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Biblioteca escolar: de la utopía a la realidad

 

miércoles, 19 de septiembre de 2012, 12:58 h.

Ana María Cid Prolongo, responsable de la biblioteca escolar del CEIP El Torcal de Málaga



Biblioteca escolar.Desde la utopía a la realidad de los centros (realidad.jpg)

El objetivo principal de este artículo es compartir unas reflexiones sobre el papel que desempeñan las bibliotecas escolares en nuestros centros y sobre el impacto real del uso de las mismas y su incorporación a las prácticas docentes, desde la doble perspectiva de docente y responsable de biblioteca escolar.

En estos últimos años (desde el año 2000) ha habido un incremento en el interés por parte de algunas administraciones educativas en el desarrollo de planes de lectura y de mejora y uso de las bibliotecas escolares. Este interés ha quedado plasmado en diferentes leyes, órdenes e instrucciones que han llegado a los centros: Ley orgánica 2/2006 (artículo 113 dedicado exclusivamente a bibliotecas escolares) y Reales Decretos 1513/2006 que establecen las enseñanzas mínimas de Educación Primaria y el Real Decreto 1631/2006 referido a Educación Secundaria. Así mismo en Andalucía La Ley 17/2007 de 10 de diciembre de Educación en Andalucía y las Instrucciones de 11 de junio de 2012, de la Dirección General de Ordenación y Evaluación Educativa, sobre la organización y funcionamiento de las Bibliotecas Escolares de los centros docentes públicos que imparten Educación Primaria y Educación Secundaria, establecen un marco normativo y de referencia para la organización y funcionamiento de las bibliotecas escolares que la dotan de estabilidad y sentido.

Sin embargo, todos somos conscientes de que imponer cualquier cambio o reforma sin ser asumida por el profesorado no ha funcionado bien nunca.

Por otro lado, es abundante la bibliografía existente actualmente sobre bibliotecas escolares, sus funciones y sus bondades. Cualquier docente interesado en el tema puede recurrir a esa amplia panoplia de libros, artículos, monografías, blogs y web que aportan una documentación específica que les ayudarán a formarse una idea sólida sobre el discurso actual referente a las bibliotecas escolares.

No obstante, también somos conscientes de que gestionar el aula día a día, enfrentarnos a múltiples tareas en nuestro quehacer diario, no deja tiempo para informarnos ni formarnos en lo que no nos interesa por desconocido.

El profesorado es entusiasta cuando lo que se le propone mejora su práctica educativa y, por ende, beneficia a su alumnado.

En consonancia con lo anterior podemos preguntarnos ¿El apoyo legislativo y las encomiendas de la administración han incidido en la incorporación real del uso de las bibliotecas en los centros? ¿El gran arsenal teórico sobre conceptualización de la biblioteca escolar del que disponemos está en la orden del día de los claustros?

Las respuestas a estas preguntas, me temo que están en función del centro en el que desarrollemos nuestro trabajo. Creo que, en general sería un no, o un no, pero depende…

No es objetivo de estas líneas analizar la complejidad de variables que inciden en esas respuestas y que han sido excelentemente expuestas y razonadas en Utilidad de la biblioteca escolar: Un recurso al servicio del proyecto educativo (García Guerrero, José, 2010) y La biblioteca escolar, hoy. Un recurso estratégico para el centro (Durban Roca Glòria, 2010), sino reflexionar sobre qué podríamos hacer como responsables de bibliotecas escolares y docentes para remediar esta situación en los centros.

 

Lo que debe ser y lo que es

 

En cuanto a los componentes básicos e imprescindibles para el funcionamiento de una biblioteca escolar, todos estamos de acuerdo en que ha de contar con una colección organizada de libros y materiales en cualquier soporte, un repositorio de recursos digitales seleccionados previamente a disposición del alumnado y el profesorado, un espacio mínimamente agradable y adecuado para realizar lectura y otras actividades con el alumnado. Precisamente es a realizar estas tareas organizativas a lo que la mayoría de los responsables de la biblioteca dedicamos esfuerzo y tiempo en función del interés de los equipos directivos en la biblioteca del centro. Es cierto que todos conocemos excelentes experiencias en bibliotecas escolares, buenas prácticas que reciben meritoriamente reconocimientos y premios pero la mayoría de las veces son productos del entusiasmo aislado de docentes y responsables a título personal que, si los avatares de los claustros llevan a otros centros, no garantizan una continuidad ni estabilidad de estas prácticas.

