poco por la del Cordero, la del filósofo va siendo reemplazada a su vez por la de Jesús, no tanto como maestro sino como Señor.

Cristo “Es el Señor” la imagen visible de Dios invisible. Cristo entrega su ley a Pedro y a Pablo, al primero como figura de la Iglesia que tiene su origen en los circuncisos, al segundo como figura de aquellos que vienen de la gentilidad.

Montano en el siglo II y luego su discípulo Tertuliano habían inducido a que algunos negaran a la Iglesia la potestad de perdonar determinados pecados. La reacción de la Iglesia oficial quedó expresada en imágenes. Grande había sido el pecado de Pedro al negar a Cristo en su pasión, pero ese pecado no fue bastante para impedir el perdón de su Señor y la concesión al pecador arrepentido de la suprema dignidad de Pastor de toda la Iglesia.

La historia de San Pedro, desarrollada en el episodio del canto del Gallo, constituye uno de los capítulos mas reiterados y emotivos del arte iconográfico de estos siglos.

La reiteración iconográfica de los temas petrinos (S. Pedro) tienen relación con esta renovada conciencia del primado romano.

 


Es ahora cuando la escena de la entrega de las llaves o simplemente la imagen de Pedro con la llave en la mano, va resultando frecuente, sobre todo en el ambiente romano.

  

b) LA ARQUITECTURA Y SU DECORACIÓN.-

Las invasiones de los pueblos del Norte provocan el ocaso de la cultura occidental.

Finalizada la era Constantiniana, desaparece la confianza en el apoyo del poder temporal del Imperio.

La oscuridad se cierne sobre el porvenir de la Cristiandad y mas que nunca, es necesaria la fe en la asistencia del Espíritu Santo. Una asistencia que ahora se simboliza en el Trono, antes ocupado visiblemente por el Señor de la historia y que ahora queda vacío, aunque cubierto por insignias elocuentes para quienes conservan la fe.

 

En Roma la basílica de Santa Sabina, es un perfecto modelo de esta época. Lo mas celebre además de su altura interior son los paneles de las puertas, entre los que aparece quizás por primera vez en el arte cristiano la escena de la crucifixión.

 

Santa María la Mayor, construida por el Papa Liberio (352 – 356), y reconstruida por el Papa Sixto III (432 – 440), destaca por los magníficos mosaicos del arco triunfal, llamado “Arco Efesino”, porque tales mosaicos dedicados a la Virgen María, representada con el atuendo de una augusta emperatriz, testimonian la voluntad del Papa Sixto de expresar la “Maternidad divina” de la Virgen María definida el año anterior en el Concilio de Éfeso (431).


 

La Iglesia de los santos Cosme y Damián, construida por el Papa Felix IV (526) en la concha absidal y a un nivel superior aparece la majestuosa figura de Cristo, vestido de blanco sobre un fondo cielo azul y nubes rojas, haciendo un gesto de aclamación con la mano derecha mientras su izquierda sostiene el volumen de su ley; una efigie que anuncia ya la “MAIESTAS” de la Edad Media.

 

En Nápoles es importante la basílica de San Jorge Mayor, que conserva columnas, capiteles, ábside, transepto y un baptisterio de los mas antiguos de Italia que  se puede ver con cúpula sobre trompas del siglo V.

 

Con los edificios de Ravena, el arte conoció medio siglo de prosperidad artística influenciado por el arte de Bizancio.

Merece la pena recordar además de la Basílica de San Juan evangelista, el mausoleo de Gala Placidia (450), pequeña construcción de planta cruciforme y cubierta de cúpula sobre pechinas, que remite a modelos de arquitectura oriental; dedicado originariamente a San Lorenzo, sus paredes están revestidas de mármoles amarillos y de mosaicos; son los mas antiguos de Ravena, en ellos domina el azul y el oro. Encima de la puerta aparece la imagen serena y benigna de un juvenil Buen Pastor en medio de sus ovejas.

 

 

 

El Baptisterio de los ortodoxos (450) tiene en el centro una cúpula revestida de mosaicos en la que se representa la escena del bautismo de Jesús.

 

 

c) LA ICONOGRAFÍA DE LOS SANTOS.-

La era de la tolerancia y de la paz en la época del Emperador Constantino provocó un auge extraordinario de la devoción a las reliquias de los mártires. Roma era la gran proveedora de las reliquias.

La idea de que el lugar mas adecuado para los restos de un mártir era la proximidad del altar del sacrificio de Cristo, creó la costumbre de que el establecimiento de lugares de culto no se hiciera sino mediante la colocación de reliquias.

