Por Glòria Durban Roca*

Docentes responsables de la biblioteca escolar

Nuestro presente y horizonte próximo apuesta de forma decidida por establecer la figura del docente responsable de la biblioteca en los centros educativos, trabajando con un equipo interdisciplinar y desarrollando funciones específicas de fomento de la lectura y apoyo curricular.  Porque se precisa ubicar los cimientos de la biblioteca escolar en el verdadero corazón de la escuela constituido por los maestros y profesores que junto a sus alumnos protagonizan la vida de los centros.

 

Ser o no ser bibliotecario escolar. Esta ya no es la cuestión

El modelo de biblioteca escolar que estamos implementando ya no articula sus acciones bajo el prisma de organizar y dinamizar la biblioteca como institución que se autogestiona y regula conformando un proyecto propio y diferenciado.  Actualmente la administración educativa está impulsando una perspectiva más útil que propone un plan de trabajo y unos ámbitos de actuación que nacen de las funciones que esta tiene encomendada dentro del centro educativo.

La biblioteca escolar no puede situarse en un ámbito periférico ya que si lo hace pierde utilidad. Su futuro está necesariamente vinculado a un anclaje profundo dentro del corazón del sistema escolar. Así lo testifican los ejemplos que podemos apreciar en blogs y webs que relatan el día a día de numerosas actividades protagonizadas por la biblioteca en los centros educativos, o bien la muestra pública y el reconocimiento de buenas prácticas que se presentan regularmente en jornadas y  artículos diversos.

De este modo las labores del responsable de la biblioteca no pueden circunscribirse solo a áreas de gestión y referencia informativa, o a ámbitos de formación de usuarios y dinamización sociocultural que incluyen el fomento de la lectura.  Si la biblioteca ha de estar inserta en la vida de las aulas, los ámbitos de trabajo han de ser múltiples, y han de contemplar necesariamente una dimensión de apoyo curricular.

Porque cuando los maestros toman las llaves de la biblioteca y con ellas asumen simbólicamente su plena responsabilidad, no solo intuyen el poder inmenso de la herramienta educativa que tienen en sus manos, sino que abrazan realmente toda su significación.  Es en ese momento cuando nace en ellos un compromiso profundo con la comunidad a la que pertenecen y actúan apoderados de un entusiasmo y una generosidad admirables.

 

Responsables y equipos de apoyo: un tándem imprescindible

Desde esta perspectiva las tareas del plan de trabajo de la biblioteca son muchas y diversas pero lo más significativo es que todas ellas son propias de la vida escolar. Por ello hay que incorporar la función del docente responsable de la biblioteca escolar en los documentos de trabajo del centro y de las administraciones educativas, para denominar con una clara e inequívoca identidad docente, un conjunto de tareas que están vinculadas a la enseñanza y que emergen del propio proyecto educativo.

Cabe considerar que la labor coordinada que realiza el docente responsable de la biblioteca escolar y el equipo de apoyo es un trabajo colegiado de gran valor para el centro. Ambos constituyen un tándem dinámico donde la energía que cada miembro aporta con su “pedaleo” diario multiplica el fruto del esfuerzo colectivo. 

A su vez el reconocimiento dentro del claustro de este tipo de autoridad colegiada sitúa a estos docentes en una posición privilegiada. Porque con la existencia del equipo de apoyo las iniciativas y contribuciones de la biblioteca escolar, lideradas por su responsable, pueden impregnarse en todas las áreas y niveles, así como también pueden contrarrestar mejor las resistencias que el propio centro genera.

Así pues esta estrategia organizativa no solo responde a necesidades prácticas por el hecho de que una sola persona no pueda llevar a cabo la diversidad de tareas aquí descritas, sino que resulta relevante porque aporta un valor de innovación a la organización educativa. Ya que hablar de equipos de trabajo es  hablar de agentes interdisciplinares que contemplan distintos ámbitos del currículum y distintos niveles de enseñanza.

Se trata de órganos de coordinación que promueven la corresponsabilidad y la acción compartida.  Si la biblioteca escolar es germen de innovación educativa, no lo es por ella misma, sino más bien por los aportes que este sistema organizativo que la caracteriza genera y promueve dentro de la escuela.