Los problemas surgen cuando asumimos que “la biblioteca escolar no es una institución paralela al centro ni una exclusiva cuestión del “bibliotecario”, sino un asunto de toda la escuela; es un recurso pedagógico al servicio del proyecto educativo del centro. Su razón de ser está supeditada al proyecto educativo de la escuela y su utilización por profesores y alumnos obedece a una actividad y una necesidad que emanan del proceso de enseñanza y aprendizaje” (García Guerrero, 2010).

En consecuencia, “La Comunidad educativa, con los equipos directivos a la cabeza, precisa asumir un modelo de biblioteca entendida como un espacio de aprendizaje en el que el profesorado y su alumnado se comprometan con la lectura y la información en diversos soportes, con diferentes grados de complejidad para construir conocimientos de los temas curriculares del mundo y de ellos mismos” (Marco de referencia para las Bibliotecas Escolares, Ministerio de Educación, 2011).

Reflexionemos sobre los párrafos anteriores y planteemos algunos interrogantes. La biblioteca es:

  • Un asunto de toda la escuela.

  • Un recurso pedagógico al servicio del proyecto educativo del centro.

  • Cuya razón de ser está supeditada a este proyecto educativo.

  • Su uso por profesores y alumnos viene determinada por una necesidad que emana del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Y si estamos de acuerdo con estas premisas, son las comunidades educativas lideradas por sus equipos directivos los que tienen que asumirlas y establecer los cauces necesarios para que dejen de ser una declaración de buenas intenciones, de palabras hueras y empiecen a ser una realidad en nuestros centros. Por supuesto, con un apoyo decidido de las administraciones educativas en aquellos ámbitos que les compete directamente. ¿Y esto está siendo así? Planteémonos algunas cuestiones: ¿Nuestros Proyectos Educativos y Planes de Centro, de los cuales tienen que emanar los planes de trabajo de la biblioteca puesto que, su razón de ser está en función de ellos, generan un planteamiento curricular que la hagan necesaria?

¿De las programaciones de aula de los profesores emana una necesidad metodológica que les cree la necesidad de utilizarla con sus alumnos para el desarrollo del currículo?

Cuando evaluamos un año y otro el impacto real de uso de la biblioteca por parte del profesorado, su asunción en el uso de la misma, observamos que los resultados no son todo lo deseable que quisiéramos.

Todos los responsables nos hemos sentido desanimados alguna vez cuando intentamos persuadir a nuestros compañeros del uso de la misma y constatamos que para ellos no es necesaria, excepto en acciones puntuales referidas a prácticas lectoras, a veces descontextualizadas y alguna que otra búsqueda de información para algún trabajo aislado.

Somos los responsables y sus equipos los que, la mayoría de las veces articulamos acciones para todo el centro, desde la biblioteca, que son necesarias y oportunas pero no bastan si queremos que las bibliotecas se conviertan en entornos educativos integrados en la institución escolar utilizada por los profesores y los alumnos en su práctica cotidiana en lectura, escritura y educación documental.

Es mucho y bueno todo lo que hemos logrado estos últimos años. Mas, es el momento de plantearnos qué podemos hacer para que todo ello coadyuve a que nuestros claustros asuman la biblioteca como un asunto de todos y empezar a diseñar acciones, impulsando un proceso de trabajo corresponsable en torno a esta cuestión.

 

Un planteamiento realista

 

Actualmente dos son los programas fundamentales en los que la biblioteca asume un papel central:

  • Apoyo al desarrollo del currículo en el ámbito de las competencias informacionales y la educación documental.

  • Coordinar y articular en función del proyecto educativo y del plan lector del centro las actividades en torno a la lectura y las competencias lingüísticas del alumnado, de forma corresponsable con el profesorado de todas las áreas, puesto que las competencias lectoras impregnan todo el currículo y adquirirlas y desarrollarlas incumbe a todo los profesores y no sólo a los de las áreas lingüísticas.

Ambos responden a las encomiendas de la administración para desarrollar el currículo desde el enfoque competencial de la vigente legislación.

Este enfoque implica realizar con el alumnado actividades y tareas en contextos situados de aprendizaje, articuladas en secuencias didácticas que responde a una metodología de enseñanza que se aleja del uso exclusivo del libro de texto como recurso educativo.

De hecho, se están produciendo ciertas situaciones de discriminación en nuestros centros que deberían paliarse. Alumnos que acuden a la biblioteca regularmente con su profesor y que se benefician de una formación en las habilidades y competencias informacionales: Habilidades que facilitan el acceso, tratamiento y comunicación de información estrechamente ligadas a las competencias lingüísticas y digitales. Alumnos que al terminar su educación obligatoria han estado en estrecho contacto con textos de diversas tipologías en soporte papel y digitales, que han aprendido a encontrar información significativa en el amplio caudal que ofrece internet, a reelaborarla y a comunicarla en el contexto de situaciones específicas que irradian de las estrategias metodológicas utilizadas por sus profesores en el aula.

