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El 1º de Mayo en el franquismo: “Por Dios, por España y por su Revolución Nacional-Sindicalista”

30 de Abril de 2018

Que “Archivística” y “Arqueología” tienen en común algo más que su inicial coincidencia silábica es la conclusión a la que se llega si dejamos que la paciencia y la curiosidad nos guíen por los fondos de cualquier Archivo Histórico. El Provincial de Granada, que hoy les presentamos con motivo del Primero de Mayo, cuenta con un extenso fondo procedente de los sindicatos verticales del régimen franquista, constituyendo un ejemplo perfecto de yacimiento informativo donde el investigador puede hallar auténticos tesoros, tras un arduo trabajo de “excavación documental”, labor que exige a veces el uso de un atrezo más propio del arqueólogo, con guantes, mascarillas y traje de faena, examinando polvorientos legajos sepultados en pasadizos a media luz flanqueados de estanterías que amenazan con desbordarse.

En este post ofreceremos una visión tridimensional de la realidad sindical de las décadas de 1940, 50 y primeros años 60. En primer lugar trataremos el tema puramente conmemorativo de la festividad del Día del Trabajador (llamado “Productor” en jerga falangista). A continuación estudiaremos las actas de la Sección Social de uno de los 28 sindicatos verticales que existían en función de las distintas ramas de actividad industrial diseñadas por la burocracia franquista. Finalmente presentaremos las actas del Tribunal Sindical de Conciliación de Motril mediante varios casos que ilustran la realidad económico-social de aquellos difíciles años, a través de unos conflictos laborales en todo caso individuales, ya que la confrontación colectiva era inconcebible en un régimen donde la lucha de clases había sido abolida por decreto.

LOS SINDICATOS VERTICALES

Tras el final de la Guerra Civil, la Organización Sindical Española (O.S.E.) encuadró obligatoriamente en una misma plataforma a empresarios y trabajadores, “patronos y productores”, en los llamados “sindicatos verticales”, siguiendo una pauta ideológica corporativista de corte falangista marcada por los principios de “unidad, totalidad y jerarquía”, donde los intereses de las partes quedaban supeditados absolutamente al objetivo último del incremento de la producción nacional ante la política de autarquía que definió las primeras décadas del régimen. Una directriz que defenestraba a los tradicionales sindicatos de izquierdas, de “clase”, proscritos por una dictadura que intentaba alcanzar para siempre la paz social empaquetando en un mismo cuerpo sindical a todos los agentes económicos.

En cuanto a su funcionamiento interno, los sindicatos verticales contaban con una Sección Económica que agrupaba los intereses de los patronos, y una Sección Social que defendía la posición de los productores, con representantes (“camaradas”) designados en elecciones sindicales.

La actividad industrial de la etapa “altofranquista”, en particular en Andalucía, se encontraba muy atomizada en pequeñas explotaciones de carácter familiar, algo que tampoco contribuía al surgimiento de un movimiento obrero paralelo e independiente del orden establecido. Por ejemplo, a excepción de la industria azucarera y la minería, la fábrica con más empleados en la provincia de Granada en 1950 era la de Cervezas Alhambra, con 182 trabajadores en nómina.

Y es que el gremio de la “Vid, Cerveza y Alcohol”, como era designada esta rama de actividad económica, era muy potente en la provincia de Granada, generador por tanto de abundante documentación. Por esta razón y con el debido respeto, vamos a centrar nuestro análisis en este apetitoso gremio, intentando elevar la graduación del árido relato sindical.

FESTIVIDAD DEL 1º DE MAYO

En España el 1º de mayo venía celebrándose por los sindicatos de izquierdas desde principios del siglo XX, recordando, como es bien sabido, la consecución de la jornada laboral de 8 horas tras la huelga del 1 de mayo de 1886 en Chicago. Por su parte, los sindicatos católicos eligieron el día 15 de mayo, haciéndolo coincidir con la festividad de san Isidro Labrador.

