Pablo Martos y Calio Alonso

Evocaciones al Sur

Recital de violín y piano. Obras de P.Sarasate, M. Falla, I.Albeniz, N.Rimsky-Korsakov y G.Bizet

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Pablo Martos, violín   Calio Alonso, piano

Programa

PABLO SARASATE (1844-1908)
Danzas Españolas
Romanza Andaluza, Op. 22 No. 1
Playera, Op. 23 No.1
Habanera, Op. 26 No.2

MANUEL DE FALLA (1876-1946) – PAUL KOCHANSKI (1887-1934)
Suite populaire espagnole
El paño moruno – Nana – Canción – Polo – Asturiana – Jota

NIKOLAI RIMSKY-KORSAKOV (1844-1908) – FRITZ KREISLER (1875-1962)
Shéhérazade
Danse Orientale – Chanson Arabe

PABLO SARASATE
Aires gitanos, Op. 20
Danzas Españolas
Zapateado, Op. 23 No. 2

GEORGES BIZET (1838-1875) – FRANZ WAXMAN (1906-1967)
Carmen Fantasie

Sobre Pablo Martos y Calio Alonso

El dúo formado por los granadinos Pablo Martos y Calio Alonso ha actuado en numerosas ocasiones, destacando recitales en la programación cultural de la Alhambra, Festival Internacional Guadix Clásica, Noches en los Jardines del Real Alcázar (Sevilla), así como otros previstos en el Festival de Música Española de Cádiz, en Oviedo, etc. La actividad artística de Pablo Martos le ha llevado a tocar en prestigiosas salas de Europa, EEUU, Rusia e Israel; además, como fundador del Garnati Ensemble, actuó en la sede de la ONU (New York) con motivo del Día Mundial de los Derechos Humanos. Calio Alonso ha desarrollado desde muy joven una amplia inquietud por las artes plásticas y escénicas así como por la gestión cultural, lo que le ha llevado a ser premio Alonso Cano de fotografía por la Universidad de Granada o pianista repertorista de canto en el prestigioso Conservatorio Franz Liszt de Weimar (Alemania), a la vez que ha colaborado con importantes artistas y orquestas nacionales e internacionales. Actualmente es asistente del director musical y artístico Pablo Heras Casado.

Acerca del programa

Encantador viaje y paseo para violín y piano desde la evocación que despierta el Sur a diversos creadores internacionales y españoles, acorde con su lenguaje y sensibilidad. Autores que imaginaron y musicaron un país de intensas corrientes románticas y populares (Sarasate, Falla), de delicadas y fogosas estéticas sin fronteras (Rimsky-Korsakov, Bizet) y cuya mágica y misteriosa puerta de entrada era una España convertida en destino favorito de viajeros y, en concreto, el Sur del mismo con Granada y la Alhambra como símbolo y llave de acceso.

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La música de carácter “español” en Europa es, en el último tercio del siglo XIX, una idea aderezada y construida, desde la imagen de un “Oriente” lejano y cercano, asiático y mediterráneo, por músicos rusos (Glinka, Rimsky-Korsakov) y franceses (Bizet, Lalo), hecha pasión, misterio y virtuosismo por Pablo Sarasate y actualizada en la búsqueda de un lenguaje propio por Isaac Albéniz y Enrique Granados. “Lo español, lo castizo, el hispanismo” en música al igual que “lo ruso” o “lo francés” son construcciones artificiales como lo son la misma idea de “orientalismo” o del fenómeno del “Alhambrismo musical” donde su ubica a España como la puerta de acceso a un Sur remoto, indómito, desconocido y rebelde.

Viajeros, escritores, artistas, militares, músicos… europeos visitaron España a lo largo del citado siglo para dar cuenta mediante libros, cuadros, acuarelas, ilustraciones, partituras, cartas, revistas, cuentos o relatos aquello que habían visto, o les habían contado o sencillamente imaginaron a los ojos atónitos de unos visitantes que se consideran, a sí mismos, en territorios exóticos y extraños.

Pablo Sarasate, contemporáneo de Georges Bizet -y de su celebérrima Carmen, con la que se cierra el programa de hoy en la adaptación de Franz Waxman, y sobre la que el artista navarro, por cierto, también escribió una Fantasía- respondía a esa intuición de Nietzsche de “mediterraneizar la música”. Su estilo es atractivo, melódico, con color y carácter en el uso de construcciones armónicas y cadencias (como la llamada “andaluza”) que el público va reconociendo como españolas y que, mayormente, son frecuentes evocaciones al Sur, lo marino y antillano (Habanera) en sus Danzas españolas. En la Romanza andaluza, según los arquetipos en boga relacionados con la visión de España de la música y la danza, confluye el baile flamenco, otros bailes populares españoles y tradiciones académicas como la escuela bolera; igualmente la Playera, canto popular emparentado con la seguidilla. Para el Zapateado se inspiró en este baile andaluz que combina pasos flamencos con pasos escolásticos para crear una obra en la que desfila todo su arsenal virtuosístico. Los Aires gitanos o bohemios son los típicos de la región checa de Bohemia, donde se asientan los parientes de los gitanos europeos o españoles.