Y alumnos que no gozan de esas oportunidades.

 

Lo que podemos hacer desde la biblioteca escolar

 

Biblioteca escolar.Desde la utopía a la realidad de los centros (realidad.jpg)Al principio de este artículo nos referíamos a que a golpe de decreto no se puede transformar nada en la escuela y a las dificultades diarias en la gestión de nuestras aulas que a veces nos desborda por la variedad y cantidad de demandas que se nos exigen y que solemos considerar yuxtapuestas unas a otras.

Aquí radica la importancia de la biblioteca como recurso del centro que ofrece programas y servicios que ayuden al profesorado en su quehacer pedagógico facilitándole su labor.

Aún asumiendo la variabilidad inherente a los centros educativos, a las situaciones de las bibliotecas en ellos, a la diversa formación de los responsables y sus equipos de colaboradores, siempre podremos consensuar un plan de trabajo que emane de nuestros PEC y Planes de Centro que ayude al profesorado a desarrollar un currículo multicompetencial que requiere una metodología diferente al uso exclusivo del libro de texto.

Como responsables de la biblioteca hemos de procurar dejar claro que el principal objetivo de la biblioteca escolar es el de servir a los intereses del alumnado y el profesorado y ayudar a articular e implementar los planes, proyectos y programas del centro en los referente a lectura, competencias lingüísticas y educación en información del alumnado en estrecha colaboración con el responsable TIC del centro.

Los equipos directivos serían los que tienen que arbitrar las mejoras necesarias en el proyecto educativo para hacer efectivos estos planes.

“Es el centro educativo, el conjunto del equipo docente y de la comunidad educativa en definitiva, y no la biblioteca, quien debe generar programas y proyectos diversos concretando acciones e integrando los distintos elementos del currículo, con la finalidad de hacer efectivos los objetivos pedagógicos del propio centro. Además de apoyar el proyecto lector o plan de lectura del centro, también apoyará si lo hubiese el plan TIC (con el que comparte objetivos y contenidos), o el plan de implantación de la Escuela 2.0, cualquiera que sea la modalidad en la que este programa se desarrolle; los planes de convivencia, los programas de educación en valores, de innovación educativa, de lenguas extranjeras o de plurilingüismo, de coeducación, de implicación familiar, de apoyo al estudio, de intercambio, de éxito escolar, de disminución del fracaso escolar, etc., que puedan desarrollarse en el centro” (Marco de Referencia para las Bibliotecas Escolares, Ministerio de Educación, 2011).

La biblioteca, entonces, sí será el recurso educativo aglutinador y necesario que ofrece servicios, recursos, programas y orientación al profesorado, facilitándole la práctica educativa en beneficio de la mejora del rendimiento académico de su alumnado.

 

 

Hablemos de formación

 

Y después de lo expuesto podremos estar de acuerdo en que es prioritario, por tanto, que las posibilidades pedagógicas de la biblioteca sean conocidas por los claustros.

Como responsables podemos difundir su papel en los Equipos Técnicos de Coordinación Pedagógica y claustros. Sin embargo, no es suficiente por lo que se desprende de las evaluaciones realizadas para implicar al profesorado en su uso y puesta en valor.

Deben ser, una vez más, los equipos directivos los que prioricen en sus planes de formación para el centro los contenidos directamente relacionados con el papel de la biblioteca y sus posibilidades pedagógicas.

Contenidos relacionados con el desarrollo de las competencias informacionales y digitales, de los planes de lectura del centro, del uso de metodologías alternativas al libro de texto como proyectos de investigación, proyectos documentales y proyectos aula-bibliotecas, en definitiva, una formación que dote al profesorado de estrategias y recursos para incorporar la biblioteca como un recurso educativo en cualquier área o materia.

 

Estamos en camino

 

Si nos tomamos en serio lo de mejorar la calidad educativa de nuestros centros, si nuestros proyectos educativos contemplan la adquisición y desarrollo de las competencias básicas en nuestros alumnos, si estamos empeñados en mejorar las competencias informacionales y digitales del alumnado, la mejora de sus prácticas lectoras y escritoras, si hemos comprendido que no nos basta el libro de texto como único recurso para conseguir esos objetivos, entonces, incorporaremos la biblioteca escolar como recurso eficaz en el desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje en nuestra práctica educativa y, la biblioteca será un asunto de toda la escuela

Y creemos que es un buen camino para conectar los nuevos retos educativos que afrontamos con la realidad de las aulas.

En ello estamos.

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