MAYO DE 1940

SINOPSIS
Mayo de 1940. Huyendo de la invasión alemana, los habitantes de un pueblecito del norte de Francia toman la carretera, como hacen millones de franceses. Se llevan al éxodo a un niño alemán cuyo padre, un opositor al régimen nazi, ha sido encarcelado en la ciudad de Arras por haber mentido acerca de su nacionalidad. Liberado en el caos que sigue a la invasión, sale a buscar a su hijo acompañado por un soldado escocés que intenta volver a casa…

FICHA TÉCNICA
País: Francia
Duración: 114’
V.O. Francés/Alemán/Inglés

NO RECOMENDADA PARA MENORES DE 12 AÑOS

Dirección CHRISTIAN CARION
Guión CHRISTIAN CARION, LAURE IRRMANN y ANDREW BAMPFIELD
Productores CHRISTOPHE ROSSIGNON, PHILIP BOËFFARD
Coproductores ROMAIN LE GRAND, PATRICK QUINET,
Productor asociado JONATHAN BLUMENTAL
Productores ejecutivos ÈVE FRANÇOIS-MACHUEL, ST ÉPHANE RIGA
Música original ENNIO MORRICONE
Fotografía PIERRE COTTEREAU
Dirección artística JEAN-MICHEL SIMONET
Montaje LAURE GARDETTE
Sonido PASCAL JASMES
Montaje sonido THOMAS DESJONQUÈRES
Mezclas FLORENT LAVALLÉE
Vestuario MONIC PARELLE

FICHA ARTÍSTICA
Hans (el refugiado alemán) AUGUST DIEHL
Paul (el alcalde) OLIVIER GOURMET
Mado (la dueña del bar) MATHILDE SEIGNER
Suzanne (la maestra) ALICE ISAAZ
Percy (el soldado escocés) MATTHEW RHYS
Albert (uno del pueblo) LAURENT GERRA
Max (el hijo de Hans) JOSHIO MARLON
Arriflex (el cámara alemán) THOMAS SCHMAUSER
Roger (el agricultor) JACQUES BONNAFFÉ      

EL CONTEXTO HISTÓRICO
El 10 de mayo de 1940, la Wehrmacht, después de unos ocho meses de inactividad, pasó a la ofensiva en el frente oeste. Derribó las defensas belgas y holandesas, entró de lleno en el frente francés y no tardó en obligar a Francia a rendirse. Asustados, millones de civiles huyeron ante una tormenta que no presagiaba nada bueno. Los holandeses y los belgas fueron los primeros en ponerse en camino, seguidos al poco por ocho millones de franceses que alimentaron el flujo inexorable del éxodo. Fue un fenómeno inaudito en la historia de Francia y sigue suscitando opiniones contradictorias. Para comprenderlo, quizá haya que verlo desde la cima del Estado y a ras de suelo. Visto desde arriba, el éxodo aparece ante todo como el resultado de un colapso militar y político. Es verdad que nada presagiaba una debacle de semejante calibre. Cuando el Reino Unido y Francia declararon la guerra a la Alemania de Hitler el 3 de septiembre de 1939, los altos mandos se mostraban seguros. El ejército francés estaba considerado como el mejor del mundo y los generales depositaban todas sus esperanzas en la Línea Maginot, que detendría los primeros ataques enemigos mientras se movilizaba al país. Pero Hitler perturba estas ideas aceptando un plan de lo más audaz: sus fuerzas atacarán Bélgica y Holanda, pero el principal esfuerzoestará dirigido a las Ardenas, una región mal defendida. Los generales franceses se precipitaron hacia la trampa que les tendieron. El general Gamelin mandó con total imprudencia a sus tropas a Bélgica y a Holanda al encuentro del ejército alemán. Y cuando las tropas francesas estaban lo bastante alejadas, Hitler lanzó el ataque contra las Ardenas. El 13 de mayo, los blindados del Reich cruzaban el Mosa; el 6 de junio, las líneas de defensa francesas se rompían, y el 14 de junio caía París, declarada ciudad abierta. El 22 de junio, Francia firmaba el armisticio en el claro de Rethondes. El colapso militar provocó el colapso del Estado. Aunque el presidente del Consejo, Paul Reynaud, intentó conservar la calma, notardó en ceder al pánico. Es verdad que reestructuró su equipo el 5 de junio entregando el puesto de subsecretario de Estado de Defensa Nacional a un total desconocido, un tal Charles de Gaulle.

