Foto: J. Albornoz

La carpa de la Plaza Bib-Rambla acogió ayer, dentro de las actividades paralelas del Festival Cines del Sur, la proyección de Gurba: La condena. Un documental cien por cien social, benéfico y solidario con el que Miguel Ángel Tobías pretende remover más allá de las conciencias. El director, acompañado de Rafael Comino, secretario de la Asociación Granadina de Amistad con la R.A.S.D, congregó a nutrido grupo de espectadores que conocieron de primera mano la realidad de los refugiados en los campos de refugiados, de los saharauis que viven en territorio ocupado y, además, fueron testigos de otras aristas sociales que subyacen en las personas que llevan sufriendo durante 40 años la situación de destierro.

En el film, Tobías muestra las duras condiciones en las que viven los refugiados, siempre, entre una lucha constante por una supervivencia digna y bajo una vulneración de derechos humanos que les deja importantes huellas psicológicas, además de las físicas, por las bombas antipersonas que minan todo el territorio que divide el Sáhara.

La película, todo un ejemplo de denuncia para los gobiernos internacionales -especialmente Marruecos y Francia- dio paso a una charla coloquio en la que Rafael Comino expuso todas las vías de colaboración que tiene la asociación para ayudar a esta comunidad gracias a las caravanas por las paz, las campañas extraordinarias o los planes de acogida. “Toda la ayuda es poca, especialmente, después de la crisis de refugiados en Siria que ha mermado las ayudas a otros países, como es que caso del Sáhara y que podría tener consecuencias a corto plazo”, comentó. En este sentido, Tobías señaló que con Gurba quiere mantener visible “un conflicto enquistado que, para muchos, ha pasado a ser normal y está tardando mucho en resolverse. Considero que difundir lo que pasa es un paso fundamental”.

Los asistentes coincidieron en que la concienciación y presión ciudadana es la clave esencial para que esta lucha no pase al olvido, ponga entre las cuerdas a los gobiernos e instituciones internacionales que pasan por alto los desmanes que allí se producen y, sobre todo, devuelva a los saharauis la tierra, la libertad y la dignidad que un día se les arrebató.