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Antonio Hugo de Omerique: El legado de un matemático en el Cádiz de finales del siglo XVII

02 de mayo de 2017

Las matemáticas en Cádiz a finales del Siglo XVII:

En el siglo XVII en España el estudio y desarrollo de las ciencias estaba en franca decadencia, mientras que en Europa surgían nombres como Descartes, Pascal, Leibniz, Kepler, Newton, Galileo o los Bernouilli, quienes conformaron una “revolución científica” sin precedentes. Pese al aislamiento y al atraso de la ciencia española, a finales de siglo empieza a percibirse cierto progreso en ciudades como Valencia, Zaragoza, Sevilla o Cádiz, ciudad donde donde va ligado al comercio y la navegación por un lado, y a la Compañía de Jesús, por otro.

Antonio Hugo de Omerique:

Es considerado el geómetra español más eminente del siglo XVII, autor de varios tratados inconclusos o dispersos entre los que destaca “Analysis geometrica sive nova, et vera methodus resolvendi tam problemata geometrica..”, obra impresa en Cádiz en 1698 por la imprenta de Cristóbal de Requena, y que pudo influir en la Aritmética Universal de Newton.

Nació en Sanlúcar de Barrameda en 1634 de padres comerciantes afincados en Cádiz, de origen flamenco y holandés (su madre era natural de Gouda). Se educó en el colegio de los jesuitas, donde fue discípulo de Jacobo Kresa. Omerique era Contador de cuentas y particiones de la Real Hacienda, en su profesión hizo uso práctico de sus conocimientos matemáticos adquiridos.

Se casó dos veces, la primera con Ana Caro y, trás enviudar, se casó con Magdalena de Lasarraga, de cuyo matrimonio nacieron tres hijos: Máximo Antonio, Xavier Esteban e Ignacio Próspero.

En su formación tuvieron enorme importancia los jesuitas, la Compañía estuvo siempre presente a lo largo de su vida. De sus profesores le quedó una estrecha amistad en torno a las matemáticas que se plasmó en una mutua intervención en sus obras escritas. Su primera obra tendría más que ver con sus tareas cotidianas de contador en el comercio de indias: “Comercio de las barras de plata. Tablas artificiales para ajustar breve, fácil, y puntualmente el valor de una barra conforme al estilo de España y las Indias.” (1691) un folleto que aplicaba el conocimiento de los logaritmos para simplificar operaciones comerciales.

Pese a la pérdida de buena parte de su producción científica se sabe que escribió un tratado de aritmética y dos de trigonometría de los que se desconoce su paradero. Lo que sí se conoce y es la obra que le consagra como el geómetra del siglo XVII, “Analysis Geométrica, sive nova et vera methodus resolvendi tam problemanda geométrica quam aritméticas quaestiones” (Análisis geométrico o Método de resolución de problemas nuevos y verdaderos, así como de cuestiones aritméticas).

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Su método consistía sobre todo en el manejo de las proporciones con la ayuda de los geómetras clásicos , pero también conociendo los métodos de Descartes, Vieta o Schoolen.

Sabido es que Isaac Newton elogió la obra de Omerique en una carta. En cualquier caso Newton tenía la obra de Omerique en su biblioteca, y no es arriesgado decir que era el único libro español presente en ella.

Todos los autores que han estudiado esta figura coinciden en la ausencia de datos biográficos, por lo que pretendemos hacer una modesta aportación a su conocimiento.

TESTAMENTO DE ANTONIO HUGO DE OMERIQUE:

En el Archivo Histórico Provincial de Cádiz se conserva un testamento de Antonio Hugo de Omerique, fechado el 26 de febrero de 1705.

El testamento comienza, entre formulismos, diciendo que Antonio Hugo de Omerique, vecino de la ciudad de Cádiz y natural de Sanlúcar de Barrameda, es hijo legítimo de los señores Capitán Hugo Antonio y de María Davide (ya fallecidos) y eran naturales de los reinos de Flandes, que está enfermo, pero con libre disposición, memoria y entendimiento, para hacer testamento.

Entra en detalles de su enterramiento como que se entierre con el hábito franciscano en la bóveda del Colegio de la Compañía o, de no poder ser, en la Iglesia de San Antonio.

Declara que en 1672 navegó de su cuenta el navío de registro nombrado San Hilarión y que por varios infortunios, como el apresamiento por los moros del navío a su vuelta por el Cabo San Vicente, le quedó una deuda que no pudo pagar; esto le llevó a la ruína económica.

Reconoce la deuda contraída y el embargo de algunos de sus bienes.

Cumplido el contenido del testamento, nombra herederos únicos y universales al Capitán Teniente Don Máximo Antonio, Don Xavier Estevan y Don Ignacio Próspero Hugo de Omerique, sus tres hijos legítimos habidos con su segunda esposa.

Ante el escribano público mayor del Ayuntamiento y testigos la noche del jueves 26 de febrero de 1705, el dicho Antonio Hugo de Omerique no pudo firmar por la gravedad de su enfermedad.

Finalmente hay una nota marginal en la que el escribano dice que el mismo día 27 de febrero del mismo mes y año, dio testimonio a los albaceas de los detalles de su enterramiento, al haber muerto esa misma noche entre las 12 y las 1.

Ante la ausencia de datos biográficos podemos decir que su testamento, así como otras disposiciones testamentarias existentes en nuestro archivo, aportan alguna luz sobre su vida y su muerte.

José Ramón Barroso Rosendo

Asesor Técnico de Gestión Documental

Archivo Histórico Provincial de Cádiz

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