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Bodegón del Cardo: el bodegón de los bodegones

16 de junio de 2014

bodegon del cardo

El Bodegón con cardo y zanahorias del Museo de Bellas Artes de Granada, también conocido por el sobrenombre de Bodegón del cardo, o, simplemente, como El cardo, es considerado, de forma casi unánime, como el último de los bodegones pintados por Sánchez Cotán, estimándose por ello que probablemente fuera ejecutado hacia 1603. Podría decirse que en él culmina el proceso de depuración formal y compositiva que lleva a cabo Cotán en sus composiciones con naturalezas muertas, de las que hasta ahora se dan como suyas sólo siete, incluyendo la atribución efectuada por de Peter Cherry en 2010 del Bodegón con flores, hortalizas y un cesto de cerezas, si ésta se diera por válida.

Si a Sánchez Cotán se le puede considerar, sin temor a equivocarnos, como uno de los artífices del prototipo de bodegón español, aquél que surge y se consolida en el primer tercio del siglo XVII, al Bodegón del cardo habría que considerarlo como el bodegón de los bodegones. Los bodegones creados por Cotán se basan en unos pocos alimentos dispuestos alineada y ordenadamente en el hueco de una ventana, o quizás se trate de una alhacena, bien sobre el alféizar bien en la totalidad del hueco. Incluso cuando llena la superficie del cuadro con mayor abundancia de objetos, ya sean éstos frutas, hortalizas o aves de caza, evita el desorden y recurre a disponerlos en dos alturas, pero eso sí, ambas igualmente ordenadas en las que los objetos aparecen representados en una secuencia lineal, uno al lado del otro. Todos los objetos están situados en primer plano y están iluminados de igual manera, de forma que, mediante estos dos recursos, establece entre ellos un tratamiento de igual nivel jerárquico.

Lo que encontramos en segundo plano en los bodegones de Cotán no es otra cosa que una densa negritud que sirve de fondo neutro sobre el que se recortan los objetos fuertemente iluminados. Es precisamente el tratamiento específico de la luz otro de los rasgos identificativos de Cotán que se trasvasarán al prototipo de bodegón. Es una luz fuerte, que, lejos de borrar los detalles de las cosas, ayuda, por el contrario, a describir con extrema minuciosidad la superficie y la calidad de cada objeto. Esta misma luz descriptiva es la que crea el fondo oscuro, ya que al proceder de un foco oblícuo incide sobre los objetos de forma tangencial, pero no penetra en el interior de la estancia de forma que no nos deja ver nada más allá de lo que hay situado sobre el alfeizar.

Si bien en otras composiciones el pintor toledano se nos muestra como un artista de rasgos arcaizantes, impropios de su tiempo, al que, por ejemplo,  en ocasiones le cuesta encajar los objetos tridimensionales en el espacio y que llega incluso a cometer (pensamos de que de forma ingenua más que torpe) errores de perspectiva, por el contrario, cuando se trata de representar naturalezas muertas se nos revela como un gran maestro a la hora de representar las calidades de las cosas y de los objetos inanimados, independientemente de si éstos componen un cuadro de bodegón o de si forman parte a modo de anécdota dentro de una composición mayor. En esto tiene mucho que ver el empleo de una técnica minuciosa y el uso de una luz artificial y descriptiva que ya hemos comentado. Es la suya una técnica de efecto fotográfico, casi hiperrrealista, que nos evidencia  aquello que creemos ver pero que en realidad el ojo no ve.

Mediante los bodegones que dejó en Toledo y de los que pasaron a la colección de Felipe III, Sánchez Cotán influyó decisivamente en otros pintores que cultivaron el cuadro de bodegón y que asumieron sus patrones compositivos y estéticos,  entre ellos cabe señalar a Juan van der Hamen, también representado en el Museo de Bellas Artes de Granada.

 

Ricardo Tenorio Vera, director del Museo de Bellas Artes de Granada.

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