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Nativos digitales
Los nativos digitales no existen. O, al menos, yo no los conozco

     Noemí Infantes Moreiras. Responsable de la biblioteca del IES Virgen del Carmen de Puerto Real (Cádiz). Colaboradora de la línea 2 de la Red de Bibliotecas Escolares de Cádiz.

Blog de la biblioteca: http://librosalaula.blogspot.com.es/


Si eres docente, seguro que has oído en multitud de ocasiones el concepto de nativo digital; y, aunque no te dediques a la docencia, es probable que también te suene el término. Durante años, nos han vendido la idea de que la brecha generacional inevitable entre docentes y alumnado se había agravado por la irrupción avasalladora de las TIC en la sociedad. Efectivamente, si uno se para a pensar en los cambios acecidos en los últimos treinta años en los procesos de comunicación se puede sentir algo de vértigo.

Fue Mark Prensky el primero en acuñar la denominación nativo digital para hablar de esa generación, nacida a partir de los noventa, que ha crecido en una suerte de opulencia tecnológica en la que nosotros, los analógicos nacidos con anterioridad, no sabemos manejarnos (Prensky, 2010). Así, seríamos unos inmigrantes digitales que, en el mejor de los casos, nos hemos acercado a las nuevas tecnologías conservando “acentos” propios y, en el peor, apenas podríamos apañarnos con el  smartphone.

Sin embargo, yo todavía no me he encontrado con esos míticos nativos digitales que pueblan los centros educativos españoles. Nativos que saben, de manera inherente y no aprendida, manejar la tecnología como verdaderos expertos, que tienen un mayor nivel de descodificación visual, son multitarea y están más predispuestos a utilizar las tecnologías en las actividades de aprendizaje de lo que el profesor está dispuesto a poner en práctica.

Nativos digitales y educación digital

Mi experiencia es bien distinta. Los alumnos manejan determinados dispositivos y aplicaciones con una habilidad prodigiosa. Son capaces, por ejemplo, de enviar whatsapp a velocidad supersónica con el móvil debajo de la mesa sin que yo los detecte. En diez minutos convierten una foto cutre en un fotomontaje digno de cualquier “influencer” o “Instagramer” de culto. Su hábitat natural son las redes sociales. Pero hasta ahí llegan.

Sobre la descodificación visual, la verdad es que la mayoría no sabe cómo hacer una infografía, y cuando realizan presentaciones digitales no comprenden el  propósito de las mismas, creyendo que, a más texto, más calificación. En cuanto a seres multitarea… el único ser multitarea de mi aula es el ordenador y la nueva impresora que ha comprado el departamento.

Dicho así, parece que nuestro alumnado sea inepto. Nada más lejos. Nuestros estudiantes, como cualquier ser humano, no nacen aprendidos. El dominio y la destreza en cualquier disciplina requieren de un aprendizaje, un entrenamiento y una reflexión crítica sobre el mismo.

Elaboraba Ausubel la teoría del aprendizaje significativo allá por los años sesenta explicando que, para que éste sea de verdad relevante, debemos partir de los conocimientos previos del alumnado en la materia para así conectarlo con los contenidos nuevos. Sin embargo, como docentes, en pocas ocasiones hacemos la evaluación cero sobre qué es lo que el alumno sabe en el ámbito tecnológico. Asumimos que, como nativos digitales, tienen dominios y destrezas en todo a lo que las TIC se refiere, y ahí es donde, como docentes, estamos errando.

Pongamos un ejemplo: enseñamos al alumnado a utilizar el diccionario, les explicamos el orden alfabético y el significado de las abreviaturas, les instruimos sobre las diferentes acepciones, practicamos ese aprendizaje y, una vez consolidado, confiamos en que cuando tengan una duda lingüística utilizarán esa herramienta para solventarla. ¿Por qué no hacemos lo mismo con los medios tecnológicos? ¿Por qué suponemos que el alumno sabe manejar correctamente un procesador de texto, hacer presentaciones digitales correctas, utilizar herramientas colaborativas, curar contenidos adecuadamente, crear productos digitales…?

Biblioteca escolar y competencia digital

Desde este punto de vista, la labor de los docentes y de la biblioteca escolar como centro de recursos del aprendizaje es primordial (Villanueva, 2010). Desde la biblioteca podemos articular un programa de formación de usuarios que dé respuesta a esa carencia que observamos en nuestro alumnado. Para ello, debemos contar con los recursos tecnológicos necesarios, siendo imprescindible tener varios dispositivos con acceso a internet.

Son muchas las acciones que podemos programar en nuestro proyecto de biblioteca (García Guerrero, 2013), pero para que éstas resulten positivas, es determinante la participación de todo el claustro en su elaboración, planificación y análisis. Así, podemos formar a los alumnos en búsquedas de información utilizando medios tradicionales (revistas, manuales, enciclopedias, atlas, diccionarios) y medios digitales, instruyéndolos en la detección de fuentes fiables de la red y búsquedas más efectivas. Internet nos permite, además, exponer información de una manera fácil, por lo que podemos aprovechar esa oportunidad para provocar en nuestros alumnos el deseo de expresar sus opiniones y reflexiones, ejercer de pequeños críticos literarios a través de blogs de bibliotecas, corchos virtuales… ayudarles a convertirse en creadores activos de contenido fomentando en ellos el espíritu crítico.