Acciones de apoyo curricular: activar procesos de mejora para la enseñanza

Responsable de la biblioteca escolarLa biblioteca como agente interdisciplinar desempeña una importante función de apoyo curricular.  Esta dimensión desarrolla dos importantes ámbitos, el primero dedicado al fomento de la lectura y el segundo al desarrollo de la competencia informacional.

En referencia al fomento de la lectura la biblioteca realiza acciones de apoyo a las actividades de aula y a su vez articula actividades propias para contribuir a  desarrollar la competencia lectora y el gusto por la lectura, promocionar que esta práctica sea libre y autónoma y facilitar de forma general la creación de un ambiente lector de centro.

En relación al desarrollo de la competencia informacional, las acciones de la biblioteca se  circunscriben a la realización de trabajos o proyectos de investigación y a la articulación de programas formativos llevados a cabo de forma corresponsable con las áreas.  Todo ello con el objetivo de desarrollar habilidades informacionales pero también incentivar la curiosidad y la creatividad intelectual de nuestro alumnado.

Estas acciones corresponden a los dos pilares del currículo que constituyen la sustancia educativa  de la biblioteca escolar. Pero el plan de trabajo también debe considerar otros dos ámbitos de gran importancia para que la  enseñanza pueda ir avanzando no solo en calidad sino también en equidad. 

Se trata en primer lugar de las acciones de apoyo que la biblioteca realiza en relación a los proyectos de aula o de ciclo, para incentivar la realización de proyectos interdisciplinares y facilitar el uso de metodologías que incluyan procesos de investigación. Y en segundo lugar el apoyo que se proporciona al profesorado en su labor de atención a la diversidad y cuidado de necesidades especificas del alumnado.

Porque la prioridad para la biblioteca escolar es que nuestro alumnado adquiera y desarrolle prácticas lectoras y habilidades intelectuales en el acceso, la comprensión y la elaboración de discursos. La finalidad de la biblioteca escolar no está en ella misma. Así pues la meta que perseguimos no es su propia implementación y esto queda  plenamente reflejado en los ámbitos y dimensiones de su plan de trabajo. 


El poder de la biblioteca escolar dentro del proyecto educativo

Lo importante no es llegar a tener biblioteca en el centro y que todo el claustro colabore en su desarrollo. Hay que disponer de  biblioteca con todas sus características físicas pero con una finalidad concreta y considerando la corresponsabilidad y el trabajo colegiado. Esta es la estrategia para su implementación que precisa de la elaboración de un plan de trabajo anual así como de acciones especificas de evaluación que permitan detectar los logros y las necesidades de mejora.

Porque lo que realmente hay que priorizar es la atención a la individualidad de nuestros alumnos. La biblioteca escolar al disponer de gran variedad de materiales y recursos, está en disposición de atender e incentivar la diversidad de intereses que los chicos y chicas individualmente presentan, así como establecer itinerarios distintos para acceder de forma guiada al conocimiento de la realidad que les rodea.

Este es el gran poder que la biblioteca escolar posee como herramienta educativa. Está en disposición de permitir a la educación romper con la estandarización y optar por la personalización. Ello significa descubrir los talentos individuales de cada niño y niña, así como colocar a los estudiantes en un entorno en el que quieran aprender y puedan descubrir de forma natural sus verdaderas pasiones (Robinson, 2009 ).

La biblioteca escolar es pues valiosa para la escuela porque está impregnada del “espíritu de las humanidades”. Su contribución última va mucho más allá del fomento de la lectura y el desarrollo de habilidades informacionales. Conecta íntimamente con dos aspectos que pueden ayudar en la actualidad a transformar la educación. Contribuye a que las humanidades tengan una importante presencia en la enseñanza y a su vez facilita que poco a poco se personalice la educación.

 

Acciones de intervención social: promover la cooperación y la convivencia

La biblioteca como servicio y lugar de encuentro para la comunidad educativa desempeña una importante función a nivel social. Esta competencia determina la existencia en el plan de trabajo de la biblioteca de un bloque especifico de tareas para el docente responsable y el equipo de apoyo que presenta cuatro ámbitos de actuación.