Isaac Albéniz junto con Enrique Granados conforman el núcleo de compositores que hicieron posible el resurgimiento de una “música española” de calidad, homologable con la que se hacía en Europa por los mismos años -finales del siglo XIX y principios del XX- y apoyada en las mismas doctrinas nacionalistas que hicieron posibles movimientos estéticos de idéntico signo. Albéniz, enamorado de Andalucía, gozó de una especial fascinación por Granada y su Alhambra: vivió dos períodos en la misma, amigo de Rafael Contreras, arquitecto conservador del Monumento, y de Antonio Barrios, padre del celebérrimo compositor e intérprete Ángel Barrios, mecenas y “Cónsul de las Artes en la Alhambra”, quien le descubrió todos los secretos de la guitarra española y del cante jondo, los cuales tanta ascendencia tuvieron en su obra pianística. Por ejemplo, su Oriental, tan coloreada por los cantos, danzas y sones de guitarra de Andalucía y de sus amistades granadinas citadas, es un melancólico exquisito ejemplo de ese “oriente” medieval que se abre en el sur de España y que a la vez, en palabras de su biógrafo W.A. Clark , representa junto con el resto de la suite a la que pertenece “el mayor avance en el estilo español de Albéniz hasta la fecha en su seriedad, riqueza armónica y variedad formal.”

Estas consideraciones, en definitiva, sobre “lo español” en la música, la música de “carácter español” y, por ende, la “música española”, son posturas estéticas antes que objetivas. En el caso de Manuel de Falla, sitúa las esencias de lo español en el marco de una antigua tradición occidental donde lo romano, lo cristiano y lo árabe se tintan uno a otro, y da a la tradición litúrgica (Cancioneros, Tomás Luis de Victoria), palaciega y teatral españolas (Domenico Scarlatti) una posición nueva hasta el momento. Tanto el “españolismo” profundo de su gran amigo y guía Claude Debussy (obra para piano, Iberia de Images pour orchestre, su inconclusa ópera Rodrigue et Chimène), como el más ligero de Bizet (Carmen) evocaron el carácter español, su singularidad.

Evocación, imágenes, fantasía, impresiones… eran las calificaciones formales que se iban adscribiendo a estas visión y construcción ideológica de la España (y “su” música), desde dentro y desde fuera, al Sur de Europa.
Sin embargo, a diferencia de la música francesa, el elemento tradicional-popular fue un condicionante y un punto de partida a la vez. La “música nueva” encuentra sus fuentes en un pasado remoto al que ya no es posible darle continuidad mediante mecanismos técnicos y armónicos (casticismo, música nacionalista). La renovación del arte vendrá por razón de la reflexión y se manifestará en lo esencial, como aboga Falla: se propone la recuperación de las esencias de lo tradicional, del espíritu más que de la forma, que se aloja en rincones de lo popular (el duende).

Así, el planteamiento de Falla en sus Siete canciones populares para voz y piano (1922), compuestas cuando todavía residía en París se fundamenta – a diferencia de Bizet o Sarasate- en la reflexión y el sentimiento antes que en el virtuosismo y en la idea de la tradición. Aquel mismo año de 1922, Falla con García Lorca, Zuloaga, Segovia, Rusiñol, J.M. Rodríguez-Acosta y otros intelectuales convocan el Primer Concurso de Cante Jondo que se celebra en la Alhambra y donde el flamenco arraiga como una identidad indiscutible del acervo y cultura musicales españoles. Las Siete canciones, sobre ritmos folclóricos y palos flamencos, materializan así el ideal compositivo de los autores españoles de principios de siglo XX en su estética de los retornos o neoclasicismo: partir del acervo musical popular como fuente de inspiración y recreación para construir, así, una música nacional, uno de las corrientes estéticas que recorren las múltiples vanguardias estéticas que confluyen en París, Madrid o Granada. En 1925, apareció, con el título de Suite populaire espagnole, una transcripción para violín y piano debida al gran violinista polaco Paul Kochanski, debidamente autorizada y aun alabada por el gaditano. El violinista alteró el orden original y suprimió una de las siete canciones, la “Seguidilla murciana”.

Enrique Gámez Ortega

En definitiva, búsquedas profundas que son ya patrimonio musical español , nacidas del vasto acervo popular como fuente de inspiración y recreación para una música nacional, corriente estética que recorre las múltiples vanguardias que confluyeron en París, Madrid o Granada a principios del s.XX y que llegan a Cádiz hoy de la mano del Festival de Música Española y de estos intérpretes.

Danse Orientale – Sheherazade. Pablo Martos, violín & Calio Alonso, piano