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Historia del Archivo de Cádiz

A raíz del Decreto de 9 de Marzo de 1931 por el que se creaban los Archivos Históricos Provinciales en cada capital de provincia, las gestiones que inició el único representante del Cuerpo Facultativo en la Provincia, D. Carlos Moya Riaño, Director del Archivo de la Delegación de Hacienda, para poner en marcha la nueva institución que se acababa de crear no dieron resultado positivo.

Las circunstancias posteriores de la Guerra Civil y la posguerra no fueron las más idóneas; a estas es preciso añadir que en la provincia de Cádiz las funciones de archivos - Hacienda y el nonnato Histórico Provincial- quedaron adscritas al Director de la Biblioteca Provincial, del que llegaron a depender hasta siete centros distintos.

Es a partir de 1969 cuando la plaza de Facultativo quedó desdoblada en Archivos y Bibliotecas; a la primera se le dio el nombre de Jefe de los Servicios de Archivos de Cádiz, que incluía el de la Delegación de Hacienda y el Histórico Provincial, aun por crear.

La incorporación de un archivero a esa Plaza en ese mismo año - María Auxiliadora Carmona de los Santos - supuso el retomar el tema de la puesta en marcha del Archivo, ahora ya de una manera perentoria pues el abandono del patrimonio documental en la provincia era ciertamente alarmante. Gracias a la colaboración del notario archivero del distrito de Cádiz -D. Francisco Manrique Romero- y a la generosa disposición de la Diputación Provincial se puso en funcionamiento un germen de lo que sería más adelante el archivo en unos locales de este último organismo en el que en 1972 se abrían al público los protocolos notariales de Cádiz más las contadurías de hipotecas de algunos distritos.

La sanción legal de lo actuado vendría mediante el Decreto 746/1975 de 6 de marzo por el que creaba oficialmente el Archivo Histórico Provincial de Cádiz.

A partir de esa fecha la recogida de toda la documentación de la Administración civil del Estado en la Provincia se aceleró a tal ritmo que pronto quedaron saturados los locales de los que se disponía en la Diputación Provincial. Ante esta situación, el recién creado Ministerio de Cultura en 1977 dio las instrucciones necesarias para la búsqueda de una nueva sede para el Archivo que reuniera las condiciones idóneas para un centro de esta naturaleza. Aunque se barajaron otras posibilidades, por último se adquirió la conocida en Cádiz como la Casa de las Cadenas, lo que tuvo lugar mediante escritura pública otorgada ante el notario de Madrid D. Julio Albi Agero, el 10 de Julio de 1980.

Historia del edificio

El edificio era una soberbia muestra del hogar de un comerciante a Indias del siglo XVII. Sin embargo, su adaptación para Archivo resultó ser más compleja de lo que en un principio se pensó. Se encargó esta tarea a dos jóvenes arquitectos sevillanos, Antonio Ortiz y Antonio Cruz Villalón. Las obras se prolongaron en demasía en el tiempo por problemas surgidos en la rehabilitación de esta casa, lo que dio lugar a que solo pudiera ser ocupado por el Archivo en mayo de 1987. En verdad, esta última fecha es la que podemos considerar como fundacional del mismo, pues solo a partir de ella se pudo poner en marcha una política archivística de recogida, custodia, conservación, organización y servicio de la documentación, en coordinación con todas las delegaciones provinciales y otros organismos de la Administración.

El edificio que hoy ocupa el Archivo es uno de los más singulares de la ciudad de Cádiz. Situado en la calle Cristóbal Colón, una de las más importantes del centro comercial de los siglos XVI al XVIII.

Hasta hace pocos años por ella pasaba la procesión del Corpus. Precisamente los hechos acaecidos en la que tuvo lugar el 3 de Junio de 1692 están en el origen de esta casa tal y como hoy la vemos. Ese día, cuando la Custodia se encontraba delante de la casa de un rico comerciante portugués, D. Diego Barrios de la Rosa, comenzó a caer un fortísimo aguacero. Como D. Diego tenía en su casa oratorio privado con autorización para tener en él el Santísimo y celebrar la Misa, pidió al Obispo que en él se refugiase la Sagrada Forma hasta que amainase la lluvia, repitiendo para ello las mismas palabras del Centurión ante Jesucristo: ego non sum dignus intres sub tectum meum...

 Corpus

Así se hizo. Cuando dejó de llover, abandonó el Santísimo esta casa y continuó la procesión. D. Diego vio este hecho como algo providencial. Como en la ciudad se rumoreaba de sus más que probables orígenes judíos, emprendió a partir de entonces una serie de medidas para proclamar a los cuatro vientos lo firme y barroco de su fe: adoptó como divisa el Alabo y doy gracias al Santísimo Sacramento del Altar y, lo que es más importante, decidió reformar su casa y convertirla en un perenne testimonio de la visita tan extraordinaria que había recibido.

Para ello compró las dos casas laterales y de las tres hizo una nueva construcción en la que gastó una verdadera fortuna. En 1706 ya estaba terminada. Como elementos más significativos de la casa, es preciso mencionar la soberbia portada de mármoles genoveses, obra del escultor Andrea Andreoli, y la torre mirador que fue construida por Jacobus A. Ponzanelli,"architetto decoratore", natural de Masa(Italia)

D. Diego pidió al rey Carlos II que le concediese el privilegio de poner cadenas delante de la fachada de su casa como perpetuo testimonio de la visita del Rey de Reyes. El monarca se lo concedió y aunque las cadenas desaparecieron poco tiempo después el edificio es conocido popularmente en Cádiz como la casa de las Cadenas.