Se trata de la apertura en horario extraescolar, las acciones para las familias, las acciones de comunicación dentro de la comunidad y las acciones referentes a tareas de cooperación y participación en el entorno. Todo ello responde a un claro objetivo de intervención social: poder incidir en la compensación de desigualdades así como promover la convivencia y  la participación de los miembros de la comunidad educativa en la vida escolar.

En referencia a la apertura en horario extraescolar, la biblioteca apoya en primer lugar la realización de las tareas escolares del alumnado considerando la necesidad de incentivar el desarrollo de su autonomía y su responsabilidad académica. En segundo lugar, también fuera de los horarios lectivos, se pueden llevan a cabo acciones propias de fomento de la lectura, como es el caso de clubes de lectura o actividades diversas, que responden al objetivo de  promover un ambiente lector así como desarrollar también de forma general una vida cultural rica en el centro. 

Otro ámbito de actuación se circunscribe a las acciones para las familias. Acciones principalmente vinculadas al fomento de la lectura. Aquí se incluye la realización de actividades y orientaciones específicas para leer en familia, así como también el encargo de tareas puntuales de la biblioteca que incentivan la participación de padres y madres en la vida escolar.

Dentro de la función de intervención social también debemos incluir las acciones de comunicación interna. Es un aspecto crucial para facilitar la relación personal  y crear vínculos entre los miembros de la comunidad. Para ello debemos extender el entorno físico de la biblioteca a un entorno virtual igualmente amigable, que facilite tanto a los jóvenes como a las familias mantener el contacto más allá de las paredes físicas de la escuela.

Por último cabe contemplar que la biblioteca escolar ha de llevar a cabo acciones de cooperación con el entorno. Actuando de puente para permitir el movimiento y flujo de información interna y externa. El objetivo es facilitar la relación y la colaboración de la escuela con otros organismos culturales próximos como es el caso de la biblioteca pública.


El poder de la biblioteca escolar dentro de la comunidad educativa

Responsable de la biblioteca escolarTodas estas acciones muestran el valor y la importancia de la biblioteca escolar como entorno generador de oportunidades no únicamente lectoras sino también de enriquecimiento cultural para la comunidad educativa. Ante una sociedad donde prima la “superficialidad” o solo el divertimento (Vargas Llosa, 2012), los eventos culturales que la escuela genera representan acciones de gran valor formativo para nuestros alumnos.  Es una cuestión relevante ya que todas estas acciones además de enriquecerlos incentivan también su creatividad.

En este sentido no podemos eludir una reflexión de gran importancia para el sector educativo.  Es cierto que internet nos hace más hábiles para manejar y ojear por encima información, y menos capaces para reflexionar sobre ella por la inmediatez y la dispersión que nos provoca (Carr, 2011). Pero la “superficialidad” o la “mediocridad” no son cuestiones que puedan vincularse directamente a la utilización de la red.

Más bien lo que va a determinar que nuestros alumnos sean “superficiales” o “auténticos” no es el uso de una determinada tecnología sino el tipo de alimento con el que vayan “nutriéndose” a lo largo de su etapa formativa. Nuestra principal responsabilidad como docentes está vinculada a esta cuestión. Está asociada al tipo de contenidos que en la escuela ponemos a su disposición.

Sin duda un entorno culturalmente rico favorecerá su desarrollo personal, a nivel intelectual y emocional, pero también  ayudará al crecimiento de su dimensión espiritual. Porque esta no es una cuestión religiosa sino una cuestión antropológica específicamente humana de gran importancia ya que incumbe al terreno de todo aquello que da significación a nuestras vidas.

 

Acciones de gestión del conocimiento: filtrar y redistribuir flujos de información

La biblioteca como centro de recursos para la enseñanza y el aprendizaje desempeña una importante función vinculada a la gestión del conocimiento dentro de la organización educativa. Este bloque es de vital importancia para el desarrollo de las acciones ya descritas de apoyo curricular e intervención social.

Sin recursos, filtrados y seleccionados en función de necesidades concretas, no podemos apoyar las actividades de las aulas ni colaborar para que la escuela desarrolle un ambiente rico culturalmente. La función de filtro mediador está en la base de todas las  acciones que puede llevar a cabo la biblioteca escolar en un centro educativo.

Este bloque de trabajo puede disponerse en cuadro ámbitos de actuación. El primero está vinculado a la política documental, y los siguientes a la circulación y difusión de la información disponible, a la gestión de los espacios y  a la organización de los servicios que se crean oportunos prestar.

