UNIDAD DE COMPRENSIÓN LECTORA.

 

Lee con atención el siguiente texto y realiza las actividades propuestas.

 

 

 

JUAN SIN MIEDO

 

Érase una vez un chico tan valiente, tan valiente que no sabía lo que era el miedo. Por eso lo llamaban Juan Sin Miedo.

 

Juan Sin Miedo quería sentir todas esas emociones de las que les habían hablado sus amigos: el miedo a los FANTASMAS, al CONDE DRÁCULA, al HOMBRELOBO, a FRANKENSTEIN, a la OSCURIDAD, a quedarse SOLO, a los MONSTRUOS imaginarios, a la VIOLENCIA...

 

Para experimentarlo, Juan decidió encaminarse al Gran Castillo Embrujado del que se decía que aquel que llegaba nunca volvía.

 

No tardó mucho en hallarse ante las enormes puertas del castillo que se abrieron entre un estruendoso chirriar de cadenas y alaridos de demonios.

 

- Hombre estoy de suerte - dijo en voz alta -, no tengo que usar llave y además estos ruidos son de lo más agradable.

 

Avanzó hacia el interior del castillo atravesando un jardín de cuyos árboles colgaban cabezas y cadáveres de horripilantes rostros.

 

- ¡Bah, todo esto es de plástico! - Comentó el muchacho sonriendo -. ¿Y con esto voy a saber lo que es el miedo? ¡Hasta risa me da, ja, ja, ja...!

 

Cuando llegó a los aposentos del castillo, como estaba algo cansado se sentó en un confortable sillón y se quedó dormido. Al poco rato el sillón comenzó a dar vueltas y más vueltas inclinándose ora aquí ora hacia allá, a veces como un ventilador otras como una batidora. La velocidad alcanzó tal punto que cualquiera se hubiera cagado de miedo, pero Juan despertó alegremente gritando:

 

- ¡Vamos más deprisa, que esto es lo mejor que me ha ocurrido en mi vida! y como si le hubiesen escuchado, el sillón fue aumentando su ritmo vertiginosamente; luego, se detuvo en seco y Juan salió disparado sin saber como ni hacia donde. En el momento en que se recuperó del tremebundo golpetazo que había recibido vio a su alrededor un ejército e ratas, ratones, cucarachas y otros animalejos que le miraban amenazadores mientras se relamían y afilaban los dientes.

 

- ¿Y esto puede dar miedo a alguien? - se preguntó mirando a los bichos - ¡Si es que tienen más hambre que cinco mil negros!

 

Se llevó la mano a un bolsillo y sacando unos mendrugos de pan cogidos "por si las moscas" se los lanzó a los animales que rápidamente se pusieron a devorados como locos mientras él se marchaba tranquilamente.

 

- La verdad es que así no me vaya enterar de lo que es el miedo. ¡Vaya rollo de Gran Castillo Embrujado!

 

Con estas palabras, el chico se dirigió a la salida, pero un profundo foso habitado por increíbles cocodrilos, caimanes e hipopótamos le separaban de la puerta. Sin pensarlo dos veces saltó sobre el hipopótamo más cercano, cruzó el foso encima de su lomo y sin darle mayor importancia comentó:

 

- ¡Vaya aburrimiento! ¡La verdad es que para esto me habría quedado en casa!

 

Los vecinos, que estaban esperando mientras chismorreaban dudando del regreso de Juan Sin Miedo, casi se mueren del susto al verlo aparecer. Luego, hablando todos al mismo tiempo, llegaron a la conclusión de que era el mejor para gobernar.

 

Así que ni cortos ni perezosos, fueron a ver al rey y se lo dijeron. Y como el rey era muy listo, les contestó:

 

- Bueno, que se case con mi hija, la princesa Petronila, y cuando yo muera, heredará mi reino. Estoy seguro de que será un gran monarca.

 

Y así lo hicieron. Poco tiempo después la princesa Petronila y Juan Sin Miedo se casaron y vivieron felices, pero el joven aún seguía sintiendo curiosidad por saber qué era el miedo.

 

La princesa con objeto de saciar esa curiosidad probó de todo: darle un grito cuando estaba descuidado, meterle una culebra en la cama, decirle que la sopa estaba envenenada, que si venía el lobo, el coco o el monstruo del Lago Ness y otras cien mil historias más. Pero Juan Sin Miedo continuaba sin saber lo que era el miedo.

 

Hasta que una noche, mientras él dormía, la princesa cogió una pluma de pavo real y comenzó a pasársela por el rostro, al llegar a la nariz Juan estornudó y despertó sobresaltado exclamando:

 

- ¡Ahora sé lo que es el miedo!

 

Y desde entonces viven todavía más felices.

 

 

 

 

 

 

Realiza las siguientes actividades:

 

 

ACTIVIDAD 1

ACTIVIDAD 2

ACTIVIDAD 3

ACTIVIDAD 4

ACTIVIDAD 5

ACTIVIDAD 6

ACTIVIDAD 7

ACTIVIDAD 8

ACTIVIDAD 9

ACTIVIDAD 10