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Discurso de Investidura de José Antonio Griñan

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Discurso de Investidura

Discurso de Investidura de José Antonio Griñán

Comparezco ante esta Cámara para solicitar de la misma la investidura como Presidente de la Junta de Andalucía. Lo hago con el mayor honor y sentido de la responsabilidad. Lo hago también con plena conciencia de que nos hallamos ante un acto de normalidad democrática, de correcto funcionamiento de las instituciones y de eficacia de las leyes de Andalucía y de nuestro Estatuto de Autonomía. Subo, pues, a esta tribuna para solicitar la confianza de la Cámara. La pido para desarrollar un programa de gobierno y unas propuestas, ampliamente respaldadas en las elecciones de marzo del pasado año.

Me someto a la investidura tras la renuncia del anterior presidente, D. Manuel Chaves, que, como saben, ha pasado a ocupar una vicepresidencia y el Ministerio de Política Territorial del Gobierno de España. La más elemental cortesía, y en mi caso también un hondo sentimiento, me conducen a mostrarle mi profundo respeto por todos sus años al frente de la Junta de Andalucía. Casi diecinueve que han sido reiteradamente avalados por la ciudadanía andaluza. Le deseo toda la suerte del mundo en sus nuevos e importantes cometidos institucionales, por el bien de España, que en buena medida es lo mismo que decir por el bien de Andalucía.

Señorías, un programa de futuro como el que quiero proponerles ha de tener su base de proyección en la realidad y en cómo hemos llegado a ella. Durante los últimos años, Andalucía ha experimentado una profunda transformación en todos los órdenes: años de consolidación de las instituciones de autogobierno y el robustecimiento de nuestra identidad y autoestima, que probablemente no tengan precedentes en tiempos próximos.

El avance en servicios básicos, como los de salud o la educación, ha sido generalizado. Atrás quedan, para siempre, las enormes carencias que sufrió Andalucía, tras muchas décadas de marginación política.

La economía andaluza ha experimentado también un notable proceso de integración, de internacionalización, crecimiento y creación de empleo. Aspectos estos últimos que se han quebrado en el último año, como ha sucedido en el conjunto de España y de Europa, por los efectos demoledores de la crisis global que afecta a todo el planeta.

Nuestros problemas son, en cualquier caso, equiparables a los de las comunidades de nuestro entorno europeo y en aspectos muy importantes, nuestra sociedad presenta perfiles muy avanzados. Es así en las políticas de igualdad de género, el impulso a la investigación biomédica, la potenciación de energías renovables, la agricultura ecológica, el desarrollo de industrias de alto valor tecnológico como la aeronáutica o la importante red de infraestructuras que, como los metros, la alta velocidad o las vías de alta capacidad, que han representado un fuerte avance en materia de movilidad y transportes.

Pero, señorías, no he subido a esta tribuna para hacer balance de lo ya realizado en los últimos años, aunque naturalmente tenga que partir de un análisis ponderado de la realidad andaluza de hoy. No vengo a hablar de lo hecho, porque lo hecho, hecho está y ya ha sido juzgado por los ciudadanos y ciudadanas en las urnas. La política no es pasado, sino presente y futuro.

Solicito la investidura no sólo para garantizar a los andaluces lo que ya tienen, sino para ofrecerles lo que aún no tienen y anhelan. Solicito la investidura desde el orgullo de lo ya conseguido, que es mucho, pero con la ambición de que es mucho más lo que tenemos que avanzar. Y subo a esta tribuna sin miedo a ser crítico con nuestra realidad, porque creo que una sociedad crecientemente avanzada y moderna como es la sociedad andaluza ha de ser, y de hecho lo es, crítica.

Creo que la inmensa mayoría de los andaluces reconoce sin complejos el avance experimentado por Andalucía en todos estos años y está tan lejos del catastrofismo y el tópico como del conformismo y la complacencia. Ni lo uno ni lo otro encontrarán en mí como candidato, ni en mí como Presidente, si merezco la confianza de esta Cámara.

Quiero representar un cambio en la Presidencia de la Junta de Andalucía. Un cambio que reconozca lo hecho y no regatee a los andaluces el merecido reconocimiento de su trabajo, pero que, al mismo tiempo, se plantee nuevos desafíos, nuevos retos, acordes con las transformaciones de toda índole (económica, demográfica, política o cultural) que ha experimentado una tierra joven y dinámica como es la nuestra.

Mi proyecto de gobierno parte del programa electoral que se refrendó mayoritariamente en las urnas el 9 de marzo. En ese sentido conocen todas sus señorías los compromisos adquiridos y las propuestas que se pusieron a debate, hace un año, en el anterior debate de investidura. Los unos y las otras los doy por refrendados por esta cámara y están asumidos en el programa legislativo de mi candidatura.

Pero también he de decir que las circunstancias han cambiado. El mes pasado el paro registró en Andalucía casi 20.000 personas más, mientras que en el mismo mes de hace un año se había reducido en más de 5.000. La crisis se ha agudizado, ha aumentado el desempleo y los mercados financieros no aportan liquidez suficiente a la actividad productiva.

Este cambio de circunstancias nos obliga a comprometernos con la realidad más inmediata y a hacer de lo urgente lo más importante: salir cuando antes de la crisis y mejorar las condiciones de empleo.

Señorías, Andalucía juega hoy, y por derecho propio, un papel importante en la España de las autonomías. Desde el 28 de febrero de 1980, los andaluces marcamos el rumbo en el diseño de la España autonómica. En aquel momento histórico, hicimos prevalecer el principio de igualdad con el convencimiento de que solo así era posible preservar la solidaridad en este amplio proceso de descentralización.

