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Emilio Ocón y Rivas: “La última ola”

24 de febrero de 2015

Aunque denostado por algunos como un género pictórico de segundo orden (según los cánones jerárquicos del academicismo francés), el marinismo tuvo un especial desarrollo en Europa entre los siglos XVII y XIX.

Fuentes obligadas en el origen del género fueron las obras de holandés  Hendrick Cornelisz Vroom, considerado el fundador de la célebre escuela barroca marinistas holandesa, así como los Van de Velde El Viejo  y Van de Velde El Joven.  El traslado a Inglaterra del padre supuso el nacimiento definitivo de la escuela inglesa de pintura marítima alentada por la conocida vocación marinera de este país. Desde entonces, el mar fue un motivo recurrente en el arte y, sobre todo, en la pintura, generándose importantes escuelas en Rusia y en los Estados Unidos.

En Rusia, en el siglo XIX, existió incluso un puesto especial, con el título honorífico de ‘principal pintor del Estado Mayor Naval’. Lo tenía el gran artista ruso Iván Aivazovskyque participó en múltiples campañas de marina de guerra y navegaciones. La Marina Báltica, gracias a sus navegaciones de altura y ejercicios, crearon una galería entera de obras dedicadas al mar, los marineros y las naves de batalla. Las pinturas marinistas pronto calaron en el gusto de nobles y burgueses de la época y llegaron a exponerse en museos de Rusia, Alemania, Gran Bretaña, Países Bajos, Finlandia y otros. Entre sus pintores destacaron los hermanos Vladímir y Oleg Levkov, Nicolag Gay y el ya citado Aivazovsky.

De su parte la escuela de los Estados Unidos de América floreció con pintores como Alfred Bricher (1873-1908), Wiliam Merrit Chase (1849-1916), Jasper Francis Gropsey (1823-1900), Joseph Rodafer Decamp (1858-1923), Winlow Homer (1836-1910) etc.

Alemania, Dinamarca y Francia también contaron durante el siglo XIX con importantes pintores marinistas, bástenos citar los franceses Theodor Gudin (1802-1880), Emile Vernert (1789-1863), Henry Moret (1856-1913) etc. y de Dinamarca a Christian Mølsted (1862-1930).

Los pintores solían realizar solo dibujos a lápiz para después en el estudio trabajar con acuarela y óleo. Sin embargo, las nuevas corrientes pictóricas francesas del siglo XIX con el plenairismo como eje común favorecieron el desarrollo del género abriendo el mercado, en particular, al público burgués. Paseos marítimos, costas, ensenadas, playas, puertos y canales se llenan de “pintores de caballete” que inmortalizan panoramas, encuadres, perspectivas, instantes de luz o anécdotas, con el mar como protagonista principal o de fondo.

En el contexto artístico nacional Cantabria, Baleares, Cataluña y el País Vasco contaron con importantes pintores marinistas. Pero, fue en Málaga donde surgirá el que probablemente sea el núcleo más destacado de marinistas de la península ibérica.

Los pintores locales se vieron favorecidos por la buena situación económica de la oligarquía y la clase media malagueña que, enriquecidos por el primer desarrollo industrial y comercial de la ciudad y por el auge de la cultura vitivinícola, se volcaron en apoyar la enseñanza de las artes, manteniendo una gran demanda pictórica que daría origen a la Escuela Malagueña de Pintura del siglo XIX.

Esta Escuela malagueña del siglo XIX no fue ajena al movimiento marinista pasando a ser el pintor Emilio Ocón y Rivas (Peñón de Vélez de la Gomera, 1845 – Málaga, 1904), el gran marinista malagueño.

Emilio Ocón que había cursado estudios náuticos en el Colegio de San Telmo entre 1860 y 1863. Fue maestro de artistas marinistas que nos dejaría nombres tan importantes para el arte malagueño como los de José Gatner de la Peña, Enrique Florido Bernils, Guillermo Gómez Gil, Ricardo Verdugo Landi, o el más reciente Ramón Reina, entre otros grandes marinistas.

Vista del Puerto de Málaga

Vista del Puerto de Málaga

Formado por los profesores Antonio de Maqueda y Ángel Romero en la Escuela de Artes y Oficios malagueña, gozó siempre del amparo de Bernardo Ferrándiz.

Emilio Ocón junto con los también pintores José Denis Belgrano y Joaquín Martínez de la Vega habrían de conformar los  tres vérticesque darían vuelo a una de las escuelas pictóricas más consistentes del siglo XIX en España.