Tras el final de la Guerra cesaron las celebraciones obreras hasta que el régimen decidió retomar el 1º de mayo como Día del Trabajo, pero con notables diferencias. Por supuesto, había que desvincular la efeméride de su origen marxista para llevarla al terreno oficial, nacionalcatolicista a ser posible. La ocasión perfecta fue propiciada por el papa Pío XII, que en 1955 creó ex profeso la festividad de san José Obrero, a celebrar el 1º de mayo, intentando dotar de un sustrato cristiano a una fiesta preexistente y de fuerte carácter marxista (y por tanto anticlerical), siguiendo la corriente de la doctrina social de la Iglesia e intentando disputarle así al socialismo la influencia en el mundo obrero.

Así las cosas, en España, el 1º de mayo fue denominado oficialmente como el Día del Trabajo en 1956, festividad de san José Obrero o Artesano, también llamado san José de los Productores, una celebración donde se conjugaba el paternalismo franquista, la religión y el folklore y en la que el dictador aprovechaba también para hacer entrega de los premios de natalidad, lo que provocaba no poca ironía popular, dada la nula trayectoria engendradora del santo.

El tinte católico del movimiento sindical oficial es evidente en estos años. Los sindicatos de algunos de los sectores económicos más tradicionales recibían el nombre de “Hermandades”, como la de “Labradores y Ganaderos”, o bien “Cofradías”, como la de “Pescadores”, terminología procedente del ámbito religioso, intentando reforzar el mensaje de hermanamiento y unidad entre empresarios y trabajadores. Por su parte, el arzobispado designaba un asesor eclesiástico de sindicatos en cada provincia, respaldado por un ejército de sacerdotes que ejercían como capellanes siempre dispuestos al auxilio moral de patronos y productores.

Y para acabar con la inmersión religiosa, el régimen decidió que cada sindicato tuviera su santo patrón, día de fiesta en que solía celebrarse, entre otras actividades, una comida en común, con patronos y obreros compartiendo mesa, aunque era habitual la ausencia de algunos trabajadores, única forma de protesta que encontraban, a pesar de las presiones que pudieran recibir o del riesgo a quedar señalados. Banquetes de los que por cierto estaban prácticamente excluidas las mujeres, invisibles en la época franquista como mano de obra remunerada.

La Patrona oficial del sindicato de la “Vid, Cervezas y Bebidas Alcohólicas” era Nuestra Señora de las Viñas, sin fecha fija en el santoral, dependiendo del lugar de celebración, aunque solía coincidir con la época de la vendimia, en septiembre. Conservamos en el Archivo la petición oficial de la Junta de Sección Social del Sindicato de Granada (9 de mayo de 1955):

“[A continuación se da lectura al escrito 184 de la Junta de Sección Social Central que nos] remite el Jefe Nacional de nuestro sindicato, con el fin de que se procure por todos los medios la declaración oficial de la festividad de la Patrona de este sindicato Nuestra Señora de las Viñas y cuyo día se conmemore el día 10 de septiembre. Asimismo se aconseja que durante dicho día las empresas paguen los salarios sin prestación de trabajo por el obrero, esta idea es recogida con el mayor entusiasmo por los reunidos y se acuerda visitar en su despacho al Camarada Vicesecretario Provincial de la Obra Social para que también apoye esta petición ante las Jerarquías y Delegación Provincial de Trabajo. Y asimismo acompañar al Presidente en una visita que se realice al Ilustrísimo Señor Delegado Provincial de Trabajo para gestionar la consecución del fin pretendido”.

ACTAS DE LA JUNTA DE SECCIÓN SOCIAL DEL SINDICATO PROVINCIAL DE LA VID, CERVEZAS Y BEBIDAS DE GRANADA

Las actas sindicales constituyen una valiosa fuente de información sobre el contexto económico y social de los años 1940-50. Uno de los temas recurrentes es la alusión a la carestía de la vida y a la imposibilidad de subsistir con unos salarios que subían a un ritmo muy inferior a los precios, en un entorno de elevada inflación y escasez de productos de primera necesidad, debido sobre todo a la existencia de precios tasados por el Gobierno, por debajo de los costes reales de producción y que obligaban en muchos casos a los empresarios a utilizar el mercado negro como canal preferente de venta, con precios inalcanzables para el obrero medio.

