31
01
21:00
Mar/Abr

SALA

A

Danza

CINDY VAN ACKER/MARCOS MORAU/CCN- BALLET DE LORRAINE

Elementen I - Room / El surrealismo al servicio de la revolución

ELEMENTEN I—Room
Coreografía Cindy Van Acker.
Espectáculo para 16 intérpretes.

El surrealismo al servicio de la revolución.
Puesta en escena y coreografía Marcos Morau.
Espectáculo para 18 intérpretes y un músico.

ESTRENO EXCLUSIVO EN ESPAÑA.
Con la colaboración de Institut Français.

 

ELEMENTEN I-ROOM Y EL SURREALISMO AL SERVICIO DE LA REVOLUCIÓN REVISITAN Y REDEFINEN EL CUERPO DE BAILE COMO UN JUEGO, COMO UNA ENTIDAD HECHA DE CUERPOS EN LOS QUE SE CRUZAN FUERZAS BRUTAS, SUEÑOS, BÚSQUEDAS Y DIVERSAS ASPIRACIONES DEL HOMBRE, PARA PRODUCIR REVOLUCIONES Y MILAGROS.

 

“2 X 1”, UNA VELADA COMPUESTA POR DOS ESPECTÁCULOS QUE SE DESARROLLARÁ BAJO EL SIGNO DE LA ALTA TENSIÓN PARA ACABAR A RITMO DE TAMBOR.

 

 

Desde julio del 2011, fecha en que Petter Jacobsson es nombrado director, el Centro Coreográfico Nacional-Ballet de Lorraine se dedica a las escrituras contemporáneas.

 

Este prestigioso centro se ha constituido como “el lugar de lo posible” en materia de investigación, de experimentación y creación artística, convirtiéndose así en unaplataforma abierta a diferentes disciplinas, en un espacio de encuentro para las múltiples visiones de la danza de hoy.

 

Por su parte los 26 bailarines del Ballet de Lorraine se han convertido en una de las compañías coreográficas contemporáneas —tanto de creación como de repertorio— más importantes de Europa gracias a sus recreaciones de las piezas más relevantes de los grandes coreógrafos y coreógrafas.

 

La velada que nos ofrecen en el Central, compuesta por dos coreografías, se estrenó el 16 de mayo de 2016 en Rencontres choréographiques internationales de Seine- Saint-Denis. Dos creadores, una mujer y un hombre con lenguajes distintos en diálogo, sintaxis corporales yuxtapuestas y complementarias, dos de las jóvenes estrellas del circuito internacional.

 

 

Elementen I-Room
CINDY VAN ACKER

 

Esta coreografía corresponde a la primera de una serie de piezas inspiradas en los principios del geómetra y matemático griego Euclides, en las que los desplazamientos de los bailarines, sus posiciones en el espacio, la escritura del movimiento y el ritmo de las luces utilizan principios geométricos.
Con este telón de fondo, la pieza se sustenta en la partitura mítica del compositor Alvin Lucier, I Am Sitting in a Room, en la que un texto, enunciado por el compositor, se graba y se difunde sin solución de continuidad hasta que las frecuencias naturales del lugar se refuerzan y toman protagonismo sobre el aspecto concreto de la voz y la comprensión del texto. Esta elección radical de la música es la que subraya esa característica que atraviesa toda la obra de Cindy Van Acker y que hemos visto varias veces en el Central: la de los límites de la expresión artística. Todo ello es lo que hace que Cindy consiga llevar a los bailarines más allá de sus capacidades, hacia terrenos nada habituales. Elementen I-Room descubre así un territorio donde se pueden aguzar las percepciones y las sensaciones, tanto las de los intérpretes como las de los espectadores.

 

 

El surrealismo al servicio de la revolución
MARCOS MORAU

 

Con su colectivo La Veronal, con sede en Barcelona y compuesto por artistas provenientes de la danza, del cine, de la fotografía y la literatura, Marcos Morau desea representar el mundo que le rodea como reflejo de su mundo interior. Siempre deseoso de confrontarse con otros cuerpos y nuevos contextos, con el Ballet de Lorraine nuestro artista se lanza a una nueva aventura. Para esta pieza se ha inspirado en el surrealismo y sobre todo en el realizador Luis Buñuel. El surrealismo al servicio de la revolución descansa también sobre la pasión del tambor que tenía el cineasta, nacido en Calanda, donde ese instrumento, es bien sabido, está muy presente. Más allá de la Semana Santa, la tradición era la de seguir la ruta del tambor y el bombo sobre el que los hombres tocaban para celebrar la muerte de Cristo. Para el coreógrafo, el tambor debe ser entendido como un acto de práctica colectiva, una especie de sistema de comunicación en el que la diversidad se convierte en comunidad, un instrumento que, como evoca Buñuel, atraviesa el inconsciente colectivo, hace temblar la tierra bajo nuestros pies. Un sonido aislado es un individuo, un pensamiento, muchos tambores forman una masa, la suma de los dos es la revolución. Afirma Marcos Morau.