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Contexto histórico

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Contexto Histórico

La historia


Entre 1808 y 1812 en España y sus territorios tuvo lugar una serie de relevantes hechos históricos, de los que actualmente conmemoramos el bicentenario.

El primero de ellos fue la Guerra de la Independencia, en la que el pueblo español se levantó contra la ocupación francesa. El segundo consistió en la celebración de las Cortes de Cádiz y la elaboración de la primera Constitución española, donde se reconocen los derechos y libertades individuales. El tercero, la independencia de los territorios españoles en América, se puede considerar el acontecimiento más importante del siglo, ya que con esta pérdida España pasó a ser una potencia de segundo orden después de haber constituido un imperio de carácter mundial.

La Guerra de la Independencia fue un conflicto armado que tuvo lugar ante la invasión de España por parte de Francia, al frente de cuyo ejército se encontraba su emperador, Napoleón Bonaparte. La contienda se desarrolló en un contexto de grandes cambios sociales y políticos, y en ella fue esencial la participación del pueblo, que se sublevó contra la ocupación de un ejército extranjero, a la vez que manifestaba su descontento con el entonces rey Carlos IV. Sus consecuencias fueron muy graves, ya que se produjo un importante descenso demográfico y una crisis económica global.

Durante esta guerra se puso por primera vez en marcha el sistema de las "guerrillas". A falta de un gran ejército nacional con que combatir al enemigo, el pueblo se organizaba en pequeños grupos locales que hostigaban al ejército francés en zonas como bosques o montes, disolviéndose inmediatamente una vez cumplido su objetivo.

En las diversas regiones españolas surgieron las Juntas, órganos de gobierno formados por intelectuales y políticos encargados de la organización del país durante la guerra. Por su situación geográfica, Andalucía se convirtió en el principal foco de resistencia nacional tras la capitulación de Madrid. Después de Sevilla, Cádiz acogerá la Junta Suprema Central.

En Cádiz se refugiaron los representantes de la nación española, quienes convocaron unas Cortes encargadas de promulgar un cuerpo legislativo que pusiera fin al Antiguo Régimen, y sobre el que fundar un nuevo orden social.

Los trabajos de esta asamblea culminaron con la proclamación de la primera Constitución española, en 1812. Esta Carta Magna, avanzada para su época, se basa en el principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley y reconoce los derechos individuales (por ejemplo, el derecho a la educación, a la libertad o a la propiedad).

Además, instaura la separación de poderes y la soberanía nacional, mediante la cual los ciudadanos ejercen el poder a través de sus representantes, acotándose así las atribuciones de la monarquía.

La independencia de las colonias españolas en América se desarrolló a través de diversas guerras, al término de las cuales un gran número de territorios que pertenecían a España se emanciparon de ella, dando lugar a repúblicas independientes.

En su origen está el deseo de tomar el poder que manifestaban las minorías cultas criollas, formadas por americanos descendientes de españoles que se vieron influidos por las nuevas ideas liberales que recorrían el mundo. También hay que tener en cuenta la crisis política y económica que afectaba a España, que mermó su capacidad de reacción.

Las guerras de independencia hispano-americana tuvieron un doble carácter: por un lado, internacional (ya que enfrentaban a España con otras naciones), y por otro, civil, pues dentro de las naciones americanas lucharon los independentistas contra los partidarios de la monarquía española.

En 1808 tuvo lugar en México el primer levantamiento, a partir del cual se sucedieron otras revueltas en la mayoría de las colonias americanas, que establecieron Juntas de autogobierno.

En todo el proceso tuvieron un papel destacado los "libertadores" o "padres de la patria", líderes político-militares, entre los que destacan el venezolano Simón Bolívar o el argentino José de San Martín.


La cultura y el arte


Desde mediados del siglo XVIII y hasta principios del XIX florece en buena parte de Europa el estilo artístico denominado Neoclasicismo, en cuyo desarrollo y difusión Francia jugó un papel fundamental.

Se basa en la recuperación del equilibrio clásico, que se consideraba perdido con la artificiosidad del Barroco y el Rococó. Las antiguas Grecia y Roma vuelven a considerarse fuentes de inspiración para la arquitectura, la pintura y la escultura, como ya había ocurrido en el Renacimiento. Así se explica la utilización del término "neoclasicismo": si "neo" significa nuevo, "neoclásico" alude a una nueva vuelta al Clasicismo. En música se conoce esta época como Clasicismo.

En el espacio de tiempo de un siglo escaso, una serie de artistas (entre los que destacan Beethoven en la música y Goya en la pintura) desarrolla tanto el estilo clásico y neoclásico como el romántico. Estos dos genios se consideran fundamentales en la evolución artística de su época.

Durante este período asistimos a los efectos culturales de la Revolución Francesa de 1789. Las consecuencias de este acontecimiento, con el que se considera abolido el Antiguo Régimen, basado en los privilegios de los estamentos sociales superiores, se dejan sentir en el papel que a partir de ahora jugarán los artistas. A través de una lenta evolución, éstos pasarán del sometimiento a los poderosos (nobleza y clero) a la independencia, que será definitiva en el Romanticismo.

Más que un estilo con características definidas, el Romanticismo es un movimiento cultural que se desarrolló a lo largo del siglo XIX, afectando por igual a las artes plásticas, la literatura y la música.

Uno de sus rasgos fundamentales es la búsqueda de la libertad como valor supremo, tanto en lo personal como en lo colectivo (de esta manera surgieron los sentimientos de identidad nacional y las reivindicaciones de independencia de distintos pueblos).

Oponiéndose al imperio de la razón propugnado por la corriente neoclásica, el movimiento romántico prima la expresión de los propios sentimientos (por eso es común asociar el término "romántico" con una actitud hacia el amor). Los conceptos clásicos de serenidad y equilibrio se sustituyen por un nuevo ideal de belleza definida por la categoría estética de lo "sublime", término que se asocia a lo sobrecogedor, oscuro y grandioso y que fue desarrollado por los filósofos ingleses y alemanes del momento (entre ellos, Emmanuel Kant).

La búsqueda de la libertad se refleja en la nueva actitud que adoptan los artistas románticos. Desde el punto de vista de la creación, rechazan la rigidez de normas que imponen las instituciones artísticas o Academias. Además, se independizan definitivamente de la nobleza y el clero, sus clientes tradicionales. La sociedad está dominada ahora por una nueva clase, la burguesía, que modifica los modos de vida: así, los pintores exhiben y venden sus obras en salas de exposiciones y los músicos reciben encargos, dan clases y conciertos y aumentan sus ingresos con la publicación creciente de sus obras.