En el acta de 13 de febrero de 1956 puede leerse:

“Seguidamente se entra en el segundo punto del Orden del Día: exposición por los asistentes de los problemas sociales que les afecten a los representados.
Unánimemente manifiestan que el mayor problema existente es el que afecta generalmente a todos los productores por la carestía de la vida, por lo que estiman adherirse al unánime sentido de una revisión que eleve los salarios al nivel de vida. Los asistentes desean que las jerarquías provinciales se hagan eco de la necesidad anteriormente expuesta y eleven a la Superioridad nuestro ruego de que sean elevados los salarios.”

Pero las actas no solo hablan de este asunto. Como botón, este alegato de 24 de marzo de 1958, que como ciclista habitual me ha atraído especialmente:


“A continuación se lamentan [los vocales asistentes] del malestar que ha producido entre los trabajadores el desmesurado impuesto con el que el Ayuntamiento y la Diputación de Granada han gravado las bicicletas, vehículos que los trabajadores utilizan como herramientas de trabajo para sus desplazamientos a los lugares donde prestan sus servicios, acordándose por unanimidad que conste en acta este malestar y que se gestione por quien proceda la supresión de este impuesto o al menos se baje en la mínima cuantía que el año pasado y sobre todo que no repercuta el de la Diputación por dos veces como ocurre con las bicicletas matriculadas en los pueblos”.

ACTAS DEL TRIBUNAL SINDICAL DE CONCILIACIÓN DE MOTRIL

La conflictividad laboral durante los años 40 y 50 era de carácter eminentemente individual, desaparecida la reivindicación colectiva, sospechosa de contrarrevolucionaria y que no será reconocida por el régimen hasta la Ley de Convenios Colectivos de 1958. Como ejemplo, presentamos las actas del Tribunal Sindical de Conciliación de Motril, que entendía de todos los conflictos de su área territorial, independientemente del sindicato al que estuvieran adscritos los litigantes. Mostramos a continuación la diligencia de apertura del libro de actas:

En un conflicto laboral, el paso por este Tribunal constituía un requisito previo antes de acudir a la vía judicial de la Magistratura de Trabajo. En estos tribunales, con representación paritaria de camaradas de las secciones económica y social, tenían lugar los intentos de conciliación entre las partes, los llamados “actos de avenencia”, donde tomaban la palabra el demandante (el “productor” despedido o agraviado) y el demandado, normalmente el “patrono”. El demandante presentaba la denuncia en un documento denominado “papeleta de demanda”. A continuación presentamos digitalizada una de estas papeletas (año 1967):

Desgraciadamente y tras un breve careo, la mayoría de actos terminaban “sin avenencia”, a pesar del empeño de los “camaradas” miembros del Tribunal. Los conflictos más comunes eran los despidos improcedentes, los incumplimientos en la concesión de vacaciones, pago de pluses y horas extraordinarias, la no readmisión del trabajador de permiso por Servicio Militar, etc.

La penuria que azotaba al país en los años 40 tiene su reflejo en el siguiente caso, de 8 de junio de 1945:

“Leída por mí, como Secretario, la papeleta de demanda, el Presidente concede la palabra al demandante [trabajador de la Azucarera del Pilar en Motril], quien manifiesta que ha sido despedido sin motivo del trabajo el día 28 del pasado mes de mayo, por haber tomado sin el conveniente permiso una pequeña cantidad de azúcar en un almacen de dicho producto en la mencionada fábrica (200 gramos aproximadamente), con el objeto de comérsela con un trozo de pan ya que era lo único que iba a desayunar, siendo testigo de lo ocurrido el vigilante J.R.D. y el productor F.T.G., pues con el jornal que gana no le es posible proporcionar a sus familiares (6 hijos y esposa) un desayuno ni siquiera modesto. Hace constar que lleva trabajando en dicha fábrica 8 años, 2 meses y 6 días, como obrero fijo en calidad de ayudante del lavatelas, que posee la condición de excombatiente y titular beneficiario de familias numerosas, pidiendo la readmisión al trabajo; ya que de no hacerlo así, condenarían a sus hijos y esposa a la miseria”.

