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domingo, 22 de abril de 2012, 09:34 h.

Jesús Serrano, director del equipo de restauración del Oratorio, realiza un recorrido por el templo para resaltar algunos de los tesoros que esconde, como sus retablos, sus altorrelieves o su altar mayor

diariodecadiz.es

Una tenue luz apenas iluminaba la estancia, como resistiéndose a descubrir todos sus tesoros de sopetón. En las galerías superiores, las ventanas estaban cubiertas, más dispuestas a hacer las veces de pantalla para la proyección del montaje audiovisual que para su misión primitiva, la de dejar entrar a raudales la luz del cielo gaditano, tan azul que hasta daña la visión a veces. Así, con aire casi confidencial, el Oratorio de San Felipe Neri se muestra dispuesto a revelar unos secretos que han permanecido escondidos tras capas de pinturas durante muchos años. Ha sido un trabajo casi de cirujanos que, con pulso firme, han ido rescatando la policromía original para dejar a la vista unos colores donde predomina un azul verdoso que se funde con los dorados de los retablos, bellísimos, y que avanzan de dos en dos hacia el altar mayor, empezando por dos altorrelieves, el de la capilla de La Anunciación y el de la Adoración de los Reyes, que son los primeros que encontramos al entrar en el templo y que suponen dos auténticas joyas.

El Oratorio se ha restaurado de manera integral. En marzo de 2010, con la intervención arquitectónica ya en marcha, arrancó la de los elementos muebles. En palabras de Jesús Serrano Rodríguez, director del equipo de restauración, "el ambicioso proyecto se basó en la recuperación del esplendor artístico y de la imagen estética que ofrecía el templo en un determinado momento de su historia, más concretamente en la última modificación realizada por el maestro Afanador tras el terremoto de Lisboa en 1755, con las variaciones asumidas por el paso de la historia y su uso continuado".

Para garantizar la calidad de los trabajos, y que se cumpliera una fecha de entrega inamovible, se contó con el trabajo conjunto y coordinado de las dos únicas empresas de restauración de bienes muebles que en esas fechas contaban en Andalucía con capacidad técnica y con la máxima clasificación administrativa del sector (N5D), que son Gare y TCR. En los momentos de máxima actividad el equipo de restauradores llegó a ser de 30 miembros.

Serrano definió con bastante claridad el ámbito de la restauración: "Todo", y siguió. "Desde la macolla dorada de la cúpula hasta las urnas de mármol de la cripta, cualquier elemento integrado en el templo ha sido restaurado o conservado, según cada caso, de manera que la visión que ofrece actualmente el Oratorio es unitaria y homogénea". Incluso se ha respetado el suelo original, sustituyendo únicamente algunas losas que se encontraban muy deterioradas, pero el ajedrezado piso luce restaurado sin perder su carga histórica.

Lo primero que comenzaron a hacer los restauradores fue eliminar las diferentes capas de pintura plástica que cubrían las paredes, que dejaron al descubierto una cálida policromía en tonos azulados y ocres que ponían de valor los diferentes elementos arquitectónicos adosados a las paredes.

"A pesar -comentaba Jesús Serrano- de que por lo general la policromía rescatada no contenía decoración alguna y de lo duro del trabajo, la premisa de calidad nos animó a mimar esta intervención como si de la Capilla Sixtina se tratara, retirando la pintura manualmente a punta de bisturí y reintegrando las pérdidas con la técnica del rigattino, desde la cúpula hasta el zócalo de la planta baja", indicaba.

El visitante que entre de nuevo al Oratorio después de la restauración apreciará cambios notables, como la decoración geométrica de la cornisa del prebisterio, la decoración azul de todas las capillas y quizá la menos importante pero sí curiosa, "la huella que dejó en la pared el banco corrido de la primera galería". Esta primera galería, según nos contó Jesús Serrano, fue ampliada para dar cabida a más personas con motivo de las sesiones de las Cortes. Al girar la cabeza y dirigir la mirada hacia la cúpula, Jesús aprovecha para hacernos ver algunas grietas que se observan en la gran cúpula del templo gaditano y que son huella del paso del tiempo y de los efectos del terremoto de Lisboa. "Hemos comprobado que desde un extremo de la cúpula a otro hay una diferencia de medio metro. Esto denota que antes de la restauración se encontraba a punto del colapso, con ese medio metro de desplome".

Además, los restauradores han conseguido recuperar el aspecto que tuvo el Oratorio en la fecha de las primeras Cortes, "que difícilmente se hubiese conseguido aplicando nuevas manos de pintura a las paredes".

Paralelamente a esta intervención se trabajó en la restauración de los cinco retablos de madera policromada, en el retablo de mármol y en las esculturas de las hornacinas, dos de las cuales no han podido recuperarse, por lo que una se ha dejado vacía y en otra se ha colocado una virgen.

Para Jesús, una de las grandes joyas del Oratorio es el retablo genovés de mármol, similar al que existe en la Catedral gaditana y ante el que se detiene embobado durante nuestra visita al recinto. "Debido a un grave problema de estabilidad tuvimos que desmontarlo en su totalidad, colocarlo en el suelo e ir sustituyendo los sistemas de anclaje por otros de acero inoxidable para ir recuperando los niveles perdidos".

En los retablos se ha recuperado también la decoración de los techos, que estaban anteriormente pintados en blanco y que ahora lucen con todo su esplendor, mostrando unos adornos ante los que merece la pena detenerse un momento.

En cuanto al retablo mayor, se ha conservado la decoración original, salvo el zócalo verde, "que ha sido una aportación nuestra". Con los trabajos también se ha recuperado el graderío del altar, que ahora vuelve a curvarse hacia el interior, como era en su origen. Coronándolo, la impresionante Inmaculada de Murillo. "Sólo por recuperar este cuadro ya merece la pena toda la actuación en el Oratorio", decía Jesús Serrano.

Como dato curioso, cuenta Serrano que al restaurar el retablo de la Adoración de los Reyes aparecieron las huellas de dos cuadros muy peculiares por sus formas y que estaban en poder del Obispado. "Tras traerlos al Oratorio prácticamente el mismo día de la entrega de la obra comprobamos que efectivamente coincidían con las huellas de la pintura, por lo que están aquí colgados para que los ciudadanos los disfruten". El retablo es un barroco muy sobrio, una obra completa con detalles de la escuela granadina, como una cabeza de San Juan Bautista que aparece en una hornacina bajo el altorrelieve.

La fachada y sus placas conmemorativas tampoco han quedado fuera de la intervención, limpiándolas y fijando sus elementos.

En resumen, tras dos años de trabajo ininterrumpido se ha logrado concluir satisfactoriamente un reto que no tiene parangón en Andalucía, "restaurar íntegramente un edificio con todo su contenido y en toda su extensión, en el plazo marcado y con un solo criterio de intervención".

Y cuando pase el Doce y finalicen las proyecciones en su interior, la belleza del templo será aún mayor al inundar la luz natural su interior a través de sus ventanales. Esa luz de Cádiz que todo lo vuelve más azul.