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21:00
Oct

SALA

A

Teatro

SERGIO BORIS

Viejo, solo y puto

Descenso a los infiernos en los bajos fondos de la noche travesti argentina. Decadente y sublime, culta y literaria, esta multipremiada pieza es un tesoro servido por unos actores de excepción.

 

Actor de cine, de televisión y teatro, a Sergio Boris se le conoció en Europa gracias a su trabajo como actor en las piezas del gran director argentino Ricardo Bartís, pero también él es dramaturgo y un excelente director de actores altamente respetado en América Latina y Europa.

 

Autor de piezas teatrales, raramente las dirige, centrándose en el momento de llevarlas a escena en reescribir sus textos durante los ensayos, ya que su convencimiento es que la esencia del teatro es el actor.

 

En 2013 Europa descubre su trabajo con su cuarto espectáculo, Viejo, solo y puto. Esta pieza coral —que algunos definen como un objeto tan decadente como sublime,  tan culto y literario como elíptico… una pequeña joya servida por un elenco de excepción— obtuvo un éxito aplastante en Europa: desde Bruselas (Kunstenfestivaldesarts) a Barcelona (Festival Temporada Alta), pasando por Rotterdam (Festival de Keuza) y Francia (Théâtre de la Commune d’Aubervilliers, Théâtre Garonne de Toulouse, Festival Next en Lille, etc.).

 

Ahora, en esta vuelta a los escenarios europeos, llega por fin esta magnífica obra a nuestro escenario. Era una cita ineludible.

 

Pero ¿de qué va Viejo, solo y puto? Así lo cuenta el responsable último de la historia: Tras más de una década estudiando Farmacia y Bioquímica, Daniel llega a la farmacia de la familia, históricamente atendida por su padre y su hermano Evaristo, y es agasajado junto a Claudio, el visitador médico, y un par de travestis  siduas clientes del local a la hora de inyectarse hormonas femeninas. Todo transcurre un sábado en la noche mientras la farmacia está de guardia, como una previa antes de ir a bailar al Mágico, la disco tropical de la zona. Las hormonas que inyecta el farmacéutico en las travestis trabajan como un relato sobre lo que  no se puede dejar de hacer: quedar prendado. Una celebración con pizza y cerveza caliente en la que después de una disputa territorial entre chicas, se desata  furiosamente el amor.

 

Tras su estreno, el crítico Osvaldo Quiroga decía en la revista Telam: Una vez más comprobamos que el teatro es cosa de cuerpos. Cuerpos de  actores y de espectadores. Cuerpos atravesados por conflictos que modifican sus propios cuerpos y los de los demás. Los cinco actores que dan vida a las criaturas de Viejo, solo y puto son excelentes. Verlos en el escenario es asistir a una lección de teatro.