Palabras tan desgarradoras no consiguieron sin embargo ablandar la postura del representante de la azucarera y el acto terminó sin acuerdo. Y es que en la mayoría de los casos era realmente difícil alcanzar una solución pactada, tales eran las diferencias de posturas o la gravedad de las acusaciones.

Sin embargo, a veces los esfuerzos del Tribunal tenían su recompensa. Como muestra, el caso de la papeleta de demanda presentada en abril de 1949 por este ayudante de taller de recauchutados ante un supuesto despido improcedente:

Las palabras del demandado, el dueño del taller, ya dejan entrever la posibilidad de avenencia:

“[El demandado manifiesta que no es cierto que haya despedido al demandante, pues solo le indicó la conveniencia de modificar el horario de trabajo, debido a las restricciones eléctricas, y que como la industria se encuentra en periodo de decadencia, le iba a ser muy difícil el] abonarle con regularidad los jornales correspondientes. Asimismo manifiesta que no es posible piense en el despido del citado obrero ya que no tiene ningún trabajador más y necesita de sus servicios. Por el Presidente y miembros del Tribunal se hacen consideraciones a los actores con el fin de solucionar la papeleta presentada, y después de estudiarse varias fórmulas de arreglo, se acordó lo siguiente: el demandante se reintegrará a su puesto de trabajo y por el demandado le serán abonadas 147,40 pesetas, diferencia de sueldos y pluses de cargas familiares en el último semestre, y éste empezará a disfrutar del jornal de 15,25 ptas diarias conforme se especifica en la Reglamentación N. de Trabajo, y cobrará 22,87 ptas cada mes por el concepto de un trienio del 5% del sueldo; 15 días de gratificación en la festividad del 18 de Julio y otros 15 en Navidad, más 10 días de vacaciones anuales retribuidas.”

Es evidente la satisfacción del Secretario por el acuerdo alcanzado, entre otras cosas porque festeja el resultado del acto, “avenencia”, con unas eufóricas mayúsculas.

Este es un ejemplo inmejorable, no solo de conciliación entre las partes, sino de los pluses y gratificaciones que comenzaron a aparecer en las nóminas de los trabajadores, en un intento gubernamental por engrosarlas de alguna manera para hacer frente a la insoportable escalada de precios.

Como colofón, nos gustaría señalar una de las frases utilizadas en la redacción del acta y que hemos resaltado en negrita. ¿Quién no ha oído alguna vez la locución “solucionar la papeleta a alguien” como sinónimo de “asunto difícil de resolver”, que es exactamente la cuarta acepción que el diccionario de la RAE asigna al vocablo “papeleta”? Después de indagar en varios diccionarios y webs sin encontrar ninguna otra explicación, aventuramos como origen etimológico de la misma la dificultad en la resolución de estos actos de avenencia, otorgando de paso con esta hipótesis carta de naturaleza científica a nuestra disciplina, por si alguien tenía alguna duda de que la Archivística, como la Arqueología, puede y debe ser elevada a la categoría de ciencia.

Juan Martín López Sánchez.
Asesor Técnico de Gestión Documental.
Archivo Histórico Provincial de Granada.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • COBO ROMERO, F. y ORTEGA LÓPEZ, T. M. (2005). Franquismo y posguerra en Andalucía Oriental: represión, castigo a los vencidos y apoyos sociales al Régimen Franquista, 1936-1950. Granada: Universidad de Granada.
  • DÍEZ ABAD, M. (2005). La negociación colectiva y su incidencia en el nacimiento de una cultura sindical democrática entre los trabajadores de Valladolid. II Congreso de la Asociación de Historiadores del Presente. Recuperado de http://historiadelpresente.es/sites/default/files/congresos/pdf/37/mrosariodiez.pdf
  • SÁNCHEZ LÓPEZ, R. (1999). El sindicato vertical: dimensión teórica y ámbito pragmático de una institución del franquismo: el ejemplo de Murcia (Tesis doctoral). Murcia: Universidad de Murcia.

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