Vida pública.-
Acompañado por sus seguidores, Jesús
recorrió las regiones de Galilea y Judea predicando el
evangelio y realizando numerosos
milagros. El
orden de los hechos y dichos de Jesús varía según los
diferentes relatos evangélicos. Tampoco se indica cuánto
tiempo duró la vida pública de Jesús, aunque el
Evangelio de Juan menciona que Jesús celebró la fiesta
anual de la Pascua judía en Jerusalén en tres ocasiones.
Los sinópticos se refieren solo a una fiesta de Pascua,
durante la cual Jesús fue crucificado.
Gran parte de los hechos de la vida
pública de Jesús narrados en los evangelios tienen como
escenario la zona septentrional de
Galilea, en las
cercanías del
mar de Tiberíades,
o lago de Genesaret, especialmente la ciudad de
Cafarnaúm, pero
también otras, como
Corozaín o
Betsaida.
También visitó, en el sur de la región, localidades como
Caná o
Naín, y la aldea
en la que se había criado,
Nazaret, donde
fue recibido con hostilidad por sus antiguos convecinos.
Su predicación se extendió también a
Judea (según el
Evangelio de Juan, visitó
Jerusalén en
tres ocasiones desde el comienzo de su vida pública), y
estuvo en
Jericó
y Betania (donde resucitó a
Lázaro).
Escogió a sus principales seguidores, llamados en los evangelios
Apóstoles, en
número de doce, de entre el pueblo de Galilea.
En los sinópticos se menciona la
lista siguiente:
Simón, llamado Pedro
y su hermano
Andrés;
Santiago el de Zebedeo
y su hermano
Juan;
Felipe y
Bartolomé;
Tomás y
Mateo el publicano;
Santiago el de Alfeo
y
Tadeo;
Simón el celoso
y
Judas Iscariote,
el que le posteriormente traicionaría a Jesús.
El Evangelio de Juan solo menciona
los nombres de nueve de los apóstoles, aunque en varios
pasajes hace referencia a que eran doce.
Predicó tanto en
sinagogas como
al aire libre, y las muchedumbres se congregaban para
escuchar sus palabras. Entre sus discursos, destaca el
llamado
Sermón de la Montaña,
en el Evangelio de Mateo. Utilizó a menudo
parábolas para
explicar a sus seguidores el Reino de Dios. Las
parábolas de Jesús
son breves relatos cuyo contenido es enigmático, que a
menudo han de ser después explicadas por Jesús.
Entre las más
conocidas están la parábola del sembrador, la de la semilla que crece; la del grano
de mostaza, la de la cizaña, la de la oveja perdida, la
del siervo despiadado, la de los obreros enviados a la
viña, la de los dos hijos, la de los viñadores
homicidas; la de los invitados a la boda, la de las diez
vírgenes, la de los talentos. Dos de las más conocidas
aparecen solo en el Evangelio de Lucas: se trata de las
parábolas del
samaritano
y del
hijo pródigo. En
las parábolas, utiliza Jesús frecuentemente imágenes
relacionadas con la vida del mar o del campo.
Mantuvo controversias con miembros de
algunas de las más importantes sectas religiosas del
judaísmo, y muy
especialmente con los
fariseos, a
quienes acusó de hipocresía y de no cuidar lo más
importante de la
Torá: la
justicia, la compasión y la lealtad.
La originalidad de su mensaje
radicaba en la insistencia en el amor al enemigo así
como en su relación estrechísima con Dios a quien
llamaba en arameo con la expresión familiar Abba-Padre. Se
trata de un Dios cercano que busca a los marginados, a
los oprimidos y a los pecadores para ofrecerles su
misericordia.
La oración del
Padre nuestro,
que recomendó utilizar a sus seguidores, es clara
expresión de esta relación de cercanía con Dios antes
mencionada.