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La Semana Santa como Patrimonio Cultural

25 de Marzo de 2013

“….En la Semana Santa se da siempre entre el alma y el tiempo y el espacio, entre la hora, el sentimiento y la arquitectura, una organización de ecuaciones que únicamente para determinadas circunstancias toman valor concreto y solución exacta. Hay una geografía de la Semana Santa y es necesario un reloj que marque el momento astronómico en que la cal y las ventanas deberán ser complementos plásticos para la opulencia de las procesiones en la calle.”(…) (Antonio Núñez de Herrera. Semana Santa: Teoría y Realidad. Sevilla,  1934)

Semana Santa de Baena (Córdoba) y Antequera (Málaga)¿Qué es la Semana Santa? me preguntan. ¿Es una manifestación de la religiosidad popular? ¿es un espectáculo público? ¿una muestra del poder de la iglesia? ¿una cuestión de prestigio social para sus participantes? ¿una celebración de la primavera? ¿un referente identitario? ¿es una oportunidad de negocio para las ciudades que la celebran? ¿es un espectáculo colectivo, artístico y fuertemente sensorial? ¿una forma de participar en el barrio, en la ciudad?

No sé si podría ser todo esto y muchas más cosas a la vez. Cuando me hago estas preguntas, respondo fundamentalmente pensando en la Semana Santa que he vivido y a la que vuelvo cada año sin que, desde luego, me empuje ninguna motivación  relacionada con su aspecto religioso y mucho menos, económico.

Viernes Santo Cuevas de Almanzora, Almería

Viernes Santo en Cuevas de Almanzora (Almería)

Como antropóloga creo que la Semana Santa en Andalucía es un patrimonio cultural diverso, rico, complejo y polisémico. En cualquier caso no existe una única Semana Santa andaluza. Es un fenómeno diverso, vivido de distinta forma, con distintos significados y con diversa intensidad en cada municipio de Andalucía.

Una serie de actos rituales secuenciados ligados a un espacio y a un tiempo concreto, mezclan ceremonia y diversión, emotividad y tradición entendida de forma dinámica, lo material y lo inmaterial, lo corporal y sensitivo, lo público y lo privado, estructurando el orden vital, laboral y social de los colectivos que la celebran.

Largas horas y jornadas de preparativos, juegos, símbolos, cantos, músicas, escenificaciones, olores, códigos culturales y simbólicos son compartidos cada primavera. Los rituales festivos producen en los participantes un sentimiento de pertenencia que ningún producto de la sociedad de consumo individualista y homogeneizadora en la que se enmarcan puede cubrir.

Desde una visión objetual del patrimonio, la Semana Santa atesora una riquísima producción escultórica y de otros enseres desde hace más de 400 años, la mayoría, producto de la pedagogía barroca contrarreformista. No obstante, ni la antigüedad, ni el valor artístico de sus símbolos, explican su importancia en la actualidad. Esta misma iconografía religiosa ha dado lugar a varias consideraciones reduccionistas sobre la Semana Santa como afirma Isidoro Moreno en su prolija producción académica sobre el tema. Algunos la ven como un hecho exclusivamente religioso; otros, como una manifestación de iconodulia y fariseísmo religioso; otros, como un medio de legitimación del poder eclesiástico; y otras visiones utilitaristas ven en ella una oportunidad de negocio.

Ninguna de estas funciones, por sí sola, garantizaría su continuidad durante casi cinco siglos. Por el contrario, la Semana Santa, como otras fiestas andaluzas, es reflejo de diversidad, complejidad y riqueza cultural, de expectativas, intenciones y aspiraciones de quienes la organizan y celebran. Para comprenderla se deben aceptar sus múltiples dimensiones: religiosa, estética, social, urbana. Su permanencia es reflejo de la capacidad de socialización de los andaluces; sus iconos, cercanos y humanos, de la capacidad de relativizar lo que otros consideran verdades absolutas.

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La Semana Santa permite ilustrar un concepto integral de patrimonio cultural que engloba manifestaciones materiales e inmateriales relacionadas entre sí: bienes muebles (tallas, enseres…), inmuebles y paisajes culturales que sirven de contexto y cobran nuevos sentidos (plazas, calles, tabernas, templos, puentes, montes, ríos, vegas…) y un conjunto de actividades, procesos, saberes, técnicas y conocimientos transmitidos de generación en generación, que producen un sentimiento de identidad y continuidad a gran parte de los andaluces de todas las clases sociales, creyentes y no creyentes.

Hay una geografía de la Semana Santa y es necesario un reloj”. Descontextualizar este fenómeno de su tiempo y de su espacio indica desconocimiento de códigos culturales compartidos o bien, la intención de resignificar dichos códigos y desvertebrar colectivos (ya sea por órdenes eclesiásticas, políticas o económicas). Sin embargo, si hay sentimiento de grupo y cohesión social, habrá fiesta. Si hay fiesta, es que hay un colectivo cohesionado.

Gema Carrera Díaz
Antropóloga. Coordinadora técnica del Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico


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3 Comentarios

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  1. Dolores
    25 Mar 2013

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, Gema, creo que es un fenómeno complejo que no puedes explicar si no es con la suma de todos sus planos; si intentáramos hacerlo a través de alguno de sus ángulos, la percepción será superficial, limitada y pobre. En la semana santa, como en ninguna otra manifestación social, la suma de sus partes justifica la belleza y la riqueza de su conjunto, única, singular y andaluza

  2. Manuel
    27 Mar 2013

    Muy bien descrita la variedad cultural de esta tierra aunque en la Semana Santa como en tantas otras fiestas, se ha notado en los últimos años (o décadas) un afán intervencionista del poder municipal que me parece que hay que destacar. Ello ha provocado que las hermandades sean percibidas por parte de muchos ciudadanos como las asociaciones más “privilegiadas” por los Ayuntamientos en temas de subvenciones por ejemplo o en el corte de calles, como si la ciudad se pusiera siempre a su servicio. A su vez los Ayuntamientos venden, como no, el valor turístico de la Semana Santa y su poder para llenar hoteles mientras se sirven de las cofradías como caladero de votos para mantenerse en el poder.

  3. Juan Carlos
    27 Mar 2013

    Hombre, Manuel, que se utilice la Semana Santa como un “caladero de votos para mantenerse [los ayuntamientos] en el poder” me parece que es una explicación, cuando menos, forzadita, ¿no?

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