Recomendado por el insigne paisajista belga y también excelente marinistas Carlos de Haes (1826-1868). Ocón se matriculó en la Academia de San Fernando. Posteriormente, gracias a una beca de la Diputación de Málaga, fue discípulo del belga Jean-Paul Clays que le enseñó colorido y de Louis Hendrych del que aprendería dibujo, así como de otros maestros del Circulo de La Haya.

Emilio Ocón y Rivas. Barcos en la desembocadura del Escalda. Museo de Málaga

Emilio Ocón y Rivas. Barcos en la desembocadura del Escalda. Museo de Málaga

Vuelto a Málaga en 1870 se estableció en un estudio junto a Denis Belgrano y Martínez de la Vega y formará parte del círculo de intelectuales que activan la cultura local, participando en su gestión como vicepresidente de la sección de Pintura y Escultura del Liceo de esta ciudad.

Emilio Ocón participó en numerosas exposiciones nacionales e internacionales. Fue premiado con tercera medalla en la Nacional de 1871 por la obra “Vista de Málaga en un día de calma” (Museo de Lisboa) a la que presentó también su obra Barcos en la desembocadura del Escalda (Museo de Málaga) y obtuvo galardón en la Exposición Universal de Viena.

Su relación con la docencia comenzó en 1875 impartiendo clases como auxiliar de la asignatura de Dibujo Aplicado a las Artes y, más tarde,en 1883 se dirigiría la cátedra de perspectiva y la Dirección de la Escuela de Artes y Oficios hasta su fallecimiento.

La obra de Emilio Ocón y Rivas que hemos escogido para este artículo se denomina: “La última ola” se trata de un óleo sobre lienzo de 250 x 224 cm, firmado en 1893, perteneciente al Museo del Prado, aunque en depósito en el Museo Provincial de Málaga.

La última ola

La última ola

Se trata de una excelente marina, y una de las escasas en la que el autor introduce un elemento narrativo consistente en un dramático episodio de naufragio. Sin embargo, el trágico suceso queda simplemente sugerido y se representa sin dramatismo extremo. Los personajes, trabajados con teatralidad, explicitan la lucha del hombre con la naturaleza pero no especialmente la situación límite y final que anuncia el cuadro. La pincelada es libre, viva y llena de expresividad. Desaparece la línea frente al color. La potencia sugestiva del color, libera las formas y los límites quedan apenas definidos. La efectividad y la teatralidad es fruto del uso degradado de la luz.

Sin duda, nos encontramos ante una obra maestra, digna de pertenecer a uno de los mejores Museo del mundo.

 

Para más información sobre Emilio Ocón y Rivas

 

Luis F. Olalla Gajete

Jefe Departamento de Promoción y Difusión del Arte.

Emilio Ocón y Rivas

https://www.youtube.com/watch?v=wMPCn_Wa34w

publicados por YtelSenda1 el 5 de aBRIL DE 2013.

4 Comentarios

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  1. Victoria u
    17 Feb 2016
  2. Victoria Urdiales Galvez
    17 Feb 2016

    Eduardo Ocon, pintó la última ola por un suceso narrativo que algunos conocemos,por ejemplo. Su familia,Eduardo pertenecía a la Marina Mercante, en uno de sus viajes a Holanda se encontraba enfermo y no pudo viajar,el barco naufragó y muchos de sus compañeros fallecieron y ahí creo que finalizó su vida de marino y se dedicó a pintar.Esta historia se la he oído contar a ml abuela (que era su hija )miles de veces.Gracias por atenderme.

    • Juan Fernández
      18 Ago 2016

      Soy anticuario, me llamo Juan Fernández.
      Busco obras malagueñas del siglo XIX.
      Me interesan especialmente las marinas de la costa de Málaga.
      Antigüedades Jfernandezantic.

    • gonzalo de amarante
      07 Jul 2017

      Eduardo Ocón era músico y compositor. El que fue marino mercante y después pintor era su hermano EMILIO OCÓN Y RIVAS.
      Como refiere que era antepasado suyo, le contaré una bonita anécdota:
      Cuando adjudicaron a su hermano Eduardo un cuarto en uno de los anexos al templo catedralicio de Málaga -ya que había sido nombrado organista de la Catedral de La Encarnación-, el pintor realizó en el techo de la habitación que había de ocupar su hermano unas preciosas y delicadas figuras de pájaros volando bajo un cielo brillante y azul. Era el regalo que le ofrecía para hacerle más grata su estancia en el vetusto y sagrado monumento.

      Para otras anécdotas sobre los integrantes de su familia, le recomiendo los Capítulos 44 y 56 del libro publicado en Internet
      PINTURA MALAGUEÑA DEL SIGLO XIX. /misceláneas/

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