Pero el 10 de junio, su gobierno dejó París en secreto para instalarse primero en los castillos del Loira y, poco después, en Burdeos. Más grave aún, el gabinete se dividió: unos ministros estaban con Philippe Pétain a favor de llegar a un acuerdo con Hitler; otros, como Charles de Gaulle, estaban empeñados en que Francia siguiera luchando al lado de Inglaterra. Harto, Paul Reynaud acabó presentando su dimisión el 16 de junio. Pétain le sustituyó y empezaron las negociaciones con el Reich al día siguiente, el 17 de junio, y concluyeron cinco días después con la firma del armisticio. Pero dichas decisiones, tomadas en el lejano Olimpo, no eran conocidas por los millones de civiles que huían ante el avance alemán. Estas marchas no tuvieron nada que ver con los poderes públicos; respondían a elecciones individuales basadas en recuerdos y otras explicaciones. Algunos recordaban la terrible ocupación que sufrió Bélgica y el norte de Francia entre 1914 y 1918, una tremenda experiencia que no querían volver a vivir. Otros esperaban que los alemanes parasen en el Sena, luego en el Loira… Todos temían los combates y los bombardeos. Por las razones que fuera, los rumores tuvieron un papel decisivo que ayudaron a propagar el éxodo como una epidemia. Pero irse no era sencillo. Aterrados ante la idea de perderlo todo, se llevaban sus bienes más preciados, las joyas y el ganado. No se avanzaba. Las columnas de refugiados soportaban el hostigamiento constante de la Luftwaffe. Conseguir víveres era muy problemático porque numerosos tenderos y granjeros aprovecharon para hacer su agosto. Los robos eran constantes. Y en medio del pánico, muchos niños – se piensa que hasta 90.000 – fueron separados de sus padres. La masa de refugiados desamparados no sabía adónde ir y los jefes, que habían huido antes, no daban órdenes. Los servicios públicos, bomberos, médicos, todo había desaparecido.Un clima de abandono semejante explica que los franceses escogieran con un suspiro de alivio la llegada de Philippe Pétain al poder, así como la llegada del armisticio. Pero eso tampoco resolvió el problema del regreso. No había medios de transporte y los alemanes no tenían la menor intención de permitir que todos volvierana sus casas, sobre todo los judíos. Es más, el regreso se alargó desde mediados de julio hasta finales de septiembre de 1940. Miles de franceses prefirieron quedarse en otra región antes que someterseal régimen nazi. Echaron raíces en regiones como Bretaña y el sur, y algunos optaron por horizontes más lejanos, como Estados Unidos. El éxodo fue un fenómeno paradójico. Para muchos fue una penosa aventura, pero para otros representó la oportunidad de conocer a su primer amor. A menudo dejó al descubierto las realidades de la guerra y de su horrendo aprendizaje, pero también fue la oportunidadde mostrarse solidario y de descubrir otros horizontes para muchos franceses que nunca habían salido de su pueblo. Pero sobre todo obligó a los franceses a escoger. Algunos se sometieron a la fatalidad de la derrota y entregaron su destino al viejo mariscal Pétain; otros rechazaron una evidencia aparente y se convirtieron en miembros del ejército en las sombras y se unieron a las fuerzas libres del general de Gaulle. Unos se doblegaron, otros mantuvieron la cabeza bien alta. Pero este éxodo reflejó sobre todo elcompleto desmoronamiento político y militar de un país que hasta entonces se creía invencible, lo que explica que todavía hoy esté ausente de la memoria nacional, aunque sigue siendo una herida abierta en la memoria de millones de franceses.

Olivier Wieviorka Historiador francés, especialista en la Segunda Guerra Mundial

PREMIOS Y PARTICIPACIONES EN FESTIVALES
César Awards, France 2016
Los Ángeles FestIntColcoa 2016
World Soundtrack Awards 2015
Fest Int du Film Francophone de Namur 2015