D. Diego murió en ella en 1712.Al poco tiempo su familia, en una franca decadencia económica, se vio obligada a alquilarla. En casi tres siglos esta casa ha tenido multitud de usos: vivienda particular, casa de vecinos, restaurante, tienda, hotel (con el nombre del Paraíso), convento de monjas (Esclavas), de curas (Paúles) y almacén de productos farmacéuticos, hasta que en 1980 fue adquirida por el Ministerio de Cultura.

La reforma efectuada sobre el edificio para su adaptación a Archivo ha supuesto una radical transformación del mismo. Solo se ha conservado de la estructura original la fachada, el patio, la escalera principal y la torre.

En 1980, al hacerse cargo el Ministerio de Cultura de la Casa de las Cadenas, ésta era un edificio destartalado, casi en ruinas, que había sufrido continuas y fundamentales transformaciones en su interior. No se conservaba, por ejemplo, ningún resto del antiguo Oratorio. En suma, su transformación para archivo requería una amplia intervención que, respetando al menos la fisonomía e idiosincrasia del edificio, permitiera adecuarlo a los nuevos usos. Las actuaciones que se han llevado a cabo han supuesto un cambio radical en su estructura, pues, conservándose tan sólo la fachada, el patio, la escalera principal y la torre, se ha construido en su interior un nuevo edificio de hormigón con la distribución necesaria para los usos archivísticos.

Descripción del edificio

 Patio

Veamos cuál ha sido el resultado:

a) área abierta al público. Esta formada por el salón de actos en la planta baja, de 175 m2, con capacidad para 100 personas, y que puede ser utilizado a su vez como sala de exposiciones.
En la primera planta están la sala de lectura, de 185 m2, con 18 puestos de lectura distribuidos en tres grandes mesas de trabajo, y los despachos de la dirección, personal técnico y secretaría del centro.

b) área de trabajo. Consta, en la planta baja, de muelle de descarga (con entrada directa e independiente desde la calle), de 17 m2
Sala de fumigación, de 16 m2
Taller de restauración: ocupa una superficie de 84 m2 cuadrados que se subdivide en 4 áreas con su correspondiente equipamiento técnico

Área de laminación

Laminadora automática
Mobiliario e instrumental auxiliar

Área de análisis y trabajos manuales

Maquinaria e instrumental para análisis y restauración manual de la documentación

Área de reintegración mecánica

Reintegradora (Vinyector)
Maquinaria e instrumental auxiliar

Área de encuadernación

Maquinaria para encuadernar

Sala de clasificación, de 51 m2

Laboratorio de microfilm, en la planta entresuelo, de 21 m2. Está dotado de cámara planetaria, reveladora y duplicadora

c) área de los depósitos. La superficie destinada a depósitos abarca un total de 1.771, 89 m2, en los que se encuentran instalados 10.213 metros lineales de estantería convencional, repartidos de la siguiente forma:
Torre A: Consta de 5 plantas, de 154, 36 m2 de superficie cada una, y de 2,20 metros de altura, salvo la planta baja (A1), que tiene 2,90.
Torre B: Consta de 4 plantas, de 92,48 m2 cada una, y de 2,20 de altura, salvo la planta baja (B1) que tiene 2,60.
Depósitos C 1 y C 2, situados sobre la sala de lectura y oficinas, son dos amplias superficies de 344,14 m2 y 286,08 m2 respectivamente, y de altura 2,20 metros. El depósito C2 es menor por encontrarse retranqueado de la fachada, para no romper la altura de ésta.
En la construcción de los depósitos se ha tenido en cuenta la resistencia de los materiales para poner en su día, si fuese necesario, estanterías del tipo compactus, con lo que casi se duplicaría la capacidad de almacenamiento. Asimismo todas las salas de depósito tienen sistema de detección y extinción de fuego.


Después de diez años de trabajo en el edificio, hemos podido comprobar cómo con la restauración se ha conseguido una gran armonía entre las 3 áreas, que giran en torno del patio central. Se ha resuelto con éxito el problema de que las zonas de trabajo no abiertas al publica estén aisladas de las otras áreas, pero próximas a ellas. La ubicación de las torres de depósitos en dos de las esquinas del patio permite un fácil servicio de la documentación, tanto a la sala de lectura como a los despachos y áreas de trabajo.
No ha sido, sin embargo, posible incorporar a los servicios del archivo la antigua torre mirador, sobre todo en su parte más alta. Su especial configuración y el exceso de humedad no facilitan su uso. Queda tan sólo, por tanto, como remate de las visitas que se realizan a las dependencias del Archivo, pues desde su terraza se divisa una hermosa vista del casco antiguo de la ciudad de Cádiz, el puerto, la bahía y el Océano Atlántico.

 

Torre


La airosidad y belleza de esta torre hizo que, cuando se acometió la reforma del edificio, se crease una gran cristalera en la planta principal, así como un nuevo patio del que carecía la primitiva casa, todo ello con la finalidad de conseguir que se pudiese divisar esta torre desde el patio principal, en la planta baja, como ocurre en la actualidad.
En síntesis, y en palabras de los propios arquitectos de la obra se trata "de que los nuevos ámbitos se yuxtapongan con naturalidad a lo ya existente, en el intento de que un uso tan distinto al original pueda, sin embargo, producirse como una reinterpretación o como un nuevo estado de algo que sustancialmente sigue siendo lo mismo".
 

Folleto "La Casa de las Cadenas":

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