Mistery Skype y otras experiencias informacionales y digitales en el IES Virgen del Carmen de Puerto Real

En muchos centros se están haciendo experiencias muy positivas aprovechando todas las posibilidades que nos facilitan los medios tecnológicos, pero me voy a centrar aquí en algunas de las que hemos desarrollado en mi centro, el IES Virgen del Carmen de Puerto Real.

Internet es un recurso inestimable para ampliar los horizontes de nuestros alumnos, que en demasiadas ocasiones se ven circunscritos a los límites de su entorno más cercano. Si pensamos en zonas rurales o deprimidas el panorama es todavía más frustrante.

En nuestro centro hemos participado en un programa de intercambio de experiencias alrededor del mundo llamado Mistery Skype. A través de esta conocida plataforma, dos profesores de cualquier lugar del mundo pueden conectar sus clases (siempre que estén dentro de un huso horario parecido) en un momento acordado de antemano.

El misterio a descubrir por parte de los estudiantes es el lugar de procedencia de la clase con la que conectan. Para ello, cada clase, por turnos, debe hacer preguntas a la clase contraria que se puedan responder con un sí o un no.  Esta actividad requiere de un proceso previo importante: la documentación.

En nuestro caso, dividimos a los alumnos en grupos heterogéneos de manera que en cada uno hubiera al menos una persona con buen dominio de inglés, alguien con destreza en búsqueda de información y otro con buenos conocimientos en geografía. Durante varias sesiones, cada grupo estuvo practicando en la biblioteca con todos los recursos disponibles a fin de afinar las preguntas más relevantes para poder conocer la identidad de los invitados. Es decir, hicieron Mistery Skype entre ellos de prueba simulando países al azar. 

El día de la conexión, cada grupo tenía unas preguntas preparadas que realizaban por turnos. Después de adivinar el país, se puede intentar averiguar la ciudad y mantener un pequeño coloquio entre los estudiantes, intercambiando datos sobre las costumbres de cada lugar y cultura.

De esta manera, los alumnos utilizaron con provecho una herramienta muy conocida por ellos, con un fin absolutamente didáctico.

Es cierto que la conexión a internet en muchos centros es desastrosa, en el mío el primero, puedes tener la actividad planeada y no poder hacerla, lo que resulta decepcionante y frustrante para la mayoría. Sin embargo, los resultados  bien merecen el intento.

Además de esta actividad, la plataforma ofrece la posibilidad de contactar con un experto en una gran variedad de temas (biología, ecología, historia, tecnología, escritores hablando de sus libros) para que dé una charla sobre su trabajo o su experiencia.

Otra actividad interesante fue el proyecto colaborativo de la Feria Renacentista que celebramos para conmemorar el IV centenario de la muerte de Shakespeare y Cervantes. Desde el enlace podéis acceder a la experiencia, rúbricas, documentos y video ilustrativo.

Los alumnos llevaron a cabo una labor de investigación muy pautada en la que cada grupo se informaba sobre un aspecto de la vida en el siglo XVI. Hicimos varias actividades sobre cómo distinguir las fuentes fiables de información (y una reflexión sobre los plagios, que también hubo) visionamos documentales interesantes en youtube y presentamos la información en clase a los demás utilizando Power Point, Prezi, Genially; programas que previamente habíamos enseñado a los alumnos a manejar.

El día de la feria, cada grupo montó unas mesas para mostrar y explicar los conocimientos adquiridos, algunos incluso teatralizándolos. Los alumnos y alumnas de FPB construyeron instrumentos de tortura que sirvieron para ilustrar este tema; los alumnos de metal nos cedieron unos “maravedíes” con los que los visitantes premiaban al grupo que más les gustaba, que fue, como no podía ser de otro modo, el de la tortura.

 

Gastronomía en el Renacimiento


Sin llegar a proyectos tan complejos, podemos desarrollar muchas actividades sencillas para ayudar a nuestro alumnado a desenvolverse en los medios digitales.

Una de las herramientas colaborativas que me resultan más versátiles, por lo intuitiva y útil, es el empleo de corchos virtuales como Glogster o, sobre todo, Padlet. En la biblioteca los utilizamos para que los alumnos cuelguen una breve reseña sobre los libros leídos y los recomienden (o no) al resto de compañeros. También como recopilación de recursos en torno a una efeméride o tema, por ejemplo para el Día del Libro.

Desde la biblioteca podemos aprovechar también el escaparate que suponen las redes sociales (Twitter, Instagram, Pinterest, Facebook) para difundir nuestras actividades y colaborar así con otros docentes.

Aunque a lo largo de este artículo se ha hecho mención de las tecnologías en su faceta de herramientas de aprendizaje, no podemos olvidar la necesidad de educar a los alumnos en el uso crítico de las mismas, mostrando los peligros de la sobreexposición digital e instruyéndolos en la necesidad de desconexión; es decir, en el uso reflexivo y efectivo de los medios.

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