En referencia a la política documental el responsable de la biblioteca escolar y el equipo de apoyo deben realizar tareas específicas de organización, selección y cuidado de la colección de los materiales que se centralizan en la biblioteca pero que puede estar dispersos en secciones de aula o departamentos. Este ámbito responde a la voluntad de incidir en la calidad de los recursos que dispone el centro y de vincular su selección a las necesidades que aparezcan cada curso escolar.

Otro ámbito de actuación en este bloque se vincula a la organización y gestión del espacio físico y virtual de la biblioteca. Ello implica unas tareas específicas para asegurar el desarrollo de la biblioteca como un entorno favorable para el aprendizaje y la lectura. Porque tiene su relevancia organizar adecuadamente las zonas de trabajo y lectura, establecer normas de uso, así como mantener el orden y el buen estado las instalaciones.

Necesitamos redescubrir el valor de la biblioteca como entorno físico hecha de ladrillos y llena de estantes con libros de papel que se tocan y se huelen. Porque necesitamos entornos físicos con características específicas, con signos de identidad propios que ayuden a crear sentido de pertenencia. Entornos que favorezcan tanto el encuentro con los otros (compañeros, alumnos de diversos cursos, profesores, padres y madres, abuelos y abuelas…) como también el recogimiento personal. 

Estamos hablando de espacios de uso múltiple, versátiles pero cálidos, que permitan la  “conexión digital” para el acceso a la información pero que también favorezcan la tranquilidad y el sosiego necesario para posibles “descansos digitales”. Entornos facilitadores en el centro educativo de la existencia de un ritmo vital más lento y calmado.

 

El poder de la biblioteca escolar dentro de la sociedad digital

En la última década el sector bibliotecario se ha esforzado en ordenar el entorno digital sin realmente conseguirlo. Esto también ha incidido en las bibliotecas escolares que han ido elaborando selecciones y bibliotecas digitales con la intención de facilitar el acceso y filtrar contenidos.  Actualmente hay que reconocer que no podemos ordenar el mundo digital con los mismos parámetros que  ordenamos el mundo físico.  

En el contexto digital donde todo fluye a tiempo real  toda clasificación parece una ilusión porque no procede la aplicación de la lógica analógica que busca ordenar el conocimiento en base a unos parámetros prefijados por una única autoridad.

Desde la biblioteca escolar podemos movilizar nuestra comunidad educativa hacia la construcción colectiva de colecciones digitales desordenadas pero accesibles a través de etiquetas y taxonomías múltiples. Hemos de poner nuestro empeño más que en establecer “bibliotecas digitales” a elaborar estrategias especificas que nos permitan filtrar y redistribuir contenidos digitales a tiempo real porque la información disponible cada día es mayor. 

Es imprescindible que alguien desarrolle la función de crear en las organizaciones “pasarelas” de información enfocada pensando en neutralizar la sobrecarga informativa. Así pues la función de filtro y redistribución de recursos digitales es una función que deben contemplar las organizaciones educativas del siglo XXI. El docente responsable de la biblioteca escolar y el equipo de apoyo han de estar preparados para ello. Es un nuevo reto vinculado a una nueva necesidad.

Por esta razón hay que estar atentos al futuro próximo ya que es posible que pronto aparezcan nuevas maneras de llevar a cabo las funciones que siempre han tenido encomendadas las bibliotecas escolares y tengamos que establecer entonces nuevas premisas. En este sentido el poder de la biblioteca escolar en la sociedad digital no está vinculada únicamente a su virtud conciliadora entre tecnologías diversas sino también a su extraordinaria capacidad de adaptabilidad y permeabilidad a los tiempos.

 

Referencias bibliográficas

CARR, N.: Superficiales: ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Madrid: Taurus, 2010.
ROBINSON, K.: El elemento. Descubrir tu pasión lo cambia todo. Barcelona: Grijalbo, 2009.
VARGAS LLOSA, M.: La civilización del espectáculo.Madrid: Alfaguara, 2012.

 

* Glòria Durban Roca es docente responsable
de la biblioteca de la Escuela del Clot en Barcelona

gloria.durban@fje.edu
www.bibliotecaescolar.info

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