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Pautas

Podemos diferenciar tres momentos:

  • Antes del tratamiento.
  • Durante el tratamiento.
  • Después del tratamiento.
Antes del tratamiento.

En esta etapa, las figuras de los orientadores y los tutores resultan fundamentales. Son días en los que el niño o la niña sigue acudiendo al colegio, aunque con ausencias frecuentes debido a la realización de pruebas previas al tratamiento. El tutor o tutora debe acercarse al alumno o alumna para conversar y, principalmente, para escuchar. De igual modo, el intercambio de información que desde el centro educativo se lleve a cabo con las familias resulta de enorme importancia.

En este sentido, siempre que sea posible, sería muy conveniente que el Equipo de Orientación Educativa (en Educación Primaria) o el orientador u orientadora (en Educación Secundaria) recopilara toda la información de los procesos de enseñanza y aprendizaje de este alumnado hasta el momento del diagnóstico, añadiéndole, si fuera posible, una prueba cognitiva que garantice la puesta al día de los objetivos y competencias adquiridos, ya que la evaluación de estos datos puede ser muy útil cuando finalice el tratamiento; sobre todo en los casos de tumores del sistema nervioso central (SNC). Comienza, pues, el proceso de atención a la diversidad para este menor, en el que se abordarán las decisiones encaminadas a paliar tanto su no escolarización como las consecuencias derivadas de los tratamientos recibidos, que inciden en los ámbitos sociológico y psicopedagógico.

El centro educativo solicitará a su correspondiente Delegación Territorial de Educación la atención domiciliaria de un profesor o profesora, que pasará a formar parte del Equipo Docente del grupo al que pertenece el alumno o alumna. Este especialista se coordinará con la persona responsable de la Orientación Educativa del centro y con el tutor o tutora, y recabará la información necesaria para facilitar y valorar los progresos del menor.

Durante el tratamiento.

Durante el tratamiento, el centro educativo mantendrá un contacto constante con el profesor asignado a la atención domiciliaria, si lo hubiera, el cual actuará como mediador entre el resto de docentes y el joven, al que hará llegar todas las tareas que permitan evaluar el avance de sus conocimientos, teniendo en todo momento muy presentes las singularidades que caracterizan el proceso de curación en este tipo de pacientes.

En esta fase desde la tutoría, se puede organizar una clase por conexión internet (Skype, etc.), para que el niño o niña que está en el hospital pueda asistir de manera telemática a una clase de cualquier materia y sentirse parte del grupo. Esta actividad tiene un doble efecto positivo. Por un lado, permite que el alumnado oncológico no pierda el contacto con sus iguales, se relacione con sus compañeros “fuera del ámbito hospitalario”, no olvide la dinámica del aula, y pueda evadirse, aunque sea por un corto espacio de tiempo, de la dura realidad que le rodea. Por otra parte, esta experiencia tiene también una enorme repercusión en el resto del alumnado, pues les sirve para darse cuenta de lo afortunados que son por poder ir cada día al colegio, a la vez que ayuda a establecer un vínculo con el compañero o la compañera que está en el hospital. Este vínculo será también de gran relevancia cuando el alumnado oncológico vuelva al colegio después del tratamiento.

Algunos tutores y tutoras comentan que muchos alumnos hacen un mayor esfuerzo en sus estudios y en las actividades escolares cuando tienen que ayudar a un alumno o alumna que está en el hospital. Hay muchas maneras de canalizar esta ayuda. Por ejemplo, el profesor o profesora puede pedir la colaboración del alumnado de un aula para que graben vídeos explicando un tema o apartado concreto y enviar luego estos vídeos al niño o niña que está en el hospital. También se puede tener un niño o niña representante de cada asignatura que sea el encargado de preparar todo el material que se le va a hacer llegar al alumnado oncológico. Incluso, se podría crear un blog, con la supervisión del profesor o profesora de la asignatura, en el que cada alumno o alumna fuera subiendo el material de cada tema, ejercicios modelo, etc. Todas estas actividades y muchas más forman al alumnado no sólo en las materias curriculares concretas, sino también en valores y propician una sociedad más solidaria, inclusiva y empática.

En esta fase de la enfermedad el profesorado puede contar también con el asesoramiento de la Asociación Española para los efectos del tratamiento del cáncer (Aeetc), que podrá orientarle para la puesta en marcha de ésta u otras medidas.

Después del tratamiento.

Después del tratamiento, es necesaria una nueva evaluación cognitiva del alumno o alumna. La AEetc lleva a cabo esta evaluación cognitiva, junto con otras evaluaciones neurolingüísticas, a fin de identificar las fortalezas y debilidades de cada niño o niña tras el tratamiento oncológico. A partir de los resultados obtenidos en la misma, comparados con los recogidos antes del tratamiento, se tomarán las decisiones necesarias para garantizar la plena integración del alumno o alumna en su reincorporación al aprendizaje. Coordinados por el Equipo o responsable de la Orientación Educativa y el tutor o tutora, todos los miembros del Equipo Docente planificarán las medidas de atención a la diversidad que se consideren necesarias.

En esta etapa, es conveniente conocer algunas de las adecuaciones que, con mayor frecuencia, requerirá este alumnado:

  • Adecuación en el entorno del aula para que el niño o niña pueda retomar sus estudios después del tratamiento.
  • Formación / información / sensibilización del profesorado, orientadores, padres y madres, alumnado y agentes educativos.
  • Establecer un protocolo de actuación en el centro para que puedan ayudar al alumnado oncológico a integrarse, sin que tenga que pedirlo.
  • Fomentar la práctica de actividades deportivas que sirvan para fortalecer la autoestima y el trabajo en equipo.
  • Asegurarse, tanto en las clases como en los exámenes, de que el niño o la niña entiende lo que se le dice.
  • Dar más tiempo en el examen, ya que los niños y niñas oncológicos lo necesitan por tener una velocidad de procesamiento más lenta que los demás.
  • Comprobar que lo que se pide en el examen es entendido por el alumno o alumna. En algunas ocasiones basta con redactar enunciados simples, que no contengan oraciones complejas ni ambiguas y con un vocabulario claro.
  • Repetir la información que se dé en clase, no dirigiendo la atención exclusivamente al alumnado oncológico en concreto, sino hacerlo de forma global, para que no se sienta señalado.
  • Fomentar en clase la ayuda entre compañeros, de esta manera se puede lograr que el niño o niña se sienta acompañado social y académicamente. Lo ideal sería hacerlo con el conjunto de la clase, para que nadie se sienta diferente y los demás alumnos no centren su atención en una persona concreta.
  • Antes de la incorporación de la niña o niño oncológico a la clase, hablar con naturalidad de la enfermedad, de forma que se haga consciente al resto de los alumnos de cómo llegará su compañero o compañera y la forma en la que se le puede ayudar.
  • Información continuada a los padres y madres sobre la evolución y las dificultades con las que se encuentra para poder tomar las medidas adecuadas.


 

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