Andalucía ha sido en el pasado, y lo seguirá siendo en el futuro, protagonista del proceso autonómico. No hay autonomía en la que vivan más españoles que en Andalucía. Y hay, además en los andaluces una voluntad indeclinable de igualdad de todos los españoles.

Este consenso básico, que sobrepasa los muros de este Parlamento y se extiende por todos los rincones de Andalucía, por todas sus organizaciones y agentes sociales, políticos y económicos, es un gran activo que los andaluces debemos jugar; un activo que es fuente de dinamismo y de fortaleza de nuestra comunidad autónoma; un activo que ha de ser, (porque además puede serlo), el gran referente del Estado de las Autonomías.

Nuestro Estatuto es buena prueba de ello: ninguno más ambicioso que el nuestro. Ninguno más vocacionalmente constitucional que el nuestro.

Como Presidente de la Junta de Andalucía, si soy investido por sus Señorías, me propongo liderar este consenso que ya existe en la sociedad andaluza, y hacerlo valer ante el conjunto de comunidades autónomas y ante el Gobierno de España. Así ha de ser, para que Andalucía no pierda la posición de liderazgo que por historia, dimensión, población y voluntad política merece. No puede haber ningún sistema de financiación autonómica que no garantice la igualdad de todos los españoles vivan donde vivan, y no lo habrá.

Señorías, no debemos conformarnos con desterrar para siempre el tópico injusto o la concepción absurdamente peyorativa que algunos destilan sobre Andalucía. Debemos aspirar a más: a que Andalucía se asocie a educación, convivencia, desarrollo, igualdad, competitividad y dinamismo.

Podemos hacerlo. Partamos para ello de una idea clara de Andalucía, de una percepción ajustada a lo que es realmente, no egoísta. Y pongamos luego los medios necesarios para culminar este nuevo impulso que me propongo liderar, si esta Cámara lo estima conveniente.

Esta tarea de hacer que la percepción de Andalucía coincida con la realidad de nuestros ciudadanos exige que el protagonismo sea precisamente de ellos. La Junta de Andalucía es la institución básica de nuestra comunidad autónoma, un instrumento al servicio de los hombres y mujeres. De todos ellos y de todas ellas, porque mi gobierno, que lo será por, y con, el apoyo del partido socialista y que ha de encargarse de hacer efectivo su contrato electoral, gobernará para todos y pondrá siempre las instituciones de gobierno a su servicio. De los que votan socialista y de quienes no lo hacen.

La sociedad andaluza, en su conjunto, es la que convierte a Andalucía en una tierra mejor y la que la vertebra. La Junta debe potenciar ese protagonismo y ponerse siempre a su servicio.

Y, en esta tarea, hemos de conservar todo lo logrado, mantenernos en el avance. Lo cual no es, (no puede ser), sinónimo de inercia o pasividad; mucho menos, de rutina. Lo dije antes: Ni catastrofismo ni autocomplacencia.

Me propongo, eso sí, que la gran transformación de Andalucía sea el cimiento de una Andalucía más fuerte, más próspera, más innovadora, más comprometida y más exigente consigo misma.

Debemos hablar claro a la gente y participar de sus preocupaciones. Si yo soy presidente, no quiero que exista un solo andaluz, una sola andaluza que sienta que la Junta de Andalucía no se preocupa de sus problemas cotidianos.

Esa es mi idea de un gobierno para todos: que ejerza su labor valorando la palabra dada, pero que, a la vez, ejerza sus potestades sin caer en el sectarismo o la soberbia; que escuche a todos y que a todos atienda, aunque sea desde el reconocimiento de que no todo puede arreglarlo la Administración.

Esa tarea, que es también una tarea de pedagogía y de transparencia, es una tarea de responsabilidad y de humildad. El Gobierno ha de ser leal con la representación que ostenta, conocer sus límites y sus limitaciones, atribuir los éxitos a quien es verdaderamente responsable de ellos -la sociedad- y aceptar los errores y la crítica, pues tal actitud no genera descrédito sino todo lo contrario: credibilidad y confianza de una sociedad madura como es la sociedad andaluza del siglo XXI.

Y quiero dejar de manifiesto que la crítica es siempre cooperadora venga de la ciudadanía o proceda de medios de comunicación libres e independientes. El gobierno andaluz debe mantener una exquisita neutralidad con todos ellos y si soy investido presidente, me comprometo firmemente a mantener esa neutralidad.

Responsabilidad y humildad. Los ciudadanos lo exigen igual que reprochan el ventajismo y la soberbia. Responsabilidad y humildad que también tiene que ver con la actitud ante la política: Diálogo y no imposición; convencer, persuadir, explicar, y, en los temas donde sea posible, buscar acuerdos de progreso.

Señorías: Después del más amplio período de crecimiento económico y convergencia de nuestra historia, Andalucía está atravesando una crisis económica. Una crisis dura, que afecta a todo el planeta y que fue originada, no lo olvidemos, por unas prácticas alejadas del rigor y la prudencia que se les presuponía a muchas entidades financieras y a responsables políticos que se desentendieron de lo que éstas hacían.

Una crisis que, además, ha desencadenado una general incertidumbre, nacida del desconocimiento. Porque se trata de una crisis inédita, sin antecedentes que puedan formar parte de nuestra experiencia. Se evidencia al constatar, por ejemplo, que el FMI, con los mejores gabinetes de prospectiva económica del mundo, ha hecho lo que no había hecho nunca: ha cambiado sus previsiones de crecimiento para la economía mundial hasta en siete ocasiones en el último año. Incluso, en julio de 2008, llegó a revisarlas al alza y algunos llegaron a afirmar que la crisis había terminado y que lo que quedaba era crecer.