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Una ruta de la seda bibliotecaria: cruzando Asia en bicicleta

30 de Diciembre de 2014

Sexta estación: cuevas de Mogao (China)

 

mogao

Diario de a bordo
19 de mayo de 2010, 272 días de viaje, 22377 km pedaleando desde Granada.

 

Introducción

Estamos en el oasis de Dunhuang, en el Lejano Oeste chino, a caballo entre los desiertos de Taklamakan y Gobi, una parada obligada en la antigua Ruta de la Seda. El agua, procedente de la cordillera de Qilian, surge del subsuelo arenoso y hace posible la vida en este desolado paisaje. Unos kilómetros al norte yace Mogao, un complejo monástico de cientos de grutas excavadas en un acantilado por monjes budistas: en una de ellas se encontró a principios del siglo XX una de las bibliotecas más extraordinarias jamás hallada. Sin embargo, los miles de rollos que contenía descansan ahora diseminados por medio mundo.

Las cuevas y sus pinturas

Las cuevas de Mogao, también conocidas como las Cuevas de los Mil Budas, constituyen una de las principales joyas artísticas de China (y desde 1987, Patrimonio de la Humanidad), albergando 735 grutas que comenzaron a excavarse hacia el siglo IV. Las cuevas contienen más de 2000 esculturas pintadas y unos 45000 metros cuadrados de frescos decoran sus paredes. Las pinturas, auspiciadas por infinidad de mercaderes y peregrinos que pasaron por la zona durante la Edad Media, servían a los monjes como representación visual de su búsqueda de la perfección y como herramientas para informar a la población sobre las creencias budistas. Los frescos nos ofrecen numerosos detalles sobre la historia de la vida cotidiana, el vestuario, la arquitectura, la música, la danza y hasta las artes acrobáticas de la época.

La cueva biblioteca

Cualquier bibliófilo siente un estremecimiento especial al llegar a la sombría entrada de la gruta número 17, que lleva el sugerente sobrenombre de “la cueva biblioteca”. Aunque ahora está vacía, el pequeño habitáculo sigue envuelto en ese halo de misterio y santidad que rezuman los templos religiosos (y los bibliográficos).

En junio de 1900 el monje Wang Yuanlu descubrió gran cantidad de rollos de papel manuscrito cuando limpiaba una pequeña covacha saturada de arena. Sin saberlo, había descubierto una de las mayores bibliotecas de la historia de la Humanidad, una colección de más de 50000 documentos procedentes de diversos períodos históricos de China, Asia Central y Meridional y datados entre los siglos IV y X, además de objetos religiosos y artísticos tales como bordados, sedas e instrumentos musicales, conservados en perfectas condiciones durante un milenio gracias a la extrema sequedad del entorno.

El explorador y arqueólogo británico de origen húngaro Aurel Stein, el primer occidental en ver la cueva en su estado original, escribía en 1907:

“Apilados en montones sin ningún orden, bajo la débil luz de la pequeña lámpara del monje, se vislumbraba una sólida masa de rollos manuscritos que alcanzaba una altura de tres metros, rellenando un volumen de cerca de 15 metros cúbicos. El área que quedaba libre en la habitación solo permitía la presencia de dos personas situadas de pie”.

Los rollos constituyen un valioso testimonio del desarrollo del budismo en China, aunque también se encontraron trabajos confucianos, taoístas, judíos, maniqueos y cristianos nestorianos, así como documentos administrativos del gobierno imperial chino, antologías, glosarios, diccionarios y hasta cuadernos con ejercicios caligráficos. Es decir, los contenidos trascienden el ámbito puramente religioso para tratar aspectos de la realidad política y cultural de la época. La mayoría de las obras fueron redactadas en chino, aunque también se hallaron documentos en más de quince lenguas diferentes, incluyendo el brahmi, el kharoshti, el sogdiano, el khotanés, el sánscrito, el tangut, el tibetano, el tocario o el antiguo uigur.

El francés Paul Pelliot en la cueva 17 (1911)

El francés Paul Pelliot en la cueva 17 (1911)

En realidad estamos hablando de un depósito de documentos habilitado en un cubículo de 3 x 3 metros. Tapiada su puerta a principios del siglo X, sin duda hablamos del “continente bibliográfico” más pequeño de los que trataremos en esta serie de artículos sobre las bibliotecas de la Ruta de la Seda. Objetivamente se trata de un repositorio de documentos que carecía de la estructura básica esencial de toda biblioteca: registro de obras por medio de un catálogo y ordenación físico-temática de los volúmenes. Su caótica disposición nos conduce a aventurar varias hipótesis: o bien fueron colocados allí apresuradamente ante algún peligro inminente o bien se trataba de un mero almacén de libros en desuso o expurgados de otras dependencias o colecciones pertenecientes al extenso complejo monástico de Mogao.

El Sutra del Diamante

La pieza más valorada y conocida hallada en la cueva 17 es sin duda el “Sutra del Diamante”, actualmente custodiado en la British Library. Se trata del ejemplar de libro impreso más antiguo del cual se tiene noticia, realizado a partir de caracteres móviles tallados en bloques de madera siguiendo la técnica de impresión xilográfica, muy usada en Asia oriental como método para imprimir tanto en textiles como en papel. El Sutra del Diamante es un rollo de casi cinco metros de largo, tinta sobre papel, y en cuyo colofón puede leerse: “reverentemente hecho para su libre distribución por Wang Jie en nombre de sus padres el día 15 de la cuarta luna del noveno año de Xiantong” (es decir, el 11 de mayo del año 868 de nuestra era). Por tanto estamos hablando de un libro impreso 587 años antes de que la primera Biblia saliera de la prensa de Gutenberg.

Detalle de la Ilustración de la Sutra del Diamante

Detalle de la Ilustración de la Sutra del Diamante

El IDP: la colección digital

El Proyecto Internacional Dunhuang (IDP), iniciado por la British Library en 1994, es un esfuerzo colaborativo para conservar, catalogar y digitalizar los manuscritos, textos impresos y pinturas hallados tanto en Dunhuang como en otros yacimientos arqueológicos del extremo oriental de la Ruta de la Seda.

Entre las instituciones participantes en el proyecto y que por tanto albergan parte del tesoro bibliográfico de Mogao se encuentran: la British Library, la Biblioteca Nacional de China, el Instituto de Manuscritos Orientales de San Petersburgo, la Universidad Ryukoku de Kyoto, la Academia de Ciencias y Humanidades de Berlín-Brandenburg, la Biblioteca Nacional de Francia, el Instituto de Investigación de Estudios Coreanos de Seúl, la Biblioteca de la Academia Húngara de las Ciencias, el Museo Británico, el Museo Victoria & Alberto de Londres, el Museo de Arte Asiático de Berlín y el Museo Guimet de París.

Juan Martín López Sánchez
Más información: Ruta de la seda bibliotecaria

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