 

Las “MEMORIAS” de los mártires eran visitadas frecuentemente por los fieles. Las honras que allí recibían, las lamparas y cirios que allí se encendían en su honor, los cantos que allí se entonaban, no podían menos que sugerir a los paganos que no había diferencia con las honras que ellos les tributaban a sus dioses.

 

Por otra parte era fácil que de la dedicación de los “MARTYRIA” en recuerdo y honra de los mártires, se pasara a dedicarles iglesias y basílicas. Es verdad que San Agustín, para evitar equívocos, argumentaba que “No les dedicamos templos, sino memorias” y que el Papa San Dámaso quiso dejar claro que la Iglesia con la que quería honrar al mártir San Lorenzo quedaba consagrada solamente a Dios.

 

A partir de entonces, ya no podía extrañar que así como las basílicas se revestían de mosaicos que recordaban al Salvador, los episodios de su vida, su pasión y su resurrección, se sintiera ahora la necesidad de decorar las nuevas iglesias con las efigies de los mártires y los santos, y que esa piedad suscitara en muchos el apetito de poseer iconos de los santos de su devoción particular.

Especialmente en Oriente se hizo costumbre normal que un artesano piadoso o un monje ferviente posea en su taller o en su celda un icono santo, lo proteja con una cortina, le encienda una lámpara o una candela y lo rodee de solicitud y devoción. Incluso ya a fines del siglo IV, el pueblo de Antioquía veneraba imágenes de su Patriarca San Melecio a los cinco años de su muerte.

 

Es pues evidente que al menos en el transcurso del siglo V, se estaba pasando de una imaginería meramente decorativa y narrativa o didáctica, con fines recordatorios y especialmente destinada a los lugares de culto colectivo, a la producción de iconos de veneración particular.

 

 
     
 

TEMA 3.- EL ARTE BIZANTINO.- (527 – 726)

a)     EL DECLIVE DEL SIGLO VII.-

 

b) LA PINTURA BIZANTINA.-

La pintura bizantina se encuentra representada por tres tipos estrictamente diferenciados en su función y forma: los iconos, las miniaturas y los frescos. Todos tuvieron un carácter eminentemente religioso y si bien predominaron las formas preciosistas ornamentales, no careció esta disciplina del profundo misticismo común a todo el arte bizantino.

 

Los iconos eran cuadros portátiles originados en la pintura de caballete griega cuyos motivos se reducían a la imagen de la Virgen, sola o con el niño y al "retrato" de Jesús.

Las miniaturas eran la pinturas con las que se ilustraban o iluminaban los libros y, al igual que los iconos, experimentaron su apogeo a partir del siglo IX.

 


                                                      
 

 

DEISIS

 

 

 

 

La temática de las mismas estaba limitada por el texto del libro, por lo común de contenido religioso o científico. Los frescos vivieron su época de mayor esplendor en Bizancio cuando a partir del siglo XV, por problemas de costo, suplantaron al mosaico. La pintura ganó así en expresividad y naturalismo, acentuando su función narrativa, pero resignando parte de su simbolismo.

 

Combinado con la pintura o en solitario y con más preponderancia que ésta, por lo menos entre los siglos VI y VII, la técnica figurativa más utilizada fue el mosaico.

Sus orígenes se remontan a Grecia, pero es en Bizancih donde por primera vez se utilizarán para embellecer muros y bóvedas y no solamente suelos.

En un comienzo los motivos eran tomados de la vida cotidiana y de la corte, pero luego adoptaron toda la iconografía cristiana, convirtiéndose en el elemento decorativo exclusivo de lugares de  culto (iglesias, batisterios y martyrion).

 

 

Tanto en la pintura como en los mosaicos se siguieron los mismos cánones de diseño, simbología y color: espacios ideales en fondos dorados, figuras estilizadas tocadas con coronas de piedras preciosas para representar a Cristo, María, santos y mártires, y paisajes más bien abstractos en los que un árbol simbolizaba un bosque, una piedra una montaña y una onda de agua, un río. La iglesia se convertía así en el modelo terrestre del prometido paraíso. El hombre era el canon, la medida y la imagen de Dios.

Estos principios básicos de representación se hallaban establecidos formalmente: primero se procedía a realizar el contorno de la figura, luego el modelado del cuerpo, ropa y accesorios, y finalmente el rostro. La variedad representativa más interesante se dio en torno a la figura de María.

Existían tipos de simbología definidos. Por ejemplo: con la mano derecha sobre el pecho y el niño en la izquierda era la "Hodigitria" (la conductora); acompañada del monograma de Cristo era la "Nikopeia" (victoriosa) y alimentando al niño, la "Galaktotrophusa".

 

 

c) EL ARTE TRANSPORTABLE.- EL MUNDO DE LOS ICONOS.-

Si tomamos este termino en el sentido restringido que se le da en Occidente, el historiador constata que, de los iconos anteriores al periodo iconoclasta, la mayoría de los que han llegado hasta nosotros, provienen del Monasterio de Santa Catalina del Sinaí.

Sus caracteres técnicos y estilísticos son comunes a casi todos: hieratismo y frontalidad de las figuras, estilización de las líneas, geometrización orientada hacia el simbolismo y hacia la belleza plástica con predominio del cromatismo, fondo de oro, etc.

Entre los iconos Sinaíticos, datados por Weitzmann en el siglo VI, destacan por su belleza, un busto del Pantocrator de unos 80 cm., pintado a la encaustica que expresa con hieratismo la divinidad del Salvador, evitando la rigidez de una excesiva simetría, otro Pantocrator, otro de la Theotókos, y el de San Pedro.

 
     
 

TEMA 4.- EL PROBLEMA DE LAS IMÁGENES.- (727 – 867)

a) LA QUERELLA DE LAS IMÁGENES Y SUS SECUELAS.-

Los historiadores no han llegado a la unanimidad sobre las razones que movieron al Emperador León III el Isáurico a decretar la eliminación de las imágenes en su Imperio.

Es posible que le movieran motivos de orden religioso, pero también político. Tal vez quiso menoscabar el predominio popular de los monjes, e incluso acabar con la misma institución monástica para apoderarse de las riquezas de los monasterios. En todo caso, no hay que olvidar que el uso y el culto de las imágenes no se había impuesto sin resistencias entre el mismo clero ilustrado, y que el decreto imperial contra las imágenes, cuyo texto no nos es conocido, encontró inmediata adhesión en algunos obispos de Oriente, sobre todo en los que alimentaban ideas afines tanto a los Monofisitas como a los Nestorianos.

 

La persecución se inició a principios del 727. El emperador ordenó destruir el icono de Cristo que se hallaba sobre la puerta del palacio, y las turbas enfurecidas asesinaron al espatario imperial y a sus oficiales cuando intentaban cumplir aquella orden. Antes de tomar decisiones drásticas, el emperador intentó ganar para sus ideas al Patriarca Germán y al mismo Papa Gregorio II. Este respondió severamente y sus escritos de replica, llenos de referencias a la Biblia y a la tradición de los Padres de la Iglesia, constituyen el primer tratado teológico sobre la licitud de las imágenes. León III destituyó al Patriarca Germán y lanzó una campaña de destrucción y quema de imágenes y una persecución sistemática contra los iconodulos, especialmente contra los monjes, muchos de los cuales fueron sometidos a la tortura y al martirio.

 

San Juan Damasceno, desde el monasterio de San Sabas, en Palestina, escribió sus discursos sobre las imágenes con los que proporcionó a los iconodulos los argumentos que legitimaban el uso y culto de las imágenes, argumentos que se fundamentan en el principio de que “ la materia es hermosa “ y e que mediante la contemplación de las obras artísticas sensibles ascendemos a la contemplación espiritual.

“EL ARTE ES COMO UN LAZARILLO QUE NOS LLEVA DE LA MANO HACIA DIOS”

El papa Gregorio III que sucedió a Gregorio II en el 731, confirmó la doctrina de su predecesor y condenó a cuantos se opusieran a la veneración de las imágenes y las destruyeran o profanaran.

Constantino V, hijo de León III, acentuó las medidas represivas de su padre. Y en 754 convocó un concilio iconoclasta en Hieria en el que encontró el apoyo de muchos obispos. En él anatematizó al Patriarca Germán de Constantinopla y a Juan Damasceno. A la persecución del Emperador y sus escritos fueron respondiendo con enérgicas condenas los Papas que se sucedieron en Roma durante esos años, hasta que a la muerte de Constantino V su hijo y sucesor León IV moderó la persecución y permitió el regreso de algunos monjes exiliados. A su muerte en 780, su esposa Irene, regente durante la minoría de su hijo Constantino VI, restableció el culto a las imágenes.

Fue el momento oportuno para que el nuevo Patriarca Tarasio promoviera la celebración de un Concilio ecuménico. Este se reunió en Nicea en 787 y con la asistencia de los delegados papales, confirmó la doctrina de Juan Damasceno y apelando a la tradición, puso los cimientos no solo del culto a las imágenes sino también de la que habría de ser la estética cristiana.

Fue Teodoro Estudita quien desarrolló la teología ortodoxa del culto a las imágenes, insistiendo en que el culto no recae sobre la imagen material, sino sobre la persona de aquel a quien la imagen representa.

Desde entonces puede decirse que el cristiano oriental debiera orar delante del icono como delante de Cristo, sin que corra el peligro de convertirse en ídolo o fetiche.

El cristiano oriental se libera de una identificación con la imagen, mediante un apremiante sentido de presencia en el icono. Esta presencia confiere al icono una especie de energía sobrenatural que hace de él algo parecido a un sacramental.

La adhesión a las imágenes reemplazó a la devoción a las reliquias, y se propagaron leyendas sobre prodigios obrados por los iconos. Proliferaron mucho las imágenes de las que se decía que no habían sido hechas por manos de hombres, sino bajadas del cielo.

De la decoración de las iglesias bizantinas nada se ha conservado. Los mosaicos eran anicónicos, representaban escenas de cacería, juegos circenses, formas geométricas, y fueron luego destruidos cuando vino la restauración del culto a las imágenes. Estas a su vez fueron desapareciendo cuando las iglesias se convirtieron en mezquitas.

Sin restar importancia a la catástrofe que para la historia del arte supuso la destrucción de los iconos, hay que advertir que este periodo no constituyó un vacío absoluto para el arte bizantino, ya que todo esto le sirvió para purificarse y dar paso al arte carolingio.

b) ULTIMO PERIODO DE LA PINTURA BIZANTINA.-

Desde el punto de vista iconográfico, hay que señalar que se mantienen algunos temas antiguos como el Pantocrator, la Virgen María, los Doce apostoles, y las doce festividades litúrgicas; pero se propagan con mayor insistencia otros temas como la Deesis, el bautismo de Cristo, la Dormición de la Virgen, los Arcangeles y los santos patronos locales del mundo bizantino.

Desde el punto de vista estilistico se busca decididamente la profundidad en los paisajes, destacando la situación de los diversos planos de la escena mediante elementos arquitectónicos, como ocurre en los mosaicos del templo monasterial de Chora en Constantinopla y en la pintura al fresco de su Parekklesión, una Anástasis de incomparable grandeza.

Hay además una clara tendencia naturalista, una especial habilidad para situar a los personajes en el espacio por medio de atrevidos escorzos e incluso a presentarlos con tres cuartos de perfil.

 

 
     
 

TEMA 5: DOS SIGLOS DE HIERRO Y ORO, (867 – 1050).-

                

a)  EL ARTE HISPANO – ÁRABE.-

 

MOZARABE: Es el nombre con el que se denominaron los cristianos que permanecieron fieles a su fe en los territorios conquistados por el Islam y que tuvieron un fuerte influjo cultural y técnico de parte de los invasores islámicos.

 

Llamamos HISPANO-MOZARABE al arte fronterizo que presenta rasgos específicos que lo distingue del arte asturiano y del de otras regiones con estilística románica.

 

b) LAS IGLESIAS MOZÁRABES.-

 

Los rasgos mas característicos de las iglesias mozárabes son:

-         Una compartimentación rectangular del espacio, formando un todo organizado con un sentido algo laberíntico.

-         Aparejo de mampostería irregular.

-         Vuelta al arco de herradura.

-         Cubierta de cúpula en el cuerpo central y gallonada en los ábsides.

 

El mas bello modelo de iglesia de nuestro siglo X es Santiago de Peñalba en León.

El carácter fronterizo de la arquitectura cristiano-mozárabe explica lo reducido de sus dimensiones, así como esa compartimentación del espacio de culto que evoca situaciones de emergencia.

Los espacios cuadriculados y cerrados no corresponden ya a grandes y heterogéneas comunidades celebrantes.

La compartimentación del espacio refleja mas bien la soledad del individuo, el aislamiento del hombre que “Con temor y temblor” trabaja por su salvación, siempre apremiado por terrores escatológicos.

 

La decoración plástica de estos monumentos fue muy sobria y generalmente anicónica.

 

 
     
 

TEMA 6: EL ROMÁNICO, (1050 – 1200).-

 

a)  LA ICONOGRAFÍA